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3280 Words
Mientras esperaba a que el turno de Claire acabase, Blake se quedó conmigo toda la noche. Hablamos de una forma agradable, es muy simpático y gracioso. —¿Qué hora es? —cuestiono mientras busco mi telefóno. —Es la 1:30 de la madrugada —responde Blake observando su reloj. Observo los alrededores y veo que Claire está atendiendo demasiadas mesas. —Creo que a tu amiga se le pasó un poco el tiempo —fijo mis ojos en él. —Eso parece —suspira. Mi amiga llega corriendo hacia mí y le pide al bartender unas bebidas para una mesa. —Lo siento, Amy —menciona agitada—. Frank me dijo que cierre el bar... —asiento—. Lo siento mucho, no quería dejarte sola —niego. —No es nada, Claire —acomodo mis cosas en mi bolso—. Ya tengo que irme —beso su mejilla. —Puedo llevarte, si quieres —Blake me observa y yo a él. —No, gracias —estaba a punto de irme pero Claire me detiene. —No pienso dejar que te vayas sola —la observo con una ceja arqueada. —¿Y quieres que me vaya con un desconocido? —la rubia se voltea hacia Blake. —¿Eres un asesino, violador, mafioso, narcotraficante o algo así? —veo como el rostro de Blake se ilumina de confusión. —Definitivamente no —suelta entre risas—. Yo puedo llevarla, tengo el coche fuera —hace una seña al bartender para pagar. —Yo pagaré lo mío —menciono y Blake niega. —Te invito por tan buena actuación —Claire me observa. —Me envías un mensaje cuando llegues, Amy —me abraza y acaricia mi espalda—. Tú —señala a Blake—, la cuidas —él asiente. Blake termina de pagar las bebidas y se levanta de su asiento. —Vamos —hace un gesto con su mano y ambos salimos del bar—. Tengo el coche aquí cerca —asiento. Le sigo los pasos hasta que llegamos a un automóvil blanco, se veía bastante lujoso. ¿La marca?, Dios la sabrá, no entiendo nada de esto. —¿Quieres que te abra? —se acerca a mi lado. —No es necesario, gracias —le medio sonrío y él rodea el coche hasta subirse. Abro la puerta y me adentro allí. Al sentarme me coloco el cinturón de seguridad y me percato de que tengo la mirada de Blake sobre mí. —¿Tengo algo en la cara? —niega riendo. —Pensé que me patearías el trasero para irte sola —hago una mueca con mis labios. —No lo hice por Claire —asiente lentamente y comienza a tocar cosas en el GPS del coche. —Escribe tu dirección ahí —señala y eso hago—. Perfecto —suelta en cuanto acabo de escribir. Me acomodo en el lugar y mantengo mi vista fija hacia el frente. —¿Hace muchos años trabajas en el bar? —ya había comenzado a conducir sin prisa. —Bastantes, sí —no me volteo a verle. —Pero te gusta cantar —lo afirma—. ¿Por qué no te dedicas a ello? —Porque no he tenido la oportunidad —comienzo a jugar con una pulsera que me había obsequiado mi abuela. —Deberías enfocarte en eso, tienes mucho talento —volteo a verle—. Hablo en serio —asiento lentamente. —¿Tú visitas el bar por primera vez? —le veo asentir. —Pero ahora pienso ir más seguido, si me aseguras que te oiré cantar —su comentario me hace sonreír. —No creo que vuelva a suceder... —chasquea su lengua. —Pues debería —detiene el coche frente a su casa—. Y Cenicienta llegó sin su calabaza —lo observo confundida. —¿Qué dices? —Yo me entiendo —niega y enciende la luz que había en el techo del coche—. Fue un placer haberte conocido, Amelie —mantiene su mirada fija en la mía. —Lo mismo digo, Blake —se acerca a besar mi mejilla y su hipnotizante perfume inunda mis fosas nasales. *Es un perfume muy agradable, no es muy fuerte ni muy suave. Es perfecto.