Enrique se puso de pie, caminó hasta mí y se sentó nuevamente a un lado. Buscó en su saco y extrajo una cajetilla de cigarros, me ofreció uno y tomó otro para él. Me lo encendió y di una fuerte calada. Él hizo lo mismo. Pensé que me iba a reclamar, quizá no debí hablarle así, quizá fue que odiaba a esa mujer, no sé. Que me diría que por eso no quería tener algo conmigo, etc. Lo que sea, menos lo que me dijo. —¿Así que te molestó que haya ido a comer con Nancy? La pregunta fue tan sorprendente que empecé a toser. —Tranquila, Ariana. —¿En serio? Después de todo el show lo que me preguntas es ¿si eso me molestó? —¿Qué más podría decirte? Eso es lo único que me interesa. —No sé, que hice mal, que no debí hablarle así, que debí seguirle el juego con lo de Nancy... —¿Y crees que eso es l

