Guardo las monedas, que habían dejado sobre la mesa como propina, en el bolsillo de mi delantal y limpio la superficie de la mesa con un paño húmedo.
Veo como un chico alza su mano en el aire y camino hacia allí cansada. Creo que aún quedan tres horas para que mi turno acabe pero ya estoy demasiado agotada, tuve que tomarme doble turno este mes porque necesito el dinero.
—¿Qué iban a pedir? —el chico que había alzado la mano me analiza de pies a cabeza.
—Apúntame lo que sea mientras me asegures que tú vienes incluida, muñeca —tiene la intención de nalguearme pero le meto un puñetazo en el medio de la cara.
—¡La próxima vez te lo piensas dos veces! —escupo furiosa.
—¡Que era un piropo, desquiciada! —exclama con expresión de dolor.
—Pues te metes los piropos por donde te quepan, cerdo —me dirijo hacia atrás de la barra para atender desde allí.
Mi jefe aparece a mi lado y me observa serio.
—¿Qué ha sido eso, Amelie? —suspiro y le observo.
—El muy cerdo quiso tocarme el culo —espeto con tono de molestia—. Es lo menos que se merecía, Frank —él palmea mi hombro.
—Iré a hablar con él —relame sus labios—. Pero no vuelvas a agredir a otro cliente, Amelie —asiento volteando mi mirada.
Frank se aleja y va a la mesa de ese chico.
Mi amiga aparece frente a mí y deja la bandeja encima de la barra.
—Necesito dos Coca-Cola con hielo, unos nachos y una cerveza —lee la nota en su pequeña libreta.
—Enseguida, Claire —saco el botellín de cerveza y lo dejo en la bandeja.
—¿Te ha hecho algo aquel degenerado? —niego mientras lleno los dos vasos con la gaseosa.
—Mi puño impactó en su rostro mucho antes de que pudiese hacer algo —ella asiente.
—Admiro que puedas defenderte tú misma de esa forma, Amy —medio sonrío.
—Son cosas que una aprende cuando comienza a quedarse sola en el mundo —murmuro.
Coloco los nachos en la bandeja especial para ellos, y luego acomodo todo lo que Claire necesitaba para su pedido.
—El pedido está listo —ella sonríe y se va con su bandeja a alguna de las mesas.
Limpio la barra, ya que estaba algo pegajosa y, en eso, Connor toma asiento frente a mí.
—¿Qué haces aquí, Connor? —le observo seria.
—Vine para esperar a que mi hermosa novia acabe su turno —le dedico una mirada amenazante—. Está bien —suspira—, necesito dinero para pagar una cuenta de la casa —coloco mis ojos en blanco.
—¿Dé dónde crees que voy a sacar dinero, Connor? —él muerde su labio inferior.
—Te la pasas aquí metida, es evidente que algo de dinero tienes que tener, Amy —suspiro y saco los últimos treinta dólares que me quedaban.
—No tengo más que eso —dejo el dinero frente a sus ojos.
—Te quiero, nena —me sujeta las mejillas y besa mis labios—. Te esperaré en tu casa —toma el dinero y se va como alma que lleva el diablo.
Connor siempre ha sido así, se mete en deudas que luego no puede pagar y siempre está pidiendo dinero prestado, el cual nunca vuelve.
Pasan las horas que quedaban de turno y, junto con Claire, caminamos hacia nuestras casas. Vivimos a unas casas de distancia; así que, nuestro trayecto siempre lo hacemos juntas.
—Vi a Connor en el bar —menciona ella—. ¿Quería dinero? —asiento—. Amy... —utiliza su tono de reproche.
—Lo sé, Claire —susurro—. Tengo que hablar con él pero es mi novio y debo ayudarle —ella niega.
—La misma fuerza con la que golpeaste al tipo del bar la debes utilizar para enfrentar al imbécil de Connor —señala—. Te está utilizando como su puto banco, Amelie —asiento lentamente.
—Hablaré con él —me observa totalmente seria—. Esta vez es de verdad —ella besa mis mejillas.
—Espero que así sea, Amy —suelta aire—. Nos vemos mañana —se despide y la veo alejarse hacia su casa.
Abro la puerta de mi casa y, al ingresar, un olor repugnante inunda mis fosas nasales. Enciendo la luz y veo a Connor en el sofá con unas flores de marihuana encima de su pecho.
Camino hacia la cocina y lleno un vaso con agua fría, al volver a la sala se lo lanzo en la cara.
—¡CARAJO! —despierta totalmente sobresaltado—. ¿Por qué mierda haces eso, loca? —me observa furioso.
