Fui en busca de otro cigarrillo y lo encendí dando una calada profunda, el dolor en las costillas me escocía y nublaba mis pensamientos. Traté de no quejarme, pero parecía que era incapaz de ocultarle algo. Me extendió sus brazos y fui sin dudarlo, me abrazó. —Odio que te haya pasado esto. Cuando te fuiste al baño me puse los audífonos y me distraje con alguna tontería. Vi pasar al tipo ese y honestamente no le di importancia. De pronto algunos pasajeros volteaban hacia mí como sorprendidos, asustados. Tardé demasiado en entender que no era a mí, cuando me quité los audífonos y escuché al tipo gritar y llamarte perra desgraciada ya era demasiado tarde. Corrí y al verte en el suelo inconsciente, sentí... ¡Quería matarlo! —Me abrazó un poco más fuerte —El idiota no dejaba de maldecirte

