Con su rostro visiblemente molesto, Alexander salió de la sala de juntas, Peter lo esperaba cerca con el teléfono en mano tratando de localizar a Sophie.
—¡Alexander! Me quieres explicar ¿el por que no quieres que expulsen a esa mujer?
—No es de tu incumbencia.
—¿No lo es? Por todos los cielos Alex, esa mujer te mintió tiene una hija bastarda que no tenemos idea de quién sea, se burló de ti.
—¡Cállate! No la menciones.
—Perfecto no la mencionaré, pero date cuenta que ella solo te causa daño. Alexander abre los ojos y deja que la corran.
—Vamos a la oficina, Peter.
Los hombres caminaron hasta el estacionamiento, Peter seguía por detrás s su jefe, quería decir algo pero no encontraba como hacerlo.
*— Alexander sigue dudando, no puedo creer que a pesar de todo lo que he fabricado no se desilusione por completo. Debo hacer algo definitivo, si no puedo hacer que Alexander la olvide.
Levantando una ceja buscó en su teléfono y presionó el botón para realizar la llamada.
*—¡Hola!
*—¿Ya transferiste mi pago?
*— Ya lo hice, pero... ¿Quieres el doble de lo que te pagué?
*— ¿De nuevo es contra Sophie?
*—Efectivamente, lo que estoy planeando hacer logrará que se largué para siempre y si lo hace te daré el doble.
*—Lo haré.
*—Tines media hora para llegar a la universidad. Te enviaré un texto con el plan que llevaremos acabo.
La llamada terminó, el plan de Kassandra era absurdo pero si lo realizaban bien, Sophie saldría más perjudicada.
Kassandra caminó lentamente a la sala de juntas, su amplia sonrisa era la muestra de lo confiada que se sentía hasta ahora.
—Señorita Antón, es todo por hoy, si gusta puede retirarse.
—Señor rector, quisiera estar presente cuando le entreguen a la señorita Cleiton su expulsión, me preocupa mucho la reputación del campus.
—Agradezco su preocupación e interés señorita Antón. Vamos, se le llamará a la señorita Cleiton en estos momentos.
Caminaron por diez minutos al edificio de dirección, en todo momento Kassandra fue amable con cuánto estudiante aparecía, el plan de hacerse notar como una mujer sencilla y amable estaba dando frutos, los estudiantes le sonreía educadamente, murmurando entre ellos, que la marquesa era demasiado gentil.
En la oficina esperaban Kassandra, el director de la carrera de derecho y y el rector de la universidad, Sophie llamó a la puerta y entró, jugueteaba con sus dedos nerviosos su rostro lucía pálido y cansado.
—Señorita Cleiton, la junta académica determinó que usted no es una persona moralmente adecuada para esta institución, aquí tiene su expulsión tiene 24 horas para abandonar el plantel.
Sophie dió un paso atrás perdiendo el equilibrio, a punto de caer se sostuvo de la silla en la cuál Kassandra permanecía sentada.
Su respiración aumentó, sus piernas temblaban y su voz apenas salía en un hilo entrecortado.
—¡No! No, por favor. Le pido no me expulse, me falta muy poco para graduarme y si lo hace no encontraré otra universidad que me acepte.
Sus ojos se movían desorientados, su voz al borde del llanto y temblando se acercó con dificultad al escritorio frente a ella.
—¡Se lo pido señor rector! Yo...
—¿Tu? Tu no eres más que una mujer de una reputación bastante dudable, Sophie Cleiton, las pruebas no mienten y no eres una persona con moral integra.
—¡Por favor! No lo hagan, permitan que me defienda, hasta el peor de los criminales tiene derecho a defenderse.
—Lo siento señorita Cleiton, pero...
—Como director de carrera de derecho usted sabe bien que tengo derecho a presentar una apelación.
—No está a discusión señorita, votamos y por mayoría de votos se decidió.
—La ley dice...
—Señorita Cleiton, está bien, tiene 48 horas para mostrar pruebas para poder permanecer.
—Eso es muy poco.
—Eso o nada.
Kassandra habló rápido antes de que el rector diera más tiempo. Se empezaba a complicar un poco, pero confiaba en que su plan saliera a la perfección.
—De acuerdo, en 48 horas me presentaré ante el consejo.
—El consejo ya decidió, ahora sólo será aquí.
Sophie solo asintió y salió de la oficina con la cabeza abajo, Kassandra se despidió y salió casi detrás de ella.
Al salir del edificio, Sophie caminaba lentamente sintió como una mano la tomaba del brazo con bastante fuerza clavando sus afiladas uñas en su pálida y delicada piel.
—Sabes bien que no podrás demostrar nada, será mejor que te largues de aquí ahora mismo.
—No me iré, necesito terminar mi carrera.
Las clases habían terminado y los alumnos comenzaban a salir de los edificios, una mujer se acercaba por detrás de Sophie con bastante sigilo para no ser escuchada.
—Te quieres quedar aquí para seguir detrás de mi prometido.
—¿Qué? Yo no quiero estar detrás de nadie, sólo quiero estudiar.
Kassandra observaba como se llenaban más los jardines, era hora de actuar en su papel de víctima, provocando a Sophie.
—¿Quieres un trabajo? Tengo uno de mesera para ti y así puedes mantener a tu maldita bastarda, por qué eso es esa niña tonta una bastarda.
—¡Cállate!
Sophie gritó soltando una fuerte bofetada en el rostro de kassandra, exagerando se dejó caer al piso de forma dramática, mordió su labio con fuerza hasta sentir el sabor metálico dentro de su boca y comenzara a caer por la comisura.
Joselin corrió a su lado y la tomó del brazo para estrujarla. Los jóvenes se comenzaron a acercar con los ojos llenos de asombro, sus miradas llenas de desprecio y juzgando a Sophie como la malvada que golpeo a una frágil mujer.
—¡Sophie! ¿Cómo puedes hacerle esto a la marquesa?
Joselin dió dos bofetadas, una chica ayudó a Kassandra a ponerse de pie.
—¿Se encuentra bien, marquesa?
—Si, gracias. Siento mucho que vieran esta escena.
—No se disculpe, ella es la que se debe disculpar, a parte de comportarse como una cualquiera se dedica a golpear a las personas.
—Es una mala persona.
—Sophie Cleiton, yo no te eduqué de esa manera, me avergüenza ser tu madre. Marquesa, pido perdón en nombre de mi hija, puede castigarme como guste.
—No es su culpa, ella es quien decide ser mala persona. Yo sólo te ofrecí un empleo Sophie, pero entiendo si no lo aceptas.