Capítulo #6 |• PERDÓN •|
ALEX
—¡Sofí estás en casa!
Desde mi escondite puedo escuchar su voz, realmente es maravilloso volver a escucharla. Su voz provoca que una risa amarga se dibuje en mi rostro.
Sus pasos se alejan y aprovecho para salir de mi escondite y cerrar la puerta. Jamás terminaré de agradecerle a Sofí por lo mucho que me ha ayudado y espero que todo valga la pena.
—Sof...
Azul al darse la vuelta se queda en shock, es como si se hubiera congelando con mi presencia.
—Hola Azul —ambas palabras apenas salen de mi boca, siento como mi corazón comienza a latir más de prisa y como si en cualquier momento fuera a salirse de mi pecho.
Azul se da la vuelta y me da la espalda, eso es más que doloroso para mí. Sé que ella me odia y que quizás jamás me vaya perdonar, porqué yo tampoco consigo perdonarme y jamás lo haré. Pero tengo que intentarlo, tengo que conseguir su perdón.
Al acercarme un poco más escuchó algunos murmullos por parte de ella que no puedo entender, quisiera ir hasta ella y abrazarla; abrazarla tan fuerte que nuestro dolor pudiera desaparecer pero no puedo. No merezco nada.
—Azul tenemos que hablar, Azul por favor no me des la espalda.
Le ruego que se dé la vuelta pero lo único que consigo es que se llevé las manos a las orejas y que si cuerpo comience a temblar como si me temiera.
Eso termina por romperme, ella no me quiere escuchar. Mi Azul, mi mocosa me tiene miedo.
—Azul lo siento, por favor perdóname por todo lo que te hice. —Mis palabras se quebraron en mi boca y apenas las pude pronunciar —Perdóname por favor.
Mi cuerpo no soportó más y caí de rodillas, las fuerzas se me habían ido y las lágrimas inundaron mis ojos. Verla así solo hacía que me sintiera más miserable, más basura de lo que ya me sentía.
Yo era mierda y estoy seguro que si mamá me viera estaría decepcionada de mi, yo les había fallado a las 2 mujeres que más amaba en la vida.
—Mocosa perdóname por favor, yo jamás... —No pude terminar las frase porque se formó un nudo en mi garganta.
Al decir eso Azul se dio la vuelta y bajó sus manos, su mirada me golpeó como una piedra. En su mirada ya no había nada de la mocosa dulce que me había enamorado, en su lugar estaba una mujer fría y llena de odio.
No pude más y saqué lo que por años había guardado en mi corazón, le dije lo que sentía.
—¡TE AMO AZUL! —grité del fondo de mi corazón —. Te amo y para mí desgracia voy amarte toda la vida y eso incluye si me amas o no, porque mi amor por ti va a ser eterno.
Mi pecho ardía con cada palabra que había estado atorada por años y que al fin me había atrevido a decir.
Pensé que al gritarselas a ella el fuego en mi corazón se apagaría pero fue lo contrario, ese fuego se avivó más y ahora no encontraba una salida. Azul volvió a poner sus manos en sus orejas como si mis palabras lo único que le hicieran fueran daño.
—Te amo, —volví a pronunciarlas apesar de que ella tenía ambas manos puestas en sus orejas como si así pudiera evitar escucharme. —Te amo y cada día que pasa este amor crece, y con ello el dolor al sentir que estoy perdiendote.
Ella cubrió con más fuerza sus orejas y me dió la espalda, murmurando algunas palabras que no pude entender. Su indiferencia me causaba dolor y lo único que quería era que ella comprendiera que yo la amaba y que haría todo por recuperarla.
Me puse de pie y extendí mi mano hacia ella, pero no me atreví a tocarla.
—Se que nos equivocamos pero también sé que nuestro amor sigue intacto y merecemos otra oportunidad Azul. —Me acerqué muy despacio a ella con la intención de estrecharla entre mis brazos pero lo único que conseguí fue su rechazo.
—Quiero irme. —Susurro muy despacio, como si hablar le provocará un daño.
Azul no alzó la mirada porque la tenía fija en el piso. Sus manos seguían en sus orejas y su cuerpo estaba temblando como si se estuviera congelando.
—Quiero irme, —volvió a pronunciar de la misma manera.
—Azul por favor escúchame, te traje hasta aquí solo para que hablemos así que dime algo; dime qué me amas. —Espere su respuesta, pero ella seguía en la misma posición.
Parecía que no me escuchaba, me acerque más a ella y toque su brazo. Azul al sentir mi tacto se asustó y se pegó más a la pared, y levantó la mirada.
Ella me miró, Azul me miró como hace un momento lo había hecho; su mirada estaba cargada de un odio profundo, de desprecio, de rencor.
Bajo sus brazos y me quedó observando.
—Te amo, —se lo volví a repetir por miedo a que aún no le quedará claro.
—Cállate, cállate. —Dijo sin apartar la mirada de mi.
—No voy a callarme, cometí ese error hace años y no lo voy a volver a cometer. ¡Te amo Azul, te amo y cada vez duele más!. —Le grite nuevamente y ella volvió a poner sus manos en sus orejas.
—¡Cállate, Cállate!. ¡Cállate mentiroso!. —Azul bajo sus manos e hizo lo mismo con su mirada.
Tardó solo un par de segundo para que ella reaccionará y corriera hacia las escaleras.
Sé que había sido una mala idea traerla en contra de su voluntad, pero esta había sido la única forma de poder expresarle mis sentimientos sin que ella saliera corriendo como ahora.
Corrí tras ella y lo único que escuché fue el choque de una puerta al cerrarse.