* Se aleja y sus labios rozan la comisura de los míos, lo cual me tensa por un momento. —Muchas gracias por haberme acercado a mi casa —Blake aprieta con suavidad mi hombro. —Lo hice con gusto —asiento. Abro la puerta del coche y desciendo. —¡Espero volver a verte pronto, Amelie! —agacha su cabeza. —Hasta luego, Blake —cierro y camino hacia mi casa. Sé que su coche sigue allí porque en ningún momento escuché el motor rugir. Cierro la puerta de la casa y me coloco junto a la ventana, sin encender las luces; es ahí, cuando el coche desaparece. Enciendo las luces y voy a la cocina, veo el tupper de galletas con el paño de cocina arriba. Me acerco a la encimera, quito el paño y le coloco la tapa. —Listas para mañana —suspiro. No tenía hambre; así que, lo mejor sería darme una ducha y dormir para mañana poder ir a visitar a mi abuela. || ... || Ingreso al centro de reposo y una de las enfermeras me recibe con una cálida sonrisa. —Buen día, Susan —la saludo amablemente. —Es un placer verte por aquí, Amy —me devuelve la sonrisa. —La última vez que estuve aquí me dijeron que tenías permiso por maternidad —asiente—. ¿Y ese hermoso bebé cómo está? Toma su teléfono y lo voltea, dejando ver una fotografía de un bebé con mofletes apetecibles y una hermosa sonrisa. —Se ve muy tierno —sonrío totalmente enternecida—. ¿Cómo se llama? —Archie —le quito la tapa al tupper de galletas y lo tiendo hacia ella. —Ten una, te la mereces —eso hace. —Muchas gracias, Amy —le doy un leve asentimiento—. Tu abuela está en su habitación, se estaba preparando para desayunar. —Pues allí voy —cierro el tupper—. Nos vemos, Susan —me saluda con su mano y yo comienzo a caminar hacia la habitación de mi abuela. Varios abuelitos y abuelitas me saludan, ya que la mayoría me conocen de cada vez que vengo a visitar a mi abuela. Llego a la respectiva habitación de mi abuela e ingreso sin golpear, como siempre hago. —¡Santo cielo! —exclamo al ver la escena de la que soy espectadora. —¡Amy, no veas! —exclama mi abuela cubriendo su cuerpo con las cobijas. Inmediatamente me volteo ante los dos desnudos que se encuentran encima de la cama. —Te espero en la sala, abuela —menciono y salgo a gran velocidad. Me abrazo al tupper de galletas y voy con mi mente en blanco, literalmente. Mis pasos se ven interrumpidos por un cuerpo fornido, el cual impacta contra mí. —Lo siento, no veía por donde caminaba —musito apenada. —No te preocupes, Amy —le observo confundida hasta que me percato que es Blake. —¿Qué haces aquí? —Vengo a visitar a mi abuelo —asiento lentamente—. ¿Y tú? —analiza mi rostro. —Estoy visitando a mi abuela —asiente lentamente. —Que coincidencia volverte a encontrar —hago una mueca con mis labios. —No creo en las coincidencias —le observo detenidamente—. Vengo aquí varias veces y es la primera vez que te veo por aquí... —baja su mirada. —Ingresé a mi abuelo hace dos semanas, suelo venir por las tardes porque no tengo mucho tiempo en las mañanas —explica tranquilo—. Pero a él no le gusta que lo visité excesivamente —suspira. —¿Quieres una galleta? —quito la tapa y extiendo el tupper hacia él—. Son de avena, miel, manzana y canela —le informo y él toma una. —¿Tú las hiciste? —asiento y da un mordisco—. ¿Hay algo que no hagas bien? —siento como mis mejillas se ruborizan. —¿Quién es tu abuelo? —vuelvo a cerrar el tupper. —Se llama Emil —veo como observa por encima de mi cabeza—. De hecho, ahí está. ¡Hola, abuelo! —exclama y se acaba la galleta a la boca. Me volteo y caigo en cuenta de que ese es el hombre con el que sorprendí a mi abuela minutos atrás. Para mí sorpresa, ella viene junto a él. —Hola, muchacho —abraza a su nieto y palmea su espalda—. Gusto en verte —el señor me observa a mí—. ¿Ésta muchacha es tu novia? —abro mis ojos sorprendida. —¡No! —exclamo inmediatamente. —No, abuelo —Blake suelta riendo—. Estaba yendo a por ti y chocamos en el camino —su abuelo asiente. —Pues harían bonita pareja, ¿no, Irma? —observa a mi abuela. —No puedo negarlo —ella me observa—. Pero mi nieta ya tiene un novio —abro mis ojos como platos—. Aunque el muchacho ese no me agrada mucho —hace una mueca. Siento unos pesados ojos sobre mí. —Traje tus galletas favoritas, abuela —cambio abruptamente el tema—. Espero que te gusten —le entrego el tupper. —Oh, mi niña —se acerca y me abraza, no puedo negarme a sus abrazos; así que, correspondo sin dudarlo—. Muchas gracias —besa mi mejilla. —¿Qué les parece si desayunamos todos juntos? —propone el abuelo de Blake. —A mí me parece una buena idea —concuerda mi abuela. —No tengo mucho tiempo —miento pero, inmediatamente, mi abuela niega. —No nací ayer, cariño —señala con su índice—. Con Emil vamos a buscar una mesa en el comedor, los esperamos allí —tras decir eso, toma a Emil de la mano y desaparecen. *Esto ya no es agradable...