—Eres una escoria, Kassandra Antón.
—¡Perdón, Sophie!
Kassandra se llevó las manos al rostro fingiendo llorar, quería causar tanta pena como fuera necesario. Sus lágrimas falsas corrían en su rostro dando fuertes sollozos.
—Eres una mujer tan fría y calculadora, primero engañas al Duque y ahora golpeas a su prometida ¿que más harás?
Joselin gritaba tan fuerte que ya había reunido más de cien personas a su alrededor.
Las personas comenzaban a murmurar y gritaban palabras obscenas a Sophie que seguía tirada en el piso.
—¡Ya no te reconozco hija! La llevaré al hospital señorita Antón.
Las palabras hirientes se seguían escuchando entre la multitud, por dentro Kassandra se regocijaba, su plan estaba resultando mejor de lo que esperaba.
—Les pido no le hagan nada, ella es sólo una mujer confundida, Sophie yo sólo quería ayudarte con el empleo y así pudieras mantener a tu hija.
—Señorita, ya no se moleste en hablar con Sophie.
Joselin tomó del brazo a kassandra y caminaron juntas dejando a Sophie al escrutinio, antes de seguir avanzando, Kassandra, soltó el último comentario venenoso para terminar de enterrar a la chica.
—Sophie ¿Podrías ya no buscar a mi prometido? Si dices que no, lo entiendo me alejaré de ustedes.
—¿Cómo que persigue a un hombre comprometido?
—¡Es una cualquiera!
—No tengo nada que ver con el Duque, señorita Antón, usted es quien debería dejarme en paz.
—¡Sophie, para ya! No te entrometas en la relación de la señorita, por primera vez en tu vida comportate como alguien decente.
Al marcharse, los presentes siguieron atacando a Sophie, le gritaban insultos y arrojaban lo que tuvieran en las manos, Sophie lucía miserable, cubría su rostro para evitar los golpes de la comida que le arrojaban. Sus lágrimas no se detenían, intentaba ponerse de pie pero las agresiones físicas se hicieron presentes, una chica se acercó y le dió una fuerte bofetada, perdió el equilibrio y cayó con fuerza, sus rodillas comenzaron a sangrar dolían demasiado.
—Las mujeres como tú qué se entrometen en la relación de otra, no merecen ni un poco de empatía. Por culpa de una mujer como tú mi padre abandonó a mi madre.
—¡Largo!
—¡Vete de aquí!
Los estudiantes gritaban y tiraban agua sobre ella, Sophie se puso de pie con dificultad, trataba de caminar entre la multitud pero jalaban si ropa y tiraban golpes hacia ella, estaba bastante lastimada pero ella solo quería salir de ahí, cubría su rostro no quería que esa humillación quedara gravada en los celulares de las personas que hacían directos.
Pudo llegar a la habitación, al abrir Eleazar que le daba de comer a Felicia, soltó el pequeño tazón para ayudarla.
—¿Que te pasó?
—Eleazar, no puedo más.
Se dejó caer al piso y sus lágrimas caían sin parar, Eleazar la abrazaba sintiendo como su cuerpo temblaba y al mismo tiempo se tensaba.
—Ahora mismo iré a poner la queja a servicios escolares, deben investigar y encontrar a los culpables.
—Ya no formo parte de la institución, me expulsaron.
—¡No puede ser posible! Eres la mejor de la carrera.
—Ya no, soy un fracaso.
El ánimo y las ganas de Sophie decayeron, de lo único que estaba segura era que debía dejar la residencia de estudiantes.
—Me tengo que ir mañana, pero ya no quiero estar aquí, me iré hoy mismo.
Eleazar la ayudó a sentarse, con delicadeza le ayudaba a secar el cabello, escuchaba con atención cada palabra de lo que sucedió en la reunión y después de ella.
—Mañana apelaremos, llamaré a mi padre para que me respalde.
—No quiero involucrar a nadie más, sería una batalla con la familia real y nadie quiere un enfrentamiento con ellos.
—La familia real ya no es como lo era antes.
El sonido de un papel deslizándose bajo la puerta los hizo girar el rostro para ver. Eleazar lo tomó y lo abrió, sus ojos se desorbitaron y lo intentó guardar.
—¿Que es?
—Nada, date una ducha y ve a descansar.
—Eleazar, no me mientas. Exijo me digas, que es.
Al abrir la hoja Sophie se desplomó de nueva cuenta, sus manos temblaban y sus lágrimas volvieron, una fotografía de Felicia y unas cuantas palabras amenazantes.
*O te vas ahora mismo, o llamaremos al padre de la bastarda para que se le lleven.
—Kassandra sabe quién es el padre de Felicia.
—No Sophie, no te asustes.
—Me tiene bastante vigilada, ya no puedo más.
—Iré a buscar a mi padre, Sophie quédate aquí y no le abras a nadie.
Eleazar salió a toda prisa, intentaba llamar a su padre mientras corría por los pasillos.
Cada que pasaban por el dormitorio, golpeaban con fuerza la puerta de Sophie gritando cosas espantosas.
Felicia comenzaba a asustarse y lloraba desconsolada. Sophie se dió una ducha rápida y se puso ropa deportiva, tocó su frente y rió con ironía tenía fiebre en un momento bastante inoportuno, esperaba a Eleazar cuando un hombre abrió de una patada la puerta.
—¿Quién eres tú? ¿Que haces aquí?
—Solo vengo a darte un pequeño aviso, la marquesa quiere que te escolte lejos de aquí o tengo órdenes de llevarme a esa niña.
—¡Noo! Largo de aquí, déjenos en paz.
Sophie abrazaba a Felicia, tratando de protegerla en todo momento, Felicia lloraba desconsolada y llena de miedo.
El hombre corpulento se acercó y tocó el cabello de Sophie, poniéndolo en la nariz para sentir el olor.
—Tienes media hora, o nos divertiremos un rato antes de hacerte desaparecer.
Temblando de miedo sacó una pequeña maleta, empacó documentos importantes y toda la ropa que pudo, en su mochila empacó cosas de Felicia, veía la pequeña habitación llena de todos los bonitos recuerdos que tenía con Felicia, sonrió con amargura y salió de ahí.
En el reloj eran las diez de la noche ya no había estudiantes fuera, las luces amarillentas iluminaban poco.
Sophie arrastraba la maleta con una mano y en el otro brazo cargaba a una pequeña de apenas un año de edad, caminó sin saber que hacer, llegó a la cafetería con la esperanza que Charles pudiera ayudarle, pero a lo lejos vió a ese hombre sentado tomando un café y revisando la hora.
Movió la cabeza y se alejó rápido, caminó por diez minutos más antes de encontrar un taxi, con el poco dinero que tenía no llegaría muy lejos.
—A la estación de autobuses, por favor.