—Azul abreme por favor, tenemos que hablar. —Toqué la puerta con la esperanza de que recapacitara y me abriera. —Perdón, se que me equivoqué. Sé que debí creerte y jamás debí salir corriendo como lo hice pero entiéndeme, me dolía demasiado y esa fue la única salida que encontré. Perdóname Azul, perdóname ni amor.
Recargue mi cabeza en la puerta y sin previo aviso las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas. Estaba arrepentido por lo que le había hecho, quería que abriera esa puerta y que me dijera que perdonaba, quería que dijera que también se había equivocado.
—Fui un idiota pero te amo; te amo Azul, yo te amo.
Mis palabras sangraban, sentí un nudo en garganta que no me deja hablar. Ya no soportaba más y antes de que me rompiera a llorar la puerta hizo click y se abrió.
Azul abrió la puerta y su mirada triste se volvió a fijar en mi.
—Quiero que te calles y que no vuelvas a decir una sola palabra mentiroso. Déjame en paz y abre la maldita puerta.
—No lo haré, no voy a dejarte ir hasta que hablemos.
No me daría por vencido, no otra vez. No me importaba si teníamos que pasar toda una semana aquí, haría lo que fuera para que ella me perdonará.
Di un paso hacia enfrente y al hacerlo ella retrocedió y de la nada me apunto con un cuchillo, el cual estaba en su mano derecha.
—Azul deja eso, es peligro así que dámelo. —Trate de quitárselo pero al hacer un movimiento para acercarme a ella, Azul se alejó.
—¡Quiero que abras la maldita puerta y que no te atrevas a tocarme porque no respondo!. —Al apuntarme con el cuchillo su mano temblaba y en cualquier momento podría hacerse daño.
No le hice caso y me acerque un poco más.
—¡Aléjate, Aléjate!.
—Azul no, dame eso.
—¡No te acerques!.
—Azul basta y dame eso antes que te hagas daño.
—¡No te acerques!.
Volví a ignorarla pero esta vez no fue una amenaza. Azul dirigió el cuchillo hacia mi estómago sin dudarlo, ella perforó mi estómago.
Baje la vista y mi camisa beige se tiñó de rojo, después mire a Azul quien sostenía el cuchillo entre sus manos.
—¡Te lo advertí!. —Ella soltó el cuchillo y en un movimiento rápido me arrebato las llaves de la casa. —Yo te lo advertí, yo te dije que no te me acercaras porque te haría daño. Yo te dije.
Azul vio la sangre en sus manos y se limpió rápidamente en su blusa, yo no sabía que decir en ese momento estaba en estado de shock por todo lo que había pasado.
—Te odio Alex y eso es lo único que vas a conseguir de mi, mi odio. —Su mirada ya no era la del tranquilo mar, ahora era más a la de una tormenta. —Porqué jamás en la vida voy a perdonarte y eso tenlo por seguro.
Azul me dió un último vistazo y desapareció de la habitación.
—Azul no me va a dejar, ella va a volver yo lo sé.
Quería que mis palabras se cumplieran y que ella volviera. Quería que sus palabras fueran mentira y que ella regresará por mi, por nuestro amor.
SOFÍA
No podía dejar de dar vueltas a mi alrededor, mis pies estaban llenos de arena y el sol estaba ocultándose en la playa. No sabía si había sido una buena idea traer con mentiras a mi hermana a la casa para que hablará con Alex, pero lo único que quería era todo se resolviera y que Azul dejará a ese hombre que estaba segura que no amaba.
Me senté en arena y vi la hora en el reloj, ya habían pasado más de una hora desde que Azul llegó. No sabía si ir o esperar a que Alex me llamará.
—Que hago, debería ir o esperar.
Mi curiosidad era demasiado así que me puse de pie y tomé mis cosas para después dirigirme a la casa.
Solo me llevo unos minutos llegar, el auto de mi hermano no estaba y la puerta principal estaba abierta lo cual me dió mala espina. Entré con mucho cuidado para que nadie me escuchará, en el salón no se encontraba nadie era como si se hubieran ido.
—Azul, Alex.
Nadie respondió a mi llamado y seguí avanzando.
—¡Alex estás aquí! ¡Azul! —está vez grité pero tampoco hubo respuesta. —Quizás se fueron.
Estaba por irme cuando escuché un ruido en la parte de arriba, subí a toda velocidad las escaleras y lo que menos me esperaba encontrar era a Alex herido.
—¿Alex? ¿Pero que fue lo que pasó? —me arrodillé a su lado y vi que tenía una herida en el estómago que no dejaba de sangrar.
—Ayúdame Sofía —dijo él con el poco aliento que le quedaba.
Su rostro estaba muy pálido y sus ojos estaban cansados. A un lado se encontraba el cuchillo con el que lo habían atacado, iba a tomarlo pero él me detuvo agarrándome de la mano.
—No.
—¿Alex que pasó? ¿Quien te hizo esto? —esperaba su respuesta pero él solo negó con la cabeza.
—Solo sácame de aquí. —Alex arrugó la frente debido al dolor.
—Voy a llamar a una ambulancia y todo va a estar bien solo aguanta —iba a marcar el número pero él me quitó el celular de las manos.
—No puedo ir a un hospital, solo llevaba a mi apartamento.
—No Alex, mírate estás muy mal necesitas ir a un hospital así que iremos.
—No, si vamos la meteré en problemas y eso no lo voy a permitir.
Su respuesta llamó mi atención y comencé a atar cabos, mi hermana no están y Alex estaba herido.
—Dime que no fue ella.
—Solo sácame de aquí Sofía, solo sácame de aquí.
—Lo entiendo, está bien.
Lo comprendí, Azul lo había hecho y todo era por mi culpa. Si yo no la hubiera engañado nada de esto estaría pasando, todo era mi culpa.