Capítulo #5 |• Azul está a salvo •|
No puedo respirar, no puedo respirar.
Me estiro sobre la cama y la sensación de asfixia sigue, Robert tiene su brazo alrededor de mi abdomen y no me deja respirar. La sensación es horrible, verlo al lado de mi cama hace que me odie más y que me tenga asco ¿Cómo fui capaz de casarme con él? ¿Cómo fui capaz de ser su mujer sin ni siquiera amarlo?.
Deshago su agarre y salgo de la cama, Robert se parece tanto a él y odio que mis pensamientos aún le pertenezcan; lo odio y me odio a mi.
Lo quedó observando un momento, no puedo más y salgo de la habitación. Siento que el aire regresa a mis pulmones y no puedo evitar que un par de lágrimas resbalen por mis mejillas, quisiera salir corriendo y huir pero no puedo porque ya es demasiado tarde.
-¿Si es tan difícil porqué no te vas?
Levanto la mirada sobresaltada al escuchar aquella voz, y me encuentro con Mike quien está frente a mi.
-Mike... -al verlo a los ojos me quedo sin palabras y no se qué decir.
-Deberías decirle que ya no puedes con ésto, papá te va a entender -Mike me dió una mirada triste como si supiera lo que estaba pasando.
-No entiendo a qué te refieres -trate de fingir que no sabía a qué se refería.
-Por supuesto que lo sabes, casi nunca hablamos pero apesar de eso yo sé muchas cosas que tú te niegas a ver -Él dio unos pasos hacia mí y llevó su mano izquierda a mi mejilla para limpiar mis lágrimas. -No te merecías esto, no lo merecías y espero algún día lo entiendas.
Mike dio media vuelta y entró a su habitación, sus palabras habían hecho estragos en mi. Él lo sabía, él sabía lo difícil que era estar aquí junto a su padre.
*******
Por más que intentaba concentrarme en organizar la próxima clase no podía, las palabras y la mirada de Mike habían quedado impregnadas en mi mente y no podía sacarlas de mi cabeza.
La campana sonó e inmediatamente el salón comenzó a llenarse de alumnos, y entre ellos estaba Mike; sus ojos azules volvieron a fijarse en mí. Su mirada era tan diferente a la de los demás era tan... Pura, buena y al verlo su mirada transmitía tanta paz y al mismo tiempo tanto misterio.
Deje de observarlo y comencé mi clase, estaba explicándoles la importancia de leer y los tipos de libros que había leído cuando la puerta se abrió de repente y una chica de cabello rojizo cayó de rodillas, provocando que sus libros se le escaparán de las manos. La clase estalló en risas al ver semejante escena.
-Lo siento -dijo la chica al tratar de levantar sus libros.
-¡Guarden silencio, esto no es un circo! -los reprendí y ellos inmediatamente se quedaron callados.
Me acerqué a ella y le ayude, al ponerse de pie la reconocí y creo que a ella le pasó lo mismo porque me miró y sonrió; era una de mis huracanes.
-Lamento llegar tarde, es solo que es mi primer día en esta clase y se me hizo tarde porqué... -ella comenzó a hablar tan rápido que le perdí el ritmo y me obligó a callarla.
-Traquila, puedes pasar -le señalé uno de los lugares vacío y ella asintió con una sonrisa.
-Soy Sofí, Sofí Gilbert -ella volvió a sonreír y me extendió su mano.
-Hola Sofí -dije con una inmensa alegría, había extrañado mucho decir su nombre y ahora estaba aquí frente a mi. -Yo soy Victoria tu profesora de literatura, ahora por favor toma tu lugar.
-Ok.
Ella fue hasta el lugar que quedaba vacío y se sentó, se miraba tan bonita y tan llena de vida que verla me hacía sentir tan feliz. Trate de recuperarme y cuando lo logré retomé la clase.
Entré explicaciones, opiniones y libros terminó la clase; todos comenzaron a salir del salón hasta que solo estuvimos ella y yo. No sabía que decir, habían pasado 5 años sin hablarle y ahora tenía miedo de que ella también me rechazará como lo hizo Samantha hace unos años que intente hablar con ella.
No hice nada solo esperé a que ella se levantará de su lugar y se dirigiera a mi, Sofí se paró frente a mi y me regaló una hermosa sonrisa de oreja a oreja.
