Llegué a un edificio mucho más discreto que el de Orange, me anuncié y de inmediato pude subir hasta la última planta. Aun cuando llegué con unos quince minutos de anticipación, me hicieron pasar de inmediato a la oficina a de Irma, que ya me esperaba. Aquí no habría sala de juntas ni nada, éramos ella y yo. —Ariana, buena tarde, qué gusto conocerte al fin —Se puso de pie y se acercó a saludarme con un apretón de manos. —Buena tarde, Licencia Castro, el gusto es mío, gracias por recibirme. —Oh, vamos, llámame Irma. ¿Te ofrezco algo de beber? —Un vaso con agua está bien, por favor. Hizo una seña a su asistente que salió y regresó con una botella de agua y un vaso. —Gracias —dije mientras tomábamos asiento en una mesita que tenía en su despacho. Tenía la impresión de que la había vist

