Isel escuchó como terminaba la llamada del otro lado de la línea, su boca abierta no pudo pronunciar otra palabra antes de que Alexander colgara. *—¡No puedes hacerme esto, Alexander Norvig! Apretó sus puños con tanta fuerza que clavo sus uñas rojas en las palmas de su mano, respirando con dificultad su cuerpo temblaba. *— ¡Argh! ¡Maldito Alexander! Un grito furioso salió de Isel, arrojando todo lo que estaba frente a ella de un golpe. Perfumes caros y maquillaje cayeron al piso tras el ataque de ira sufrido por la chica. —¿Que está pasando hija? La madre de Isel entró corriendo a la habitación tras escuchar el alboroto. Isel apoyaba su cuerpo sobre el mueble frente a ella, con una mirada perdida y un cuerpo tembloroso. —¡Se fue mamá! —¿Quién se fue? —¡Mamá, no lo entie

