—¿Papá, que te dijo?
—No vendrá y terminó la llamada sin decir nada más.
—¡NO! Ahora seré el hazme reír de toda la sociedad en esta ciudad.
Isel cubría su rostro con sus manos tratando de ocultar las lágrimas que caían sin cesar.
—Haré lo que tenga que hacer para obligar a ese maldito Duque a casarse contigo.
—¡Papá, amenazarlo con quitarle el título! Dile que dejará de ser parte de la realiza.
—No puedo hacer eso hija, fue lo primero que se me ocurrió pero al investigar, descubrí que al no ser de nuestro reino no puedo quitar el título.
—¿Ahora que haremos? Lo necesitamos aquí.
—¡Ya lo sé! ¿Crees que soy estúpido? Estamos en números rojos, si nuestros parientes se enteran que estamos al borde de la ruina nos demandarán la corona. Me costó mucho tenerla en mis manos, no la dejaré ir tan fácilmente.
—A mí no me interesan tus problemas papá, yo quiero casarme con Alexander.
—¡Deberian hijita! Ya que si no mal gastarás millones cada fin de semana obviamente no estaríamos en esta situación.
—¿Sólo yo? Papá, no se te olvide que tus apuestas también juegan un papel importante, sigues apostando y siempre pierdes.
El rey salió de la habitación, no quería seguir escuchando que también tenía la culpa de la ruina bancaria de la corona.
En el palacio todo se desmoronaba lentamente, mientras en la universidad, Sophie seguía tan tranquila en sus clases y con su vida.
No pudieron cancelar la cena, decidieron que sería mejor seguir adelante con los planes y esperar un milagro de salvación.
—¡Hola prima! ¿Y Alexander? No lo veo por ninguna parte.
—¡Hola Kassandra! No tienes otro lugar donde verter tu veneno.
—¿Cuál veneno? Es sólo una pregunta querida, no veo a tu prometido por ningún lado.
—Tuvo que salir del país por negocios.
—¿Que dices? ¿Cómo que salió del país?
*—¿Por qué no me dijo nada? ¿Será que si se casará con mi prima y por eso ella sabe?
—¿Sorprendida? Pensé lo sabías, pareces su perro guardián. Siempre detrás de él.
—¡Tu!
Isel bajaba las escaleras burlándose de su prima, Kassandra le puso el pie para que cayera.
Isel rodó con el gritó de susto fingido por Kassandra, todos giraron para ver caer a la princesa y detrás de ella tratando de tenerla a su prima querida y devota.
—¡Ayuda! ¡Isel!
—¡Llamen una ambulancia! ¿Que fue lo que pasó Kassandra?
—Bajamos juntas y se tropezó o no sé que sucedió, todo pasó muy rápido.
Las lágrimas falsas de la mujer corrían por su rostro con demasiada facilidad, engañando así a los presentes.
—¡Ayúdenos por favor! Isel, espera un poco.
—No te preocupes cariño, Isel estará bien ya viene la ambulancia.
La fiesta había terminado, los asistentes no paraban de mencionar el accidente y la preocupación visible de la marquesa para su prima la princesa.
El accidente fue el titular en las páginas de internet durante los días siguientes junto al estado grave de la princesa.
Isel no despertaba debido a un fuerte golpe en la cabeza, les daban pocas esperanzas de que lo hiciera y de llegar a hacerlo no podría caminar por una fractura en la columna.
—¿Que pasará con nuestra hija? Se quedará inmóvil por el resto de la vida.
—Debemos buscar otras opiniones, no se puede quedar así.
—¡Tíos, lo lamento mucho! Debí hacer más, debí detenerla a toda costa ¡es mi culpa!
—Niña tonta, no digas eso. Fue tan sólo un accidente.
—¡No lo vuelvas a mencionar hija! Tu prima y tú se querían mucho ella no querría que te culparas.
*—Un obstáculo menos para estar a lado de mi Alexander, lo siento prima pero de todas maneras terminaría contigo tarde o temprano.
En Escocia, Alexander leía la noticia en internet sin mostrar ninguna reacción de sentimiento alguno en su rostro.
Jan lo esperaba en el aeropuerto privado abordo de una elegante limosina, bajando hasta que vió que su primo descendía del avión.
—¡Primo, tanto tiempo sin verte!
—¡Un gusto volver a verte Jan! ¿Cómo están tus padres?
—Cada vez más insoportables, no dejan de molestarme con que, es hora de casarme.
