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Hasta que seas mía

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Blurb

Isabella Jones, trata se sobrellevar su vida profesional y familiar como puede. Casada hace seis años con Andrew Carter, un hombre que no la valora y prácticamente la ignora.

Aun así ella sigue luchando por salvar su matrimonio y soportando a ese hombre, no solo para mantener juntos a los dos hijos, sino porque siente un profundo agradecimiento hacia él, por lo que ha hecho por ella.

En su camino aparece el actor Glen Austen, quien se siente atraído por ella

apenas la conoce. A partir de allí el hombre decide, que hará lo que tenga que hacer, para enamorarla y tenerla solo para él, trazándose así una delgada linea entre el amor y la obsesión.

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Capítulo 1 Cansada de la rutina
Isabella Jones preparaba el desayuno de sus hijos Alex de doce años y Eva de quince para luego, llevarlos a la escuela. Mientras tomaba su café rápidamente miraba la hora y revisaba unos bocetos de sus diseños. _ ¡Niños! último llamado _ le dijo asomándose por la escalera _ ¡o bajan a desayunar o los llevaré a la escuela sin comer! Les dije que colaboraran conmigo hoy, que tengo un día muy complicado. Miró a su esposo, el doctor Andrew Carter, quien desayunaba apaciblemente, leyendo su celular ignorando todo lo que estaba pasando a su alrededor. Ella suspiró hondo y revoleó los ojos. _ Andrew... Andrew _ lo llamó con tono firme y cansado _ ¿Puedes ver que están haciendo los chicos que no bajan? El hombre seguía inmutable, ni siquiera la miró. _ ¡Andrew! _ afirmó su tono y esta vez con enfado. El giró su cabeza y agudizó su mirada. _ Pero... ¿qué diablos quieres mujer? ... ¿Por qué me gritas? _ le dijo molesto _ Te has levantado con el pie izquierdo hoy. Isabella cerró sus ojos e hizo una pequeña sonrisa. No había un día en el que él la tomara en serio. Estaba muy lejos de haberse levantado de mal humor, según ella ese sería uno de los días mas importantes de su vida. Por fin y después de trabajar arduamente, su vida profesional comenzaría a incursionar en las “grandes ligas” de los diseñadores. Layla Austen, vocalista de un grupo de rock, le había pedido que le diseñara su vestido de novia. Allí tendría la posibilidad de mostrar su gran talento ante gente reconocida del mundo del espectáculo y posiblemente comenzar a tener clientes famosos. Sin embargo, es como una ley establecida, que cuando una parte de tu vida va mejorando, otra se va en caída libre. Y ese era el caso puntual de Isabella. Estaba casada con Andrew desde hacía seis años, pero el matrimonio parecía estar naufragando desde el cuarto aniversario y de un tiempo a esa parte se estaban convirtiendo en dos extraños que solo compartían una casa. _ Por favor te lo pido _ le rogó ella _ necesito tu ayuda, ve por los chicos y ordénales que bajen a desayunar. Tengo que llegar temprano al atelier, hoy hay una prueba de vestuario muy importante. ¿Puede ser? El lanzó un resoplido de hastío. _ ¿No ves que estoy ocupado? ¿Qué te cuesta ir y buscarlos tú? Al fin y al cabo, ya estás parada y más cerca de ellos _ le dijo él levantándose de la silla _ Pero no, prefieres molestarme a mi porque no puedes verme tranquilo. Ella movió la cabeza y se fue a la cocina, sin siquiera escuchar las estupideces que el hombre le estaba diciendo. _ ¡Bajen ya! _ les dijo el hombre _ o se les termina el wifi el fin de semana. ¡Se los juro! Los chicos bajaron rápidamente. _ ¡Lo siento! _ dijo Alex quien fue el primero en bajar _ mamá sé que es un día importante para ti, pero no encontraba mi carpeta... perdón... perdón. Le dio un beso a su madre y se sentó a desayunar, Eva se sentó sin decir una palabra. Isabella la miró y sonrió. No era su hija biológica, pero la conocía como si lo fuera. _ ¿Qué sucede? ¿Otra pelea con Liam? _ le dijo acariciándole el cabello _ ya hemos hablado de eso, que el mal de amores no te quite el sueño porque al otro día tienes escuela. Ambas se echaron a reír. La adolescente había perdido a su madre, pero le agradecía a la vida el tener a alguien tan incondicional y comprensiva como Isabella a su lado, la amaba entrañablemente, se diría más que a su propio padre. _ Ya pasó. ¿Puedo ir después del colegio al atelier y sacarme una foto con Layla? ¡Por fa...por fa! _ juntó sus manos en señal de ruego. _ Hum... veremos...escríbeme antes. ¿ok? Ahora vayámonos que se nos hace tarde. Los chicos terminaron, se alistaron y subieron al automóvil. Isabella tomó sus cosas y antes de salir miró detenidamente a su esposo quien seguía mirando el móvil totalmente abstraído. Ella respiró hondo, ¡se sentía tan frustrada! Había puesto muchas esperanzas en ese matrimonio, pero simplemente se estaba dando por vencida, era demasiado joven como para vivir atada a una relación sin amor. _ Andrew, recuerda ir por los chicos al colegio... por favor. Acuérdate que yo hoy no puedo hacerlo. El la miró un instante. _ Si... si _ le dijo simplemente. Ella salió de su casa y se puso los anteojos de sol. Se dirigió con suma seguridad y a prisa hacia su auto, con una sonrisa de lado a lado como si afuera de esa casa, se sintiera libre. Ese día había elegido un hermoso y entallado traje sastre en color blanco que marcaba su perfecto y cuidado cuerpo. Si bien no era muy alta, poseía una innata elegancia. Isabella tenía el cabello largo de color n***o y unos hermosos y expresivos ojos café, bajo unas frondosas y largas pestañas. Sus finos rasgos enmarcaban un hermoso y juvenil rostro. Ella sin proponérselo siempre llamaba la atención. _ Mamá _ le dijo Alex _ ¿le recordaste a Andrew que nos vaya a buscar? No quiero quedarme esperando otra vez... Ella miró a su hijo por el espejo retrovisor. Asintió y arrancó. Los dejó en el colegio y fue directo a su pequeño atelier, ese era su lugar en el mundo. Allí podía ser ella sin que nadie la molestara. Dejó sus cosas, acomodó sus bocetos y fue directamente para supervisar el vestido que Layla vendría a probarse en unas horas. Se detuvo frente al gran espejo que tenía el probador, se miró y emitió una triste sonrisa. Así eran todos sus malditos días y estaba comenzando a odiarlos con toda su alma, pero eso en unos minutos iba a cambiar radicalmente, ella no lo sabía pero su apacible y rutinaria vida, estaba a punto de sufrir un drástico e irreversible cambio.

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