-No piensas regalarle una sonrisa a tu hermanita menor o mejor dicho un abrazo -Sofí abrió sus brazos y yo no lo dude ni un segundo, me levanté y la abracé como antes. -Te extrañé Azul, te extrañé mucho.
-Yo también huracán, yo también te extrañé mucho.
Nos quedamos abrazadas un buen rato, no era capaz de soltarla porque tenía miedo de que aquello fuera efímero y que no volviera a ver. Quería asegurarme de que Sofí era real y que estaba conmigo, entonces fuí capaz de soltarla y verla a los ojos.
-Estas muy hermosa Azul y mira -ella tomó un mechón de mi cabello y lo junto con el suyo. -Ahora si estamos igualitas, tenemos el mismo color rojo aunque el tuyo está un poco apagado
-Dejá eso, tú estás más hermosa. -No podía dejar de verla, quería grabarme cada detalle de su rostro.
-¿Porqué no nos buscaste Azul? ¿Porqué nos abandonaste?.
-Yo...
Aquellas palabras no habían sonado como un reclamo, sino como unas simple preguntas. Y como le diría que todos estos años no había sido capaz buscaras porque me sentía culpable por la muerte de nuestro padre y de nuestra hermana.
-Sofí tienes que volver a clases, se hace tarde.
-Quiero hablar contigo, quiero que me expliques.
Sofí insistía en respuestas, respuestas dolorosas que solo conseguirían que se alejará de mi.
-Debes regresar a clases.
-Lo haré pero prométeme que nos veremos en la tarde, solo así podré irme. -Sus ojos lograron que terminará accediendo.
-Bien, nos veremos más tarde pero ahora vete.
-Ok, entonces nos vemos en la tarde en la casa de la playa ¿Porqué vas a llegar verdad?.
-Bien.
-Entonces me voy, Azul nos vemos más tarde.
Ella se despidió con un beso en la mejilla y después se fue. Ahora tendría que verla y contarle todo, tendría que decirle los motivos por los cuales no fui capaz de buscarla ni a ella ni a mis hermanas.
Mis manos se movían de un lado a otro y corazón parecía que en cualquier momento se saldría del pecho. Desdé que las clases había terminado no podía estar tranquila, el echo de ver a mi hermana y contarle todo me tenía muerta de miedo incluso había tomado un par de pastillas para la ansiedad pero eso no había sido suficiente.
Regresé las manos al volante y respiré profundamente.
-Tienes que tranquilizarte o te dará un ataque de ansiedad y eso no podemos permitirlo.
Volví a respirar lentamente y el sonido de mi celular provocó que casi me diera un ataque al corazón.
-¡Dios! -me lleve la mano al pecho y sentí como mi corazón se aceleraba cada vez más, y de igual manera el maldito celular que no se callaba.
Tomé mi maletín y comencé a buscarlo sacando todas las cosas de allí, hasta que logré encontrarlo y era una llamada de Robert. Le respondí y él me avisaba que no llegaría a la casa hasta tarde debido a un problema en uno de los hoteles y que no me enfadara por dejarme sola otra vez. Yo le dije que no se preocupara y le deseé que todo saliera muy bien, nos despedimos y colgué.
Al regresar el celular al sillón una bolsa de color verde fosforescente llamó mi atención, la tomé y la abrí; allí encontré un libro con una nota que decía;
Sugiero que comiences con ésto, aunque hace poco te conozco creo que te va a encantar. «Mi Madonna con abrigo de piel»
El libro era "Madonna con abrigo de piel" y jamás en mi vida había escuchado de el.
-¿Y ésto?...
Lo deje a un lado y comencé a conducir hacia la casa de la playa, no sabía si sería capaz de contarle todo a mi hermana. Lo único que sabía era el inmenso miedo que tenía de perderla.
El viaje se me hizo eterno y al estar frente a la casa no pude evitar que los viejos recuerdos de la última vez que estuve aquí vinieran a mi mente. La vez en que él y yo...
-No, no te permito que pienses en él. -Quité esos pensamientos de mi cabeza, él no merecía ni un solo de mis pensamientos. -Él no te merece y él jamás fue digno de ti.