* —¿Así que, tienes novio? —volteo a verle. —Para mi abuela sí pero no sabe que terminé con él —musito. —Lamento mucho eso —niego. —Créeme que así estoy mejor —medio sonríe. —¿Vamos con nuestros abuelos? —asiento. —Te daré un consejo que comenzaré a aplicar a partir de hoy también —él me observa—, golpea la puerta de tu abuelo antes de entrar, te ahorrarás un susto —suelta una risa contagiosa. —¿Estás insinuando lo que yo creo? —enarca su ceja y yo asiento—. Arruinaron tu infancia, Amy —palmea mi espalda. —Nunca creí presenciar a mi abuela teniendo sexo y menos aquí —vuelve a reír—. No es gracioso —coloca sus manos abiertas frente a él. —Lo es, el sólo hecho de imaginar esa escena ya lo es —frunzo mi ceño—. A ti viéndolos, no a ellos teniendo sexo —coloca su mano en mi espalda—. Mejor vamos a desayunar antes de que vengan a buscarnos —me guía hacia el comedor. Ingresamos y los vemos charlando, muy juntos, con una sonrisa de oreja a oreja. —Creo que aquí hay algo que no nos han dicho —menciona Blake. —No, ¿en serio? —suelto de forma irónica—. Que bueno que te has dado cuenta, Blake —palmeo su espalda—. Bien hecho. —Vamos, Amy —camina hacia la mesa y yo le imito. En cuanto ambos nos sentamos, nuestros abuelos nos observan atentamente. —¿Quieren té o café? —cuestiona mi abuela. —Café —menciono yo y ella va a servirme pero Blake la detiene. —Yo lo hago, señora —él toma la pequeña cafetera y vierte el contenido en mi taza para luego hacer lo mismo con la suya. —Gracias —musito. Coloco dos cucharadas de azúcar a mi café y lo incorporo con la cuchara que había a un costado de la taza. —¿Qué tal el trabajo, muchacho? —Blake deja su taza. —Bien, todo marcha mejor —asiente lentamente. —Me alegra mucho oír eso, sabía que eras el indicado para esto —veo como Blake baja su mirada. —¿Todo bien, mi niña? —asiento—. ¿Cómo estás tú? —Estoy bien, abuela —ella aprieta mi mano sobre la mesa—. El trabajo en el bar va muy bien —hace una mueca. —No me gusta que trabajes allí —comienza a remover su té—. Hay muchos tipos desagradables que se quieren propasar con las mujeres —se queja. —Canta muy bien —menciona Blake antes de beber su café. —¿Cantas? —mi abuela me observa. —Claire hizo que mi jefe me diese un espacio para cantar en el bar —veo iluminarse la mirada de mi abuela. —Esa chica es un tesoro —sonríe con dulzura—. Me gusta que ambas sean amigas. —Sí, tengo suerte de tenerla —veo como Emil habla con Blake de cosas que no logro comprender sobre números, estadísticas y cosas así. —¿Cómo va todo con ese Connie? —suelto una pequeña risa. —Terminé con él, abuela —abre sus ojos sorprendida. —Ya era hora —oigo como Blake ríe—. Ese chico no era bueno para ti, cariño. Tú necesitas alguien que te quiera y respete, no puedes esperar menos para ti —asiento lentamente. —No quiero estar con nadie ahora, abuela —me percato en como voltea su mirada. —Bien, chicos —habla Emil—, con Irma debemos contarles algo —suspira e intercambian miradas entre ellos. Blake se recuesta en la silla y los observa, yo cruzo mis brazos y piernas sin quitar mis ojos de ellos. —Emil y yo estamos juntos —intercambiamos miradas con Blake y ambos reímos. —¿Qué es lo gracioso? —indaga mi abuela. —Era algo evidente —suelta Blake tranquilo—. No creo que tengan sexo porque les aburren los juegos de mesa —muerdo mi labio inferior conteniendo una risa. —¿Cómo sabes eso tú? —cuestiona Emil. —Yo le conté —respondo—. Perjudicaron mi vista; nunca creí ver a mi abuela teniendo sexo —veo como la susodicha se ruboriza. —No