No está en New Hope.

1041 Words
En la celebración, Kassandra se mostraba triunfante, había logrado que Alexander volviera y los acompañara. Durante el evento les tomaban fotografías juntos, la mujer no perdía la oportunidad de acercarse lo más posible a Alexander. Al firmar la entrega del proyecto, les tomaron una última fotografía al equipo que lo llevó a cabo, Kassandra se tomó del brazo de Alexander consciente que no quitaría el brazo al tener a varias personas observando. —Terminó el show, me voy de aquí. Alexander salió a toda prisa con pasos tan largos que Kassandra tuvo que correr para alcanzarlo en la puerta de entrada. —Alex, no te puedes ir. —¡No vuelvas a llamarme así! ¿Entendido? —¿Por qué? Esa maldita mujer te llamaba así ¿Yo por qué no puedo? Los ojos se encendieron con furia, la mirada penetrante se clavaba en Kassandra haciéndola temblar de miedo. La sujetó del cuello con bastante fuerza, la mujer intentó soltar el agarre pero fue imposible. —¡Alexander, me haces daño! —En tu miserable y patética vida vuelvas a hablar mal de Sophie. —Ella te usó ¿cómo puedes defenderla? Un automóvil llegó, al abrir la puerta bajó el rey lo más rápido que pudo, lleno de incredulidad observando la escena. —¿Que te sucede Alexander? Deja en paz a Kassandra. —A mi no me sucede nada, la marquesa es quien no sabe cuándo guardar silencio, debería enseñarle. —Alexander, no te puedes ir. La prensa está aquí por ustedes. —¿Quién dice que no puedo? La sonrisa cínica de Alexander, apareció justo antes de subir al automóvil. Kassandra apretaba su vestido con una mano y con la otra tocaba su cuello. Sólo podían observar como el automóvil de lujo se perdía en la distancia. —Descuida Kassandra, lo dije y así será, te casarás con Alexander Norvig de eso no hay ninguna duda. —¿Cómo lo lograremos? —Confia, ya lo verás. El camino a New Hope le parecía eterno, Alexander sólo podía observar las luces pasar detrás de ellos, imaginando el momento en el que se encontrara con el que consideraba el amor de su vida. Al llegar a New Hope sintió como su corazón latía con fuerza, una sonrisa diferente aparecía en su rostro, se sentía más cerca de Sophie. Después de enviar un mensaje a Peter, esperó por treinta minutos hasta que vió llegar su vehículo, bajó del auto tan rápido como sus piernas lo permitieron. —Señor, no hay nada. —¿Que dices? —Ya buscamos a la señorita por todos lados, en cada hotel, hostal, habitaciones para viajeros y nada. —¡Eso es imposible! ¿Estás seguro que sigue aquí? —Si, pero... —¿Pero, qué? —Tengo la teoría que sólo estuvo aquí de paso, de no ser así, alguien debió verla. —No me iré de aquí hasta saber. —Le pagué a una persona para que me entregue las grabaciones de la central de autobuses. —¿Y dónde están? —Me espera en la pequeña cafetería. —¡Vamos ahora mismo! El trayecto fue corto, cinco minutos apenas. Al llegar, un hombre ya los esperaba, los llamó levantando la mano y se acercaron. Alexander se sentó frente a él con la mirada fría y profunda que lo caracterizaba. —¡Las grabaciones! —¿Cómo sé que ustedes no son policías y me meteré en problemas? —Por que te daré bastante dinero por ellas y si hay algo interesante te daré el doble. Al escuchar eso, el hombre sacó su teléfono y comenzó a reproducir un vídeo mostrándolo a los hombres. El vídeo era bastante claro, se podía observar la sala de espera. Peter adelantaba el vídeo hasta que vió una figura conocida. Alexander abrió los ojos con un brillo de esperanza en ellos. —¡Es ella, es... Mi bella Sophie! Sophie caminaba con un bolso pequeño en el brazo y una niña pequeña en brazos. Llegó a la zona de descanso y se sentó en una pequeña mesa, Alexander sintió como el frío recorría su cuerpo al ver qué tiraba algo pequeño en el basurero. Pauso el vídeo y lo amplió lo más posible, no era lo bastante claro pero se podía distinguir una pequeña tarjeta telefónica. Una sonrisa amarga se hizo presente, pasando sus manos por su cabello perfectamente peinado movía la cabeza en negación. —Eso es, tiró su tarjeta telefónica aquí. ¿Hay algún otro vídeo? Quizá de otro ángulo, necesito saber si subió a algún autobús o se quedó aquí. —Lo más seguro es que subió a un autobús señor, en la dirección que salió es de abordaje. —¿Otra cámara? —Lo siento señor, somos una ciudad pequeña y es la única cámara de vigilancia del lugar. —¿A qué ciudades hay salidas? —Solo tres. Bluk, Portón y Rondel. —Está en una de esas tres ciudades, Peter, contrata a alguien para que la busque hasta encontrarla. Peter asintió y sacó el dinero en efectivo para pagarle al hombre. —Dale el doble, Peter. Sin discutirlo, Peter pagó lo acordado, Alexander salió de la cafetería su mirada mostraba un poco de tristeza, observaba la carretera como si esperara que Sophie apareciera. —¡Gracias por su ayuda! —La señorita y esa bebé ¿son su familia? —Si. —Espero las encuentre pronto. Alexander volvió a la ciudad, todo el camino estuvo callado y con los ojos cerrados, la esperanza de encontrar rápido a su amada se desvanecía en cada kilómetro avanzado. —Señor, la señorita está sin dinero y con una bebé de brazos. —Le hice una transferencia, mañana le haré otra y si usa su tarjeta sabremos donde se encuentra. —¡Señor! —Se lo que dirás y sí, sí me arrepiento de todo. Lo dijiste muy claro y tenías razón, Peter, fui un completo idiota, siendo quién soy no sé porque me engañaron tan fácilmente. —Lo siento señor, ahora sólo tiene que lograr que la señorita lo perdone. La mirada triste de Alexander decía más que todas las palabras dichas, sus ojos mostraban tanta pena que todos a su alrededor lo podían notar.
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