—¡Te estuviste drogando en mi casa, Connor! —exclamo furiosa dejando el vaso encima de la mesa de centro.
—Esto es pasto —lanza la marihuana al suelo.
—No soy idiota, Connor —observo su rostro con furia—. Me prometiste que lo dejarías —él asiente con una expresión de lástima—. ¿Y entonces qué haces con eso aquí?
—Es que fue más fuerte que yo, Amelie —bufa—. Fue como si me hablase y atrajese con su efecto idiotizador —se excusa.
—Todo el dinero que me has pedido, fue para tu maldito vicio, ¿verdad? —niega.
—Una de las veces que te pedí fue para comprarte un obsequio —rasca su nuca.
—Me compraste un obsequio con mi dinero —suelto una risa amarga—. ¿Sabes que, Connor? —me observa con atención—. Lo nuestro ya no llegará a ninguna parte —su rostro refleja confusión.
—¿A qué te refieres, nena?
—Terminamos, Connor —suelto con firmeza y él niega.
—Tú no puedes dejarme —se coloca de rodillas frente a mí—. Tú y yo somos el uno para el otro, nos amamos, nena —abraza mi cintura.
—Eso debiste pensarlo antes de traicionarme, antes de romper la promesa que me hiciste —intento alejarlo pero es imposible.
—Te juro por todo el amor que te tengo que cambiaré, cariño —besa mi abdomen—. Yo te amo mucho —niego divertida.
—Veo que me amas demasiado, tanto que te importa una mierda lo que nos prometimos —veo como pasa saliva—. Te largas porque llamo a la policía —lo alejo con una patada y cae de espaldas.
—Yo soy el mejor y único hombre que vas a tener en tu vida —se levanta del suelo.
—Lo dudo muchísimo, Connor —se detiene en la puerta.
—Jamás me olvidarás porque soy el único compatible para ti, el único que conoce toda tu miseria y aún así te sigue amando —cierro la puerta en sus narices y le coloco seguro para que no vuelva a entrar.
Se le oye gritando alguna tontería allí fuera pero no hago caso.
Observo el desastre que ha dejado en la sala y suspiro profundamente.
—Lamentablemente no se organizará por si solo —musito en mi fría soledad.
Camino a la cocina y tomo una bolsa de basura, vuelvo a la sala y comienzo a lanzar todo dentro de ella: las botellas de cerveza se van acumulando, toda la marihuana igual.
Dejo la bolsa con basura a un lado y comienzo a acomodar el sofá. Pero al levantar uno de los cojines encuentro varias bolsas con pastillas y polvos blancos.
—Esto tiene que ser una broma —tomo las tres bolsas que había allí y voy hasta el baño.
Levanto la tapa del inodoro y dejo caer el contenido de las tres bolsas allí dentro.
—No puedo creer como pude ser tan ciega —jalo la cisterna y veo como todas las pastillas y demás desaparecen por el drenaje.
Vuelvo hacia la sala y lanzo las bolsas vacía a la otra que tenía para la basura.
Creo que paso gran parte de la noche organizando y limpiando la sala pero no solo limpié esa área de mi casa; necesitaba buscar por si había más droga escondida aquí y sí, en mi habitación también había.
Coloqué toda la casa patas arriba por dedicarme a limpiar en profundidad.
¿Estoy cansada? Sí, pero esto ayuda a poner en paz mi mente y mis ideas.
Cierro bien las dos grandes bolsas de basura que recolecté en mi limpieza y salgo de la casa para dejarlas en el contenedor de basura. Las lanzo allí dentro y observo la desolada calle.
Está a punto de amanecer, la limpieza de la casa me llevo más tiempo del que me hubiese gustado. Lo bueno es que mañana era mi día libre; así que, podré descansar lo suficiente.
Vuelvo a ingresar en mi casa y cierro la puerta con seguro.
Hambre no tenía, por lo cual, no pienso comer nada.
Voy al baño para darme una ducha renovadora.
Paso más de media hora debajo del agua caliente; aclaro un poco mis ideas, silencio los malos pensamientos y trato de centrarme en lo nuevo que tengo que hacer.
Envuelvo mi cuerpo con la toalla y me acerco al lavabo. Cepillo mis dientes con lentitud, en cuanto acabo voy a mi habitación para colocarme el pijama.
Me siento sobre la cama y tomo mi libreta junto con un bolígrafo para comenzar a escribir.
¿Qué escribo?