contábamos con que tú fueras a entrar sin golpear —observo a mi abuela seria—. ¿Les molesta que estemos juntos? —Por mí está todo bien, si ustedes son felices —Blake se encoge de hombros. —Opino lo mismo —les regalo una sonrisa—. Sólo espero que haya respeto entre ustedes y se cuiden —Emil rodea a mi abuela con su brazo. —Cuidaré a tu abuela con mi vida —besa su mejilla. —Gracias —sonrío. —Hacen muy buena pareja —señala Blake. —Muchas gracias, Blake —mi abuela le sonríe. Observo la hora en mi reloj y me levanto lentamente. —No quiero arruinar el momento pero debo irme ya —saludo a mi abuela y también a Emil. —Pero trabajas en la noche, cariño —niego. —Tengo doble turno —hago una mueca—. Necesito volver a casa para más tarde ir allí —ella acaricia mi mano. —Nos vemos la próxima, cariño —asiento. —Les dejo las galletas que quedan —observo a Blake—. Adiós, Blake —él me sonríe. —¿Por qué no la llevas, muchacho? —sugiere su abuelo. —Para mí no es molestia —responde él—. Pero no sé qué le parezca a la señorita —suspiro. —Está bien —musito. Blake se levanta y se despide de nuestros abuelos para luego salir del residencial juntos. —Parece ser que el destino se empeña en unir nuestros caminos, querida Amy —se acerca a mí en cuanto estamos frente a su coche. —Eso o has estado acechando —niega riendo. —Lamento desilusionarte pero no es mi estilo —acomoda un mechón de mi cabello detrás de mi oreja pero luego hace aparecer una tarjeta—. También soy mago —tiende la tarjeta frente a mí. —¿Esto qué es? —la tomo entre mis dedos. —Es el contacto de mi mejor amigo, es productor musical —lo observo incrédula. —¿Es broma? —niega. —Te grabé el día que cantaste en el bar y se lo mostré a él —explica—, le gustaste y me dijo que esperaba tu llamada —parpadeo varias veces. —No lo creo —se acerca un poco más a mi rostro. —Pues debes creerlo porque es una gran oportunidad para ti —su aliento mentolado choca contra mi rostro. —No te conozco y estás haciendo estas cosas —sonríe de lado. —Ahora somos "cercanos" —hace comillas con sus dedos—. Nuestros abuelos se encargaron de ello —ambos reímos. || ... || Blake estaciona frente a mi casa y noto que Connor está golpeando la puerta mientras grita tonterías. —Esto tiene que ser una broma —suspiro cansada. —¿Y ese quién es? —cuestiona Blake observando a Connor. —Mi ex novio —volteo a verle—. Gracias por traerme, otra vez. Hasta luego —beso su mejilla y bajo del coche. Al cerrar la puerta Connor voltea y observa a Blake. Me acerco hacia él lo más rápido posible porque sé que es capaz de hacer una locura y es lo menos que necesito en este momento. —¿Ya te estás acostando con otro? —suelta en cuanto me acerco—. Acabas de terminar conmigo y ya tienes a otro entre tus piernas. —No seas imbécil, Connor —bramo—. ¿Qué mierda haces en mi casa? —¡Eres una zorra! —exclama ignorando lo que le pregunté—. ¡Una completa prostituta! —estampo mi mano en su mejilla con toda mi fuerza. Inmediatamente voltea para luego sujetarme por los hombros y me estampa contra la pared. —¡Tú no me tienes derecho a golpearme, acabaré cont... —un fuerte empujón y golpe contra la pared interrumpe sus palabras. Blake le da un puñetazo y hace que su espalda se golpeé contra la pared, pero muy fuerte. —¡NUNCA EN TU PUTA Y MISERABLE VIDA VUELVAS A PONERLE UNA MANO ENCIMA A AMELIE NI A OTRA MUJER! —grita totalmente enfurecido. —Déjame, hijo de puta —habla entre dientes. —¡Lárgate de aquí y no la vuelvas a molestar! —escupe en su rostro—. ¿Queda claro? —Connor no responde y Blake lo golpea nuevamente—. ¡RESPONDE! —Sí, sí —responde con voz temblorosa. Blake lo suelta y Connor sale corriendo. —¿Estás bien, Amy? —asiento—. ¿Segura? —Sí... Gracias —balbuceo—. No debiste molestarte —él niega. —No podía dejar que te hiciese daño —envuelvo su cuerpo con mis brazos. Tarda en reaccionar pero, finalmente, sus brazos rodean mi cintura de una forma cálida.
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