Abrí los ojos. Tenía un buen rato despierta y me sentía tan cansada que quería obligarme a dormir. Pero no lo logré. La pantalla del reloj marcaba las seis. Apenas había dormido algo más que una hora. Me levanté llené la tina, le tiré mis sales favoritas, me amarré el cabello y me metí en el agua caliente. Me recargué en la tina, eché la cabeza hacia afuera y ahora sí, me quedé dormida. Cuando desperté de nuevo el agua estaba fría. Salí de la tina con cuidado, y me puse bajo el chorro tibio de la ducha para entrar en calor. Me lavé el cabello y todo mi cuerpo a conciencia. Cuando salí del baño el reloj en el buró marcaba las ocho. Demonios. Había dormido dos horas en la tina. Me puse una toalla en la cabeza y me recosté desnuda en la cama. Volví a quedarme dormida. Entre sueños escucha