Letras para canciones, canciones las cuales jamás nadie va a escuchar porque son para mí y nadie contará con la suficiente confianza en mí como para que me dedique a lo que en verdad me gustaría. Tampoco yo, no tengo los medios suficientes para sustentarme una carrera como cantante.
Tarareo una suave melodía mientras que escribo versos en el papel.
|| ... ||
Vierto el café en mi taza y también en la de Claire.
—Gracias, Amy —le sonrío—. Como te decía, estoy contenta porque hayas decidido dejar al idiota de Connor —la observo con seriedad.
—Claire... —suelto en tono de reproche.
—Lo sé —asiente como si supiese lo que estoy a punto de decirle—, pero tú mereces algo mejor que Connor. Necesitas pensar en ti, hacer lo que de verdad te hace feliz —da un sorbo a su café.
—¿Y qué es eso, según tú? —me dedica una sonrisa.
—¡La música! —exclama.
—Sabes que ese es un sueño inalcanzable —inmediatamente niega.
—Es inalcanzable porque no lo intentas, Amy —señala muy segura.
—No tengo lo suficiente —trazo el contorno de mi taza con mi índice—. Me falta mucho para llegar a ese punto —la oigo suspirar.
—¡Deja de desanimarte e inténtalo! —da un golpe a la mesa—. Lo siento —hace una mueca.
—Si tiene que pasar, pasará —coloca sus ojos en blanco.
—¿Qué hora es? —indaga ignorando lo que acababa de decir.
—Las 18:30 —respondo observando mi teléfono.
—Tengo que irme —acaba su café—. Gracias por el café y piensa en lo que te dije —se levanta y besa mi mejilla—. Nos vemos en la noche —asiento.
—Luego paso por el bar —menciono y ella sale de mi casa.
Llevo las tazas a la cocina y las lavo totalmente sumida en mis pensamientos. Enjuago el jabón de la última taza y la dejo en el escurreplatos junto a la otra.
Seco mis manos con el paño que estaba a un costado y me apoyo contra la encimera mientras mi mirada se fija en algún punto de la habitación.
La verdad, me encantaría poder dedicarme a mi música y sentirme feliz por crear. Pero, como le decía a Claire, lo veo como una misión imposible.
Mi teléfono comienza a sonar y yo camino para atender la llamada, la cual era del centro de reposo en donde se encontraba mi abuela.
—¿Hola? —coloco el teléfono sobre mi oreja.
—¿Estoy hablando con la señorita Bennett? —cuestiona una de las enfermeras.
—Ella habla —tomo asiento en el sofá—. ¿Sucedió algo con mi abuela? —cierta chispa de preocupación se instala en mí.
—No, para nada —responde apresuradamente—. La señora Irma está bien —siento alivio al oír eso—. Simplemente la llamaba para recordarle que mañana tendremos un desayuno con los familiares de los ingresados y sería una grata sorpresa para su abuela... —asiento lentamente.
—¿A qué hora sería?
—A las 10 de la mañana —lo agendo en mi cabeza.
—Perfecto —respondo—. ¿Puedo llevar algún regalo a mi abuela?
—¡Claro que sí! —exclama feliz—. La esperamos mañana por la mañana.
—Hasta luego —musito.
Decido levantarme y caminar a la cocina para hornear las galletas favoritas de mi abuela: galletas de avena con miel, manzana y un poco de canela. Ella me enseñó a hacerlas y siempre las preparábamos para tomar el té juntas.
Las preparo con todo el amor que tengo hacia ella; cuido de mi hermana y de mí desde el momento 0, cuando mis padres murieron dio todo de ella por cuidarnos. Luego de que hayan asesinado a mi hermana y mi abuelo se suicidara, ambas nos derrumbamos pero para ella fue peor porque enfermó, allí fue cuando tuve que buscar cualquier trabajo para poder pagar sus tratamientos.
Ahora está mejor pero decidió que lo mejor para ella sería estar en esa casa de reposo, yo apoye sus deseos y la visito bastante seguido.
Acomodo las galletas y en la bandeja para el horno, salen bastantes galletas de la preparación.
El horno ya lo había precalentado anteriormente, coloco la asadera en el horno y lo cierro con cuidado.
Lavo mis manos y todas las cosas que ensucié preparando las galletas, poco después, ya tengo todo en completo orden.
Coloco una pequeña bandeja con papel de cocina, para dejar las galletas allí luego de sacarlas.
Más o menos llevan media hora de cocción; así que, es el tiempo suficiente para alistarme para ir al bar.
Voy al baño, me quito la ropa que llevaba y me introduzco en la ducha. Ya tenía mi cabello limpio, lo había lavado esta mañana.
