Roy me tomó de la mano y fuimos hacia su balcón en el que había un sillón pequeño. Se sentó y me extendió los brazos como siempre y fui a sentarme en sus piernas. —Vaya con tus amigos, linda, seguro van a seguir cogiendo en alguna habitación. —Ja, ja, ja. Puedes detenerlos, si quieres. —No, está bien. Que alguien le dé un buen uso. Nos reímos. Yo aún tenía los senos descubiertos y él los acariciaba mientras yo me recargaba en él. —¿Cómo estás, nena? Te he notado un poco extraña hoy. —Bien, creo. —Me dijo Joel que cerraron todo bien, ¿no? —Sí, todo va andando bien con el negocio. —¿Y contigo? —Yo solo voy. La verdad, ya no sé qué hago con mi vida. —¿El tal Enrique de nuevo? —Sí y no —Dije y le conté lo del restaurante. —Vaya tipo, me hubiera gustado estar ahí para darle lo qu

