Capítulo 8:“Espejos y grietas”

898 Words
“Nada florece bajo juicio constante, ni siquiera el corazón.” [Narrado por Aria] La lluvia era una rareza en el Valle del Alba, y sin embargo, ese día el cielo lloraba con una tristeza silenciosa. Desde la ventana de su habitación en la Torre Este, Aria observaba cómo las gotas caían, golpeando la piedra antigua y apagando los reflejos dorados que tanto amaba. Aquella tormenta no era solo meteorológica, sino también interna. La última vez que había cruzado palabras con Kael, sus convicciones habían sufrido un golpe más fuerte que cualquier hechizo. La imagen del príncipe oscuro, normalmente envuelta en sombras y distancia, se había fracturado ante sus ojos con una vulnerabilidad inesperada. Esa mirada llena de preguntas y un poco de dolor la había desconcertado de formas que ella no podía ni quería admitir. Había algo peligroso en esa duda que empezaba a crecer en ella: la posibilidad de que no lo odiara tanto como había creído. Durante la clase de Estrategia Mágica, Aria había cometido un error simple, uno que nunca habría dejado pasar en el pasado. Pero su mente seguía distraída con la idea de Kael, y por primera vez, se preguntó si él también sentía esa confusión. La lluvia aumentaba y Aria cerró la ventana con un suspiro. Intentó ordenar sus pensamientos, pero el viento parecía llevarse su voluntad de hacerlo. —Deja de pensar en él —se ordenó—. Solo es un enemigo. Pero, ¿y si ya no lo era? [Narrado por Kael] El ala norte de la academia olía a piedra fría, a tinta derramada y a madera húmeda, el aroma que Kael siempre relacionaba con la soledad. Era el espacio donde solía perderse en sus estudios de conjuros oscuros, donde nadie esperaba que se relajara, ni siquiera él mismo. Esa mañana, el director Lord Vaenir lo había citado con un tono que apenas disimulaba preocupación. —Tu desempeño es impecable, príncipe —le dijo el hombre con voz grave—, pero tus distracciones con la princesa comienzan a llamar la atención. Kael no dijo nada, aunque su mente se agitó. ¿Distracciones? ¿Aria? La verdad era que sus encuentros, aunque breves, le habían removido algo inesperado. Esa chispa de duda y quizás algo más que evitaba nombrar. Intentó convencerse de que solo se estaban estudiando. Pero la empatía que descubría en sus ojos le resultaba tan perturbadora como un conjuro roto. Recordó sus años en el trono de sombras, las expectativas que le habían impuesto, las cadenas invisibles de su herencia. ¿Sería posible que esa misma princesa de luz pudiera liberarlo? No, se dijo una vez más. No podía permitirse tal debilidad. Pero no podía dejar de pensar en ella. [Narrado por Aria] Aquel día, la academia anunció una prueba inusual: la Evaluación del Vínculo Interior. Una prueba diseñada para que los estudiantes enfrentaran sus propias debilidades más profundas, guiados solo por su intuición y emociones. Aria sintió un escalofrío recorrer su espalda. No era una prueba de fuerza, sino de verdad. Y la verdad, sabía, podía ser la prueba más cruel de todas. Cuando llegó a la cámara destinada para su examen, un espejo alto y oscuro ocupaba el centro. Pero no era un espejo común: reflejaba sus recuerdos, sus miedos, sus dolores. Primero vio a su madre, una mujer fuerte que lloraba en secreto, temerosa por el destino del reino. Luego, vio sus propios ojos, llenos de promesas que nunca quiso cumplir. Y finalmente, vio a Kael. No como el enemigo, sino como un niño solo, atrapado en una prisión invisible. En ese reflejo, Aria se vio a sí misma encerrada junto a él, sin saber cómo liberarse. Su corazón se quebró en un silencio que no podía compartir. [Narrado por Kael] En su propia cámara, Kael enfrentó imágenes igual de perturbadoras. Recordó las guerras, las pérdidas, la presión constante de su linaje. Pero luego apareció Aria, envuelta en una luz que amenazaba con consumirla. Ella le tendía la mano, una oferta de alianza, de salvación. Por un instante, deseó tomarla. Pero el orgullo y el miedo lo hicieron apartarse y romper el espejo con un golpe seco. Sintió la grieta en el cristal como una grieta en sí mismo, una fractura que no sabía cómo reparar. [Narrado por Aria] Cuando Kael la salvó de un hechizo que la atrapó en una ilusión de abandono, Aria quiso rechazar su ayuda, mantener la distancia. Pero su gesto silencioso, la forma en que rompió las sombras para protegerla sin esperar nada a cambio, le dejó un sabor amargo. Un sabor que no era odio, sino confusión. ¿Era posible que estuvieran más cerca de entenderse de lo que habían admitido? Aunque sus palabras siguieran duras y sus miradas llenas de recelo, algo en ellos comenzaba a cambiar. [Narrado por Kael ] La tensión entre ellos era un hilo invisible que se tensaba con cada encuentro. No se miraban con cariño ni con enemistad, sino con una mezcla incómoda de respeto y duda. Había momentos en que su mirada se detenía en Aria más tiempo del que debería, y momentos en que se sorprendía a sí mismo esperando que ella hablara primero. No había besos ni caricias, solo un silencio cargado de significado. Sabía que odiarla ya no era una opción fácil, ni siquiera correcta. El futuro que ambos enfrentarían requeriría algo más que hostilidad.
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