Margaret llegó a su casa confundida, abatida y triste, se encerró en su cuarto y se tiró en la cama, sostuvo con fuerza el collar que le regalo Caleb, lo observo con atención y pensó: «¿Realmente esto me protegerá de los poderes de Aleister?» La iluminada saco su celular de su bolsillo, marco sin dudarlo y espero a ser atendida. —Hola, ¿en qué te puedo ayudar? —contesto Aleister con voz cantarina. Margaret sintió un nudo en su garganta y las terribles ganas de llorar, no podía creer que la persona al otro lado de la línea solo la estuviera manipulando para sus propios fines egoístas o, que solo la estaba utilizando como una bolsa de sangre. —¿Magui?... ¿Estás ahí? —hablo nuevamente Aleister, está ves con tono serio. Margaret trago en seco, sin duda alguna estaba segura que no podría ir

