Me fui a la habitación, tomé mi medicamento y me acosté, empezaba a dormitar y sonó mi teléfono. Era Enrique. —Hola —dije. —Definitivamente CON, lo otro es solo para mi deleite. —Ja, ja, ja. Ok. Solo quería confirmar. —¿Qué haces? —Preguntó. —Me acosté a descansar un rato, ando medio adolorida. —Tal vez deberías moderar tus actividades nocturnas —¿Tú crees? —Sí, lo creo. Aunque honestamente espero que no lo hagas. —Ja, ja, ja Pues yo tampoco espero hacerlo. —¿A qué hora es tu cita? —A las ocho, me voy como siete treinta. —Vaya, yo estoy en la oficina, hay un gran alboroto por aquí. —Me imagino, hablé con Germán. —Sí, yo estaba con él cuando te llamó. ¿Entonces piensas que soy muy profesional? —Por supuesto. —Y terminaste con otra invitación a cenar, nada mal para un día de

