Capítulo II

1696 Words
Susan supo que algo andaba mal desde que sintió los ojos de su marido clavados con seriedad en su espalda. Ulises había llegado a su hogar hace menos de media hora y desde entonces no le quitaba la mirada de encima. Desconcertada y cansada del ambiente repentinamente tenso que se comenzaba a formar entre ella y su esposo, se giró y lo enfrentó con una pequeña sonrisa. "¿Sucede algo, cariño?" Observó a Ulises esperando una respuesta, sin embargo, cuando la boca del rubio se abrió, su hija menor, Leah, entró a la cocina sonriendo. "Estoy en casa", pronunció inclinándose hacia sus padres, "No sabía que padre llegaría temprano hoy". "Decidí terminar antes por esta vez, extrañaba las cenas con mi familia". "Si mudaras tu oficina para acá no tendrías porque extrañarlas", Jack Grace apareció por la puerta con su típica seriedad, Susan volvió a interesarse en la comida sobre la estufa, se inclinó para abrir la compuerta con un pañuelo y sopló sobre el fuego que pretendía apagarse, ignorando la pelea que presentía se avecinaba a sus espaldas. "Sabes muy bien que no puedo hacer eso, sería más fácil si ustedes se mudaran al palacio, no hay necesidad de seguir viviendo en estos viejos aposentos, si seguimos aquí es porque Susan así lo quiso". "Vivir aquí es más cómodo, hay menos reglas y más privacidad", se unió a la plática su hija, Susan le mandó una pequeña sonrisa a la menor de los Grace, Leah le regresó la sonrisa con un guiño. "Como sea, ya hemos tenido esta conversación muchas veces y siempre llegamos a lo mismo, mejor acomodense para servir la cena". Pronto la familia del emperador se encontró reunida en la mesa comiendo en silencio, uno que era roto de a momentos por pequeñas conversaciones protagonizadas por los hermanos Grace, Susan los escuchaba con atención, pero Ulises se mantenía inmerso en sus pensamientos, hasta que un comentario lo sacó de ellos con fuerza. "Por cierto, mamá, mi maestro quiere verte, dijo que vendría mañana después del entrenamiento para hablar contigo", Susan asintió confundida, pero Ulises no pudo reprimirse. "¿Por qué Dylan quiere ver a tu madre?" preguntó mordaz, todos lo miraron confundidos por su actitud, por el tono casi enojado que había empleado. "Él no dijo la razón", respondió el menor con cautela, miró de reojo a su madre confundido, ella asintió levemente, un gesto que no pasó desapercibido para el rubio mayor, quien no pudo terminar de identificar si el motivo del mismo era de entendimiento o una felicitación por la respuesta esquiva, como su cabeza comenzaba a intentar hacerle creer. Nadie dijo nada después de eso, y a la hora de lavar la loza, Ulises mandó a que Leah se retirara, dejándolo a solas con su esposa. El mayor decidió tantear el terreno, sin saber como formular la verdadera pregunta que deseaba hacerle. "Susan", llamó en voz baja, la mujer hizo un sonido para hacerle saber que podía continuar y continuó lavando la vajilla que se había utilizado en la cena, "Tú... ¿Nunca sentiste atracción por otro hombre?" "¿Otro hombre?" "Sí, aparte de mi, quiero decir". Susan le dirigió una mirada confundida que el mayor evitó, sintiéndose ligeramente avergonzado por sus inseguridades. "Sabes que siempre he estado enamorada de ti". "Lo sé, pero, aún así existe la posibilidad, ¿no sentiste siquiera atracción por alguien más? ¿Nada?", Susan alzó una ceja y contestó sin dudar, "No". "¿Nadie? ¿Ni siquiera Dylan?", pero su marido siguió cuestionandole y se vio obligada a morder su lengua para no decir algo que solo arruinara más la situación, intentó convencerse de que su esposo solo estaba un poco curioso y nada más. "¿A que viene todo esto, Ulises?", el nombrado ignoró su pregunta y siguió preguntando. "¿Qué hay de Tom? ¿Ó James?" "Sabes que ellos dos son casi como hermanos para mi, Ulises", suspiró comenzando a cansarse de la situación. "¿Oscar, Charles, Vern?" "Son buenos hombres, buenos compañeros, solo eso". "¿Pero no te parecen atractivos?" "Bueno sí, pero eso no es algo que me importe realmente". Susan terminó con el último de los platos y lo colocó junto a los demás buscando la toalla con la que secaba sus manos. "¿Y Dylan? ¿Nunca estuviste tras él?", Susan se giró a verlo sorprendida. "Estaba enamorada de ti", Ulises se sintió un poco culpable frente a los ojos confundidos de su mujer, pero ni siquiera eso le impidió hacer la ultima de sus preguntas. "¿No te pareció genial, nunca?", la azabache se acercó y acarició su mejilla mirándolo directo a los ojos, intentando eliminar con eso todas sus dudas. "Nunca como tú, sabes que siempre te he admirado, por tu sonrisa y tu capacidad de sobrellevar cada problema. Sabes que siempre he amado la manera en la que te esfuerzas y nunca te rindes. Lo sabes". Ulises no volvió a hablar y Susan no sintió la necesidad de comentar algo más, sin embargo, por primera vez, la emperatriz y matriarca de la