—¿Papá, que te dijo? —No vendrá y terminó la llamada sin decir nada más. —¡NO! Ahora seré el hazme reír de toda la sociedad en esta ciudad. Isel cubría su rostro con sus manos tratando de ocultar las lágrimas que caían sin cesar. —Haré lo que tenga que hacer para obligar a ese maldito Duque a casarse contigo. —¡Papá, amenazarlo con quitarle el título! Dile que dejará de ser parte de la realiza. —No puedo hacer eso hija, fue lo primero que se me ocurrió pero al investigar, descubrí que al no ser de nuestro reino no puedo quitar el título. —¿Ahora que haremos? Lo necesitamos aquí. —¡Ya lo sé! ¿Crees que soy estúpido? Estamos en números rojos, si nuestros parientes se enteran que estamos al borde de la ruina nos demandarán la corona. Me costó mucho tenerla en mis manos, no la d