Quince minutos después, me encuentro en mi habitación eligiendo que ponerme; finalmente, me decido por un jean n***o de cuero, completamen ceñido a mis piernas y un top blanco de encaje.
Busco un calzado adecuado y escojo unos botines negros con cordones. En cuanto acabo de anudarlos, vuelvo a la cocina para sacar las galletas del horno.
Las dejo con cuidado sobre la encimera y voy dejando una a una sobre el papel de cocina de la otra bandeja. Lavo a la perfección la que acabo de sacar del horno y la acomodo con las demás cosas.
Vuelvo en mi habitación para acabar de arreglarme.
Me suelto el cabello y lo acomodo un poco, de forma que mis ondas se ven más pronunciadas. Coloco un poco de rímel en mis pestañas, hago un delineado sutil y tiño mis labios de color vino profundo.
Me aplico perfume en el cuello, guardo mis llaves y teléfono en mi bolso para volver a la cocina.
Busco un tupper para las galletas, en él coloco papel de cocina bien acomodado y voy trasladando las galletas allí dentro. No le coloco la tapa porque todavía estaban tibias, lo que hago es cubrir el tupper con un paño de cocina seco.
|| ... ||
Me siento frente a la barra y, enseguida, aparece Claire con una sonrisa completamente contagiosa.
—¡Pensé que no venías! —exclama.
—Casi que no lo hago —suspiro y me acomodo en el taburete—. ¿A qué hora acaba tu turno? —ella observa su reloj.
—A la una de la madrugada —suspiro—. ¿Quieres una margarita? —asiento.
Ella le hace una seña al barman y luego le susurra algo en el oído.
Mientras espero por el trago me deleito con la música que está haciendo el grupo que se encuentra tocando en este momento.
—Aquí tienes, Amy —Claire deja la margarita frente a mí.
—Gracias —doy un sorbo mientras mantengo mi mirada fija en ese grupo.
—Tocan muy bien, ¿cierto? —asiento ante la interrogante de mi amiga.
—Demasiado —musito impresionada.
Siento la mirada de Claire encima mía y volteo hacia ella.
—¿Sucede algo? —niega.
—Nada —sonríe—. Voy a atender la mesa tres, enseguida vuelvo —se va casi corriendo.
—Que extraño —vuelvo a dar un sorbo a mi trago.
Continúo observando al grupo que está tocando y, sinceramente, hay una atmósfera increíble en este lugar.
Un hombre alto, bastante fuerte, con la barba rasurada y ojos oscuros se coloca a mi lado pero no se dirige a mí, si no que pide una cerveza al barman.
—Hola —menciona en cuanto se percata que le estaba observando.
—Hola —medio sonrío y bebo de mi margarita.
—¿Vienes muy seguido aquí? —apoya uno de sus antebrazo sobre la barra y su cuerpo queda frente a mí.
Lleva una camisa blanca con las mangas arremangadas y los primeros botones sin prender, unos pantalones negros y su muñeca es decorada por un reloj dorado.
Le veo sonreír levemente; supongo que se ha percatado que estuve haciendo un análisis de su cuerpo.
—Lo siento —suelto avergonzada.
—Tranquila, no eres la única que analiza a la gente —ambos reímos—. Y, ¿vienes mucho al bar? —asiento.
—Digamos que sí —veo como frunce su entrecejo—. Trabajo aquí —asiente lentamente.
—¿Estás trabajando ahora mismo? —estaba a punto de responder pero Frank aparece en la barra y me observa.
—Lamento interrumpir tu amena charla, Amelie —sonríe levemente—. Necesito proponerte una cosa —observo al chico que estaba a mi lado y a mi jefe.
El barman le entrega la cerveza y él da un largo sorbo.
—Hoy es mi noche libre, Frank... —le recuerdo.
—Eso ya lo sé —asiente—. Pero es otra cosa —le observo confundida.
—¿Entonces de qué? —observa el escenario.
—Para que te subas allí —señala con su mentón.
—¿A qué? —suelto confundida—. ¿A limpiar?
—Creo que está diciendo que cantes o toques —menciona el chico y da un sorbo a su cerveza.
Parpadeo varias veces y Frank medio sonríe.
—Exactamente lo que el joven dijo —inmediatamente niego.
—Yo no canto —miento.
—Sé que lo haces porque me hicieron escucharte; así que, quiero que subas —coloca sus manos sobre la barra.
Volteo mi rostro hacia el chico que estaba ahí y se encontraba analizando mi rostro.
—¿Por qué me observas? —él niega—. Tú no puedes obligarme a hacer algo que no quiero, Frank —le señalo con mi índice.