—¡Entonces, cásate!
—¡Ey! ¿De que parte estás? No puedo hacer eso apenas tengo 24 años, aún me faltan cosas por vivir. En todo caso el que debería casarse y dar a la familia una duquesa eres tú, ya tienes 26 años.
Una mirada fulminante hizo callar a Jan, encogiéndose de hombros para evitar el castigo de su malvado primo.
—Yo sólo pensaba en voz alta.
—Deja de pensar estupideces. Vamos por un buen whisky antes de ir a mi departamento .
—¡Ese plan me agrada bastante. Dime la verdad Alex ¿Por que viniste a Escocia? Y no me digas que negocios, siempre has podido hacer negocios desde cualquier lugar remoto.
—Quiero alejarme un tiempo de esa familia loca, no soporto que me quieran forzar algo.
—Los Norvig somos bastante guapos y simpáticos, es como una maldición. Bueno tú no eres simpático eres bastante frío.
—¡Jan! ¿Quieres morir?
—¡Claro que no! Me encanta mi vida.
—¡Entonces, cierra la boca!
Los días pasaban, rápido se convirtieron en semanas y éstas en meses.
Sophie seguía trabajando, estudiando y cuidando de su amiga Felicia quien estaba a punto de dar a luz.
—Felicia me tengo que ir al despacho, si tienes cualquier dolor o molestia llama al médico.
—¡Si, ve! No te preocupes por mí, estamos bien.
Felicia respondía moviendo la mano sin dejar de ver el celular que sostenía con su otra mano.
—¿Que tanto ves, que no puedes voltear a verme?
—Una nota en internet, ¿recuerdas el accidente de la princesa Isel?
—Ya hace varios meses de eso.
—Si y no hay buenas noticias, sigue en coma por el golpe en la cabeza. En la familia real están muy preocupados por su salud.
—Lo siento mucho, pero aquí todos tenemos problemas y yo me debo preocupar por los de nosotras no por los de los extraños.
—¡Oye! Tu nunca has pensado así.
—Lo siento Felicia, tienes razón, pero ellos tienen la posibilidad económica de afrontar sus asuntos y nosotros no, me voy a trabajar.
Por la tarde Felicia sintió un dolor muy fuerte en el vientre, con un sudor frío en su frente y sin poder moverse mucho dudo un poco antes de llamar.
*—¡Eleazar, ayudame por favor!
*—¡Felicia! ¿Que pasa?
*— ¡El bebé está por nacer!
*— ¡Voy para allá! ¿Llamaste a Sophie?
*— No, hoy tenía una junta importante, es para ver su puesto definitivo no quiero molestarla.
En menos de una hora, ya estaban en el hospital, Eleazar esperó un tiempo para enviar mensaje a Sophie.
*—Sophie, estamos en el hospital materno el bebé ya viene en camino, descuida no me moveré de aquí.
Al ver el mensaje, Sophie se fue tan rápido cómo pudo, al llegar al hospital vió a Eleazar sentado en un sillón con el teléfono en sus manos.
—¡Gracias por estar aquí!
—Ya sabes que estoy para ayudarlas.
—¿Ya nació?
—Aun no me dicen nada, sólo que le practicaran una cesárea.
—Esperemos entonces.
Un par de horas después, por fin salieron a dar información sobre Felicia y el bebé.
—¡Familiares de la señorita Felicia Galin!
Al levantarse al mismo tiempo, la enfermera pensó que Eleazar era el padre del hijo.
—¿Usted es el padre? Y ¿usted?
—Yo soy la tía.
—¡Oh no! Yo soy el tío.
—Entiendo, fue una hermosa niña y ya están en la habitación pueden pasar verlas, la habitación es la número 450.
—¡Gracias!
Al entrar en la habitación, vieron a Felicia con la bebé en brazos, se acercaron lento y con la cara sonriente.
—¡Es muy bonita! ¿Cómo se llamará?
—¡Es hermosa!
—Sophie, como su tía.
—¡No! No le puedes poner así.
—Tu y Eleazar son los únicos que nos han ayudado, así que es lo mínimo que puedo hacer.
—Ese nombre me gusta demasiado.
—¡Ahora somos tres! emEn esta familia rara.
—¿Y a mí donde me dejan?
—¡Ok, somos cuatro!
—Tomemos una foto, se las enviaré a ustedes también.
Posando uno de cada lado de Felicia tomaron la primer fotografía de la bebé.