Después de la abrumadora confesión de Isabella, el regreso a casa fue un completo silencio incomodo. Ambos sabían que ese era el fin de una etapa y el comienzo de otra. Andrew parecía haberse dado por vencido en su afán de retener a su esposa, quizás era porque necesitaba que la mujer no se sintiera presionada ya que necesitaba que ella, pudiera estar bien para ayudar y acompañar a Eva. Andrew tenía miles de defectos y cosas reprochables, pero siempre había sido un padre amoroso y presente con sus hijos. Posiblemente, todo lo sucedido lo estaba ubicando en la realidad. Le tocaría hacer el duelo por la inminente separación, duelo que Isabella parecía haber hecho hace tiempo. La mujer se mantenía estoica, mirando hacia adelante en un punto fijo. De vez en cuando, una lagrima se le escapa