Salí del auto y caminé hacia la casa, las manos me temblaban y el corazón me latía a mil por minuto, quise retroceder e irme pero no podía alejarla de mi nuevamente. Me acerqué a la puerta, iba a tocar pero me di cuenta que la puerta estaba abierta; no pude y entré, seguramente ella me esperaba adentro.
-¡Sofí, Sofí ya estoy aquí! -grito desdé la entrada para que ella se de cuenta de que he llegado.
Avanzo un poco más y termino por cerrar la puerta, estar aquí hace que me sienta muy incómoda y que un dolor se instale en mi. Todo es tan difícil, los recuerdos invaden mi mente; las veces que estuvimos aquí con papá y con mis hermanas, la vez en que él...
-No, no.
Unas lágrimas salen de mis ojos y yo inmediatamente las limpió, no quiero que Sofí me vea llorar.
-¡Sofí estás en casa! -el silencio envolvió la habitación y lo único que escuché fue el eco de mi voz.
Seguí caminando y me detuve al escuchar el sonido de la puerta cerrarse.
-Sof...
No termine la frase porque al darme la vuelta me encontré con...
-Hola Azul.
No, esto no podía ser cierto. Seguramente era una mala broma de las pastillas que me había tomado, él no podía estar aquí y mi mente me estaba engañado como hacía años.
-No es real, esto no real. -Me di la vuelta y cerré los ojos, mi respiración comenzaba a acelerarse y corazón parecía que iba a explotar.
-Azul tenemos que hablar, Azul por favor no me des la espalda.
Su voz volvió hacer eco en la habitación, lo volví a escuchar; era él.
No pude pronunciar ninguna palabra y cerré nuevamente los ojos, pero esta vez con más fuerza. Y dije una y otra vez las palabras que Owen me hacía repetir hacia años atrás.
MÁS DE 4 AÑOS ATRÁS
-Azul tranquila, respira conmigo -Owen tomó mis manos que estaban en puños y trato de abrirlas. -Vamos Azul suelta tus manos que solo te haces daño a ti misma, vamos repite comigo; Azul está a salvo.
Cerré mis puños con más fuerza, no quería abrirlos me negaba hacerlos.
-Vamos Azul yo estoy aquí, abrelos estás a salvo. -Volvió a intentar abrir mis manos pero fue imposible. -Azul está a salvo.
No quería abrirlas, porque eso significa dejar ir a papá, dejar ir a Emily y dejar ir a Azul. Desde hace meses atrás mis manos habían tomado la posición de puños y no había querido abrirse, los doctores habían dicho que era un daño colateral del accidente pero Owen decía que era algo que usaba yo de defensa.
-Azul por favor abre las manos y trata de respira, no quiero tener que ponerte nuevamente la camisa de fuerza.
Ignoré su comentario y llevé mis puños a mi regazo mientras me mecía de un lado para otro.
-Azul detente, detente o tendré que hacerlo -su voz era firme pero no lo suficiente para tranquilizar mis demonios. -Azul házlo por él, a ese pequeño no le hace bien que te pongas así.
Owen señaló mi voluminoso estómago y poco a poco acercó su mano para acariciarlo, eso fue más que suficiente para que perdiera la cordura.
-¡No, no, noooo! ¡Él está muerto, él me dejó y no lo quiero!.
Mis puños comenzaron a chocar contra mi estómago, la furia que llevaba cada golpe era inmensa y no podía detenerme. Golpeaba y golpeaba mi estómago hasta que Owen tomó mis muñecas con demasiada fuerza para detenerme.
-¡Basta Azul, detente! ¡Basta que vas a lastimar a tu bebé!.
-¡No, yo no quiero ningún bebé déjame que termine con su vida por qué solo así él no me podrá hacer daño! -volví a moverme intentando liberarme para terminar con él de una vez por todas.
-¡Enfermeros! ¡Necesito ayuda de inmediato!
Su grito inundó mis oídos, no podía zafarme por más que intentaba. Owen era mucho más fuerte que yo, los enfermeros llegaron con una una inyección y una camisa de fuerza; sabía lo que vendría.
-Lo lamento Azul, pero te prometo que no voy a permitir que te odies más en adelante. -Owen me entrego a los enfermeros con si se tratase de un saco de papás. -Ya saben que hacer.