—Es tu jefe —observo de malas al desconocido.
—No estás ayudando, desconocido —él simplemente ríe.
—¿Piensas subir, Amelie? —Claire aparece junto a Frank.
*Aquí ella tuvo algo que ver, no cabe duda.*
—Vamos, Amy —suplica ella—. No te vas a arrepentir de cantar y a los demás les encantará oírte —sujeta mi mano—. Esto podria ser algo bueno para ti —me observa con ternura.
—No sé, Claire —balbuceo.
—Por favor, hazlo por tu familia —toca una fibra sensible de mí.
—Tienes dos minutos para decidir, Amelie —suelta Frank antes de desaparecer.
—Amy, yo sé que tú puedes —suspiro ante el comentario de Claire.
—Yo que tú lo haría —observo al chico—. Si tu amiga tanto te está insistiendo, es porque eres buena —palmea mi hombro.
—¿Y tú quién eres? —cuestiona Claire confundida.
—Mi nombre es Blake —no falta la inspección rápida por parte de Claire—. Y estoy de acuerdo con que tienes que cantar —me observa fijamente.
Observo a mi amiga y tiene expresión suplicante en su mirada; así que, suspiro derrotada.
—Lo haré —musito y ella chilla de alegría.
—Tienes la canción Angels Like You preparada para ti —menciona y asiento lentamente.
Me levanto del taburete y me encamino hacia el escenario.
Subo lentamente los tres peldaños que habían para llegar allí arriba, me acerco al micrófono y mis ojos viajan hacia mi amiga la cual me anima desde su lugar, y el chico que se encontraba allí me dedica una sonrisa de aliento.
La canción comienza a sonar y me preparo para cantar lo que se viene.
Paso saliva, nerviosa, y afino cada nota de la canción que conozco a la perfección.
“Flowers in hand, waiting for me
Every word in poetry
Won't call me by name, only baby
The more that you give, the less that I need
Everyone says I look happy
When it feels right
I know that you're wrong for me
Gonna wish we never met on the day I leave
I brought you down to your knees
'Cause they say that misery loves company
It's not your fault I ruin everything
And it's not your fault I can't be what you need
Baby, angels like you can’t fly down hell with me
I'm everything they said I would be
La, la, la
I'm everything they said I would be”
Cierro mis ojos y continúo cantando con toda la pasión que me hace sentir la música.
“I'll put you down slow, love you goodbye
Before you let go, just one more time
Take off your clothes, pretend that it's fine
A little more hurt won't kill you
Tonight, mother says, "You don't look happy"
Close your eyes
I know that you're wrong for me
Gonna wish we never met on the day I leave
I brought you down to your knees
'Cause they say that misery loves company
It's not your fault I ruin everything
And it's not your fault I can't be what you need
Baby, angels like you can't fly down hell with me
I'm everything they said I would be
I know that you're wrong for me
Gonna wish we never met on the day I leave
I brought you down to your knees
'Cause they say that misery loves company
It's not your fault I ruin everything (everything)
And it's not your fault I can't be what you need
Baby, angels like you can't fly down hell with me, oh
Angels like you can't fly down hell with me.”
Mi mano va bajando lentamente mientras la nota va perdiendo su fuerza.
Comienzo a oír infinidad de aplausos, lo cual me sorprende muchísimo. Mis piernas están temblando, al igual que mis manos pero les sonrío a todos y musito un "gracias" para luego bajar del escenario.
Claire llega hacia mí y me envuelve en un efusivo abrazo.
—¡Estuviste espléndida! —exclama feliz.
—Gracias por esto, Claire —niega rápidamente.
—Todo te lo debes a ti —aprieta mis hombros—. Simplemente te di el empujón que necesitabas —se acerca a mi oreja—. Y creo que deberías hablar con este chico, parece bastante interesante —me codea.
—Eres lo que no hay —suelto riendo.
—Tengo que atender una mesa, enseguida vuelvo —me guiña y sale casi corriendo.
Tomo asiento en el taburete que me encontraba y veo que hay una nueva margarita frente a mí.
—¿Y esto? —le observo confundida.
—Es para que me acompañes a brindar —arrugo aún más mi entrecejo—. Alza tu copa —eso hago y me observa con detenimiento—. Quiero brindar porque tienes un talento maravilloso, porque estuviste magnífica y me deleitaste, no solo con tu voz, sino que también con tu belleza —musita lo último y hace que nuestras bebidas choquen.
—Salud —doy un trago a mi margarita y él me sonríe coqueto.