Randall me mira juzgando mis movimientos y ruedo los ojos con fastidio, le digo a mi amigo que está por dejarlo el vagón y es ahí cuando me doy cuenta de que dejé mi cartera en la oficina. Justo en el momento que decido pedirle dinero a Randall. Oh sorpresa, se ha ido.
Salgo por segunda vez a la calle para conseguir un poco de señal y me doy cuenta de que ya es casi medianoche, no se ve ni rastro del sol.
Un grito me hace salir de mi trance, volteo un poco confundida y veo la calle vacía, todos los locales cerrados y ni un alma a excepción de mi persona.
Después de unos segundos sigo caminando bajo la luz de la luna cuando unos pasos torpes me llaman la atención, un hombre viene hacia mí gritando y corriendo a pasos torpes, abro los ojos con terror y hago lo único inteligente que viene a mi mente:
Esconderme.
Tengo la espalda presionada contra un callejón, me mantengo oculta detrás de un enorme bote de basura y no me puedo mover; estoy pasmada, mi corazón bombea tan rápido que lo escucho en mis oídos y siento que en algún momento mi cabeza explotará.
Otro grito de pánico sale de mi boca cuando el extraño toca la puerta y el putrefacto olor a licor mezclado con orina llega a mis narices, pero otro estruendo me sorprende aún más. Esta vez suena como si rompieron un vidrio.
Estoy temblando de miedo y presiono con más fuerza la espalda contra la pared del callejón cuando giro un poco el cuello para ver que ocurre, es un hombre adulto que lleva una camisa blanca ahora se encuentra teñida con tonos amarillos, y es cuando me doy cuenta, que está borracho y seguro se ha meado varias veces como para manchar su camisa. Ahogo una arcada en mi interior.
Ahora sí será mi fin, unos minutos después escucho que el extraño me dice muy cerca.
-¡Te encontré, muñeca!
Salto a correr lo más que puedo, pero el impulso rápido y los nervios me han jugado una mala pasada. Mi zapato de tacón se ha doblado por completo y con él mi pie sede como plastilina.
Gritos de auténtico terror son ahogados por sus sucias manos, y no puedo evitar sentir arcadas cada vez más fuertes.
-Te soltaré, pero no grites muñeca.
Asiento varias veces frenética. Apenas retira un poco su palma grito a todo lo que dan mis pulmones para segundos después ser callada otra vez.
-¿Con qué con esa estamos eh?
Jala mi cabello con fuerza y acerca el filo de la botella hasta mi cuello, espesas lágrimas escapan de mi rostro y no puedo evitar sentir miedo. No hay un alma en esta zona de la ciudad, es la más alejada del centro y por ende, la ruta más económica hasta mi casa.
En estos momentos me arrepiento enormemente por adentrarme a una zona peligrosa únicamente para ahorrarme un par de centavos de dólar.
Un hombre de traje n***o aparece al final del callejón como si su vida dependiera de ellos, me parece verlo decir algo en voz alta y entre lágrimas podría jurar haberlo visto antes.
En cuestión de segundos, se escucharon coches derrapando y personas corriendo por toda la calle. Ante el movimiento inestable del borracho solo puedo cerrar los ojos esperando que pase lo peor.
Sin embargo, esto nunca ocurre. Abro los ojos lentamente y este se encuentra detenido por dos hombres que parecen sacados de prisión, pero con traje.
Veo que la pistola de uno de ellos se encuentra en el piso y el hombre que intentó atacarme hace un ademán de recogerla. Soy mucho más rápida y la tomo para apuntarlo y amenazarlo de una vez por todas.
-Tú… acuérdate de mí. Vendré por ti muñeca y te mearé y follaré las veces que quiera.-Suelta una asquerosa sonrisa en sus dientes amarillos y ojos cafés inyectados en sangre.
No me dejo amenazar a pesar del fuerte escalofrío que recorre mi espina dorsal y no aparto la vista de este ni bajo el arma una vez que se lo llevaron.
-Dominic, la estás sujetando al revés.-dice una voz que reconozco muy bien en mi oído, el señor Clark está justo detrás de mí y todo lo que pasó en su despacho me golpea fuertemente como una cachetada.
Un momento… ¿al revés?
se me suben todos los colores a la cara por su comentario, Dios no puede ser que con toda la adrenalina sentida no me haya dado cuenta de que sostengo la pistola al revés, la volteo. Ignorando el hecho vergonzoso de hace unos segundos le pregunto otra vez.
-¿Cómo… cómo sabía que estaba en peligro?
El señor Terrence me mira fijamente, como analizando que me encuentre bien y tiemblo internamente al sentir sus ojos como una caricia, con una media sonrisa en el rostro responde sin más.
-No lo supe, envié a unos de mis hombres para que te escolten a tu casa. Luego de…-se relame los labios y creo que estoy por caer al suelo, sus ojos azules intensos miran mis labios para después continuar-lo ocurrido en mi despacho tenía que asegurarme que llegaras bien a tu casa.-dice y esta vez ríe con ¿burla?