familia Grace, no había logrado disipar las dudas del emperador. Y al día siguiente, cuando los ojos grises de la emperatriz se toparon con los negros de Dylan Orbil, pareció ser el despertar de algo que se pensó muerto desde mucho tiempo atrás. Susan se sintió incómoda al estar a solas junto a aquel hombre, su estómago se revolvió y el ambiente se volvió tenso cuando los minutos pasaron sin que alguno pronunciara alguna palabra. "Creo que lo mejor es que me vaya", Dylan se levantó de su asiento y la mujer lo miró aturdida por la repentina acción. "P-pero, no me ha dicho porqué quería verme", bastó solo otra mirada del hombre para que Susan prefiriera no preguntar nada más, "Le acompaño a la puerta", el azabache asintió reprimiendo un suspiro y las ganas de darse de golpes contra la pared. "Siento las molestias, le pido una disculpa", Susan ignoró sus palabras y desvió la mirada hacia los colores del cielo que mostraban el atardecer y la pronta llegada de la noche. Dylan hizo una reverencia y giró sobre sus pies dispuesto a marcharse, pero la voz de la mujer le detuvo. "Creí que habíamos acordado no hablar de eso", el azabaches dio media vuelta para encararla, la emperatriz aún seguía sin mirarlo, pero él siguió ahí, esperando a que dijera algo más, "La noche de ayer mi marido llegó cuestionandome sobre usted, ¿debo suponer que se debe a algún comentario dicho por su persona?" "No recuerdo que alguna palabra haya sido pronunciada referente a prometer no decir nada" "¿Desde cuando las palabras son necesarias entre usted y yo?", dijo encarándolo por fin, él le sostuvo la mirada unos momentos antes de bajar la cabeza y suspirar levemente. "Jessy preguntó y yo no ví el problema en responder con la verdad". "Ciertamente no debería haber problema, eso fue hace muchos años. Pero permítame recordarle que estoy casada, y justo ahora, soy su emperatriz", esta vez fue ella quien dio media vuelta dispuesta a entrar a su hogar, pero igualmente se detuvo para escuchar lo próximo que diría aquel hombre. "¿Recuerdas?" "¿Recordar? Claro que recuerdo, ¿cómo podría olvidar nuestra pequeña relación?", Dylan rió sarcástico al escucharla, negó cruzándose de brazos. "¿Relación? Tú me rechazaste aquella vez". "Y usted se fue después", reclamó en un pobre intento de contener sus emociones, apretó sus manos en puños y se negó a la idea de voltear a verlo. "Estabas enamorada de él", el mayor comenzó a avanzar en dirección a la dama que le daba la espalda, escuchándola con su pulso acelerándose. "Y aunque no hubiera sido así, ¿de qué serviría si usted nos traicionaría la noche siguiente? Aceptemoslo, solo fue algo pasajero". Para cuando terminó de hablar, Dylan ya había pasado por su costado y se había posicionado frente a ella, tan cerca que podía sentir el calor de su pecho a escasos centímetros de distancia del suyo. El azabache la contempló por un largo tiempo, dudando entre si decir o no aquello que lo estaba aquejando, aquello que lo había mantenido prisionero durante tanto tiempo. "Tal vez...", susurró con la mirada perdida en los asustados ojos grises, "Lo mío era más que algo pasajero". Susan contuvo su respiración por un segundo antes de cambiar de tema, sabiendo que el rumbo que estaban tomando no era el indicado. "Creciste bastante desde la última vez que te tuve tan cerca", comentó regresando a su rostro serio, recuperando la compostura, pero su cuerpo negándose a alejarse de aquel que había significado tanto para ella en antaño. "Hace 26 años..." la emperatriz lo miró a los ojos, con el rostro alzado e impasible demasiado cerca del contrario, fue entonces que la mirada femenina se volvió triste. "Hemos mentido bastante, ¿verdad, Dylan?" El nombrado no contestó, en su lugar se apartó de golpe, como si la realidad le hubiera empujado, la observó y respirando agitado pasó por uno de sus costados dando largos pasos, Susan giró para verlo una última vez. "Si yo hubiera aceptado aquella vez...", agregó con rapidez antes de que ya no pudiera detenerlo de salir de su propiedad. Dylan tragó en seco y contestó deteniendo sus pasos. "Me habría quedado", ladeó el rostro lo suficiente para conectar de nuevo su mirada con la de ella y volvió a hablar, "Todavía me quedaría", dicho esto desapareció tras la puerta del muro que rodeaba la casa de los Grace. A unos metros de ellos, recargados sobre la pared de uno de los costados de la morada, Ulises y Tania se mantenían en silencio, después de haber escuchado toda la conversación. Tania reprimía los sollozos y se permitía ser abrazada por su mejor amigo, quien comprendiendo el dolor en el que la mujer acababa de entrar no dudo en darle consuelo. Esa noche, Dylan Orbil debía partir a un pueblo vecino en un nuevo viaje, del que no regresaría hasta dentro de una semana, dejando en el proceso a tres personas con el corazón oprimido.
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