-¿Acaso tengo monos en la cara?.-digo con nervios ya enojada, el me pone nerviosa.
-Para nada, pero sigue sosteniendo el arma al revés.
Ya fastidiada pongo el arma sobre el bote de basura y lo miro de brazos cruzados.
-¿Cómo sabían que tomaba esta ruta? Siempre vengo caminando, imposible que me siguieran entre tanta gente.
Me mira ya serio y cuando hace el intento de tocarme el brazo, se me escapa un gemido de dolor.
-Conozco todo acerca de los que trabajan en mi empresa, sobre todo los que están más cerca de mí ¿Puedo ver tu brazo?-dice con el ceño fruncido que se acentúa más cuando ve que tiene una cortada.
-No pasa nada señor Clark, seguro fue en el ajetreo de…
-¿Podrías dejar de llamarme señor?-me calla abruptamente viéndome a los ojos, joder. Cada vez que me mira siento que debo respirar dos veces:
1- Para recibir oxígeno.
2- Por si acaso se me escapó el aire en el número 1.
-Um, pero eres mi jefe.-farfullo bajito.
-En este momento no estamos en el trabajo.-espeta y le murmura algo en el oído a uno de las paredes con traje que me salvó hace unos minutos.
-Vale, ¿Podrías decirme solo Dom? Dominic es un poco formal y en general no me gusta.
-Que curioso nombre para una señorita, Joven Dominic.
-ya me lo han dicho.-respondo de mala manera, rodando los ojos.
-Muy bien Dom, si me permites curar tus heridas, te llevaré a tu casa.
Lo miro extrañada, como puede ser tan amable cuando hace unos días era el ser más frío del universo.
Nos dirigimos a su Range Rover y de él saca un botiquín de primeros auxilios, sin quitarme un ojo de vista, estamos sentados en uno de los asientos traseros cuando se procede a limpiar y vendar mi herida.
¡Ay!, como duele.
-Gracias por su generosidad, señor…-me callo abruptamente ante su mirada.
-Gracias por todo, Terrence.-hablo con un ligero sonrojo en mi rostro, su mirada parece ablandarse y una vez que termina no sabemos muy bien cómo actuar en este momento.
-Richard ¿Vamos?-dice a su chofer y mis alarmas se encienden, no puedo dejar que mi jefe conozca mi casa ni mucho menos que vea a mi tía inconsciente en el porche.
-Yo preferiría ir en taxi, sola.-recalco esta última palabra para que sepa que en estos momentos no deseo que me acompañe hasta mi casa.
En cuestión de segundos, todo su semblante cambió. Su mirada volvió a ser fría como de costumbre y únicamente le hizo un ademán con la mano a su chofer para luego bajarse y dejarme completamente sola en el asiento de atrás.
¿Qué acaba de suceder?
¿Cómo puede ser posible que hace unos segundos haya sido tan amable y cercano conmigo y luego… volvió a ser lo mismo.
Muevo la cabeza un poco avergonzada por la locura de mis pensamientos.
No estaba siendo amable, únicamente sintió lástima por unos momentos. Sigue siendo el mismo Terrence Clark, incluso después de besarte.
-Señorita Dominic, ¿puede indicarme a dónde la llevo?-dice su chofer y le doy mi dirección, parece un poco sorprendido y arrancamos nuestro camino.
***
Llegamos a la calle Parks y le digo al chofer que se pare un par de casas antes de la mía, la casa de Anthony es mucho más presentable que la mía y seguramente no tiene un jardín lleno de vómito de borracho y una tía Marilyn inconsciente.
Sus matones seguro le contarán todo acerca de donde vivo y la mujer alcohólica con la que vivo, es mejor no arriesgarse.
Me abre la puerta un Anthony sin camisa y lo empujo rápidamente para que Richard no se dé cuenta. Le agradezco con un gesto y una vez que lo perdí de vista, salgo a mi casa no sin antes explicarle a Anthony quien era el hombre que me dejó frente a su casa en una monstruosa camioneta.
Doy un respiro profundo y observo mi ¨hogar¨, Marilyn sobre un arbusto marchito rodeada de botellas de vodka barato.
Huele fatal, como el borracho que me atacó.
Tomo a Marilyn por mis hombros y la arrastro hasta el mueble, no sin antes quejarse entre dientes que tiene la peor sobrina de todas porque dejé que se le acabaran las botellas.
Ah claro, yo soy una chiquilla mal educada que fue criada por su tía alcohólica dolida y que no tiene noción del respeto por nada, ruedo los ojos mentalmente ante ese pensamiento, si tengo valores que aprendí hasta donde se me permitió mi educación.
***
Al día siguiente, desearía poder seguir durmiendo. Pero tengo mucho trabajo que hacer.
Los recuerdos de la noche anterior en el despacho de mi jefe me azotan como un huracán.
¡Joder! ¡Me besé con mi jefe!