Después de un largo camino por fin llegaban a Merio, sophie, bajaba del autobús con Felicia en brazos, el aire frío de una nueva ciudad, un lugar desconocido la rodeaba y la hacía sentir un poco abrumada.
*—¡Ya estamos aquí, Felicia! ¿Ahora que hacemos?
Caminó lentamente entre las pocas personas que transitaban en la estación de autobuses, lo primero que debía hacer era comprar una nueva tarjeta para su teléfono, así que caminó hasta encontrarla un lugar.
—¿Que desea?
Un hombre joven habló con una voz fría, sin levantar el rostro sólo sintió la presencia de alguien que llegaba.
—¡Hola! Necesito una tarjeta para mí teléfono.
La dulce voz de Sophie le provocó curiosidad, levantó la mirada y sintió algo extraño al verla. Era la mujer más hermosa que había conocido, sus ojos hermosos y su sonrisa tierna lo hicieron sonreír sin darse cuenta.
—¡Claro! Me podrías prestar tu teléfono para ponerlo.
—Aquí tienes.
No tardó más de dos minutos en insertar la nueva tarjeta, abrió el navegador y realizó todas las configuraciones.
—Solo ingresa tu nueva contraseña y listo.
—¡Oh, gracias!
—¿No eres de por aquí cierto?
—No.
—Tu bebé es muy bonita.
—¡Gracias!
Sophie pagó y se fue sin rumbo. El joven la observaba a través de los cristales de su negocio, seguía sonriendo mientras la veía partir.
Había un parque a un par de cuadras, Sophie se detuvo y revisó su teléfono para buscar alojamiento.
Tenía varias notificaciones de su banco, quedó sorprendida al ver la cantidad en su cuenta.
*—¿Que diablos? Eso es lo que gano en un año. No, no quiero nada con mi antigua vida, no revisaré de quien es o porque.
Sin revisar la transferencia eliminó la aplicación del banco. Moviendo su cabeza negando todo, como si eso ayudara a no recordar.
Felicia despertaba, eso significaba que tendría hambre.
Girando su cabeza en todas las direcciones, buscaba un lugar modesto para llevar a la pequeña y comer algo.
Decidió caminar hasta encontrar el lugar correcto, Felicia despertó y ya se notaba inquieta, los pies de Sophie dolían de tanto caminar y no podía encontrar nada.
*—¿Que hago?
Al otro lado de la calle había un pequeño restaurante, con una pequeña hambrienta en brazos, el frío en aumento y una maleta arrastrando decidió entrar.
—¡Bienvenida! ¿Que le sirvo?
—Sopa y fruta picada por favor.
La noche comenzaba a caer, el cielo se oscureció de a poco y Sophie aún no tenía donde pasar la noche, debía hospedarse rápido si no quería que Felicia enfermara por el frío.
—¡Disculpa! ¿Sabes de algún hotel por aquí cerca?
—¿Te quedarás mucho tiempo?
—Si.
—Te recomiendo una posada.
La camarera sacó una pequeña hoja y anotó una dirección, con una sonrisa se la entregó.
—Ve a esa dirección, se llama posada Marie, es económico y las habitaciones son muy bonitas y sobre todo cómodas.
—¡Gracias!
Después de pagar por la comida, Sophie salió y buscó un taxi, una ligera brisa de lluvia comenzaba a caer y ningún taxi pasaba por el lugar, el frío incrementaba ahora no sabía que hacer.
Un automóvil sencillo se detuvo frente a ella, abrió la puerta y bajó el hombre de la tienda de celulares.
—¿Que haces aquí? Está comenzando a llover y tu bebé podría enfermar.
—Busco un taxi pero no hay ninguno.
—Los taxis casi nunca pasan por aquí, deberías caminar a la avenida principal para conseguir uno, ¿A dónde vas? Puedo llevarte.
—Yo...
—Entiendo, soy un desconocido y no tendrías porque confiar en mí. Mi nombre es Lenin Wilbur, soy propietario de la pequeña tienda de celulares y puedes compartir tu ubicación en tiempo real con la policía para que te sientas más segura.
La lluvia comenzó a caer más fuerte y eso preocupó a Sophie, no sabía dónde estaba la avenida principal, así que tuvo que tomar una decisión rápida.
—Gracias, acepto tu ayuda.
Subió el equipaje en la parte trasera del auto y emprendieron, la incomodidad de Sophie era evidente, pero n o tardó mucho en desaparecer, Felicia balbuceaba con alegría y eso hacía el momento más tranquilo.
—Tu hija es muy bonita.
—Su nombre es Felicia. Y yo, soy Sophie.
—Tienes un bonito nombre ¡Hola Felicia! Y ¿A dónde van?
—¡Oh, si! A esta dirección.
—¡Vas a, tía Marie!
—¿Tía Marie?
—Cuando estemos ahí lo sabrás, estamos por llegar, no estaba lejos.
Lenin tenía razón, tan sólo quince minutos hicieron desde el pequeño restaurante hasta la dirección, Sophie bajó y observó una linda y enorme fachada color marrón claro, una gran puerta de madera rodeada de varias ventanas daban la sensación de estar en casa.
—¡Vamos! Te abriré la puerta.
—¿Cómo?
—Yo vivo aquí.
Lenin sacó un juego de llaves de su bolsillo y ayudó a Sophie con su equipaje.
Una mujer de mediana edad los vió llegar y se acercó con los brazos abiertos.
—Mi Lenin, llegaste temprano hoy ¿quién eres linda? ¿Novia de Lenin?
—¡No, no!
—Tía, ella es Sophie y viene en búsqueda de una habitación.
Sophie abrió los ojos con asombro, Lenin quien la ayudó vivía ahí y esa mujer era su tía.
—¿Es tu tía?
—¡Bienvenida Sophie! Yo soy la tía Marie y Claro que tenemos una habitación para ti, descuida aquí todos son muy amables, estás en un lugar seguro. Y no, no soy su tía de sangre, pero si de cariño.
—Llevo Diez años viviendo aquí, así que se convirtió en mi familia.
—Esa es una historia para mañana y otro día, vamos te llevaré a qué veas las instalaciones y te daré una copia del reglamento, aunque son regalos básicas como; mantener las áreas limpias entre todos y el uso de lugares públicos.
El lugar era cómodo y lindo, una sala de estar enorme, seguía un comedor para doce personas y un jardín hermoso.
Las habitaciones estaban del otro lado, Seis puertas enumeradas distribuidas por un largo pasillo.
—La habitación número cinco es tuya, tienen su baño propio y total privacidad, las áreas comunes ya las conociste y están a su disposición. El desayuno y la cena es comunal, ya va incluido en la renta de la habitación.
—Muchas gracias.
—Creo que tengo una cuna guardada ahora mismo la busco, entra y descansa debes venir agotada. Otra cosa, todas las habitaciones cuentan con su propia nevera para tu uso personal.
La habitación era demasiado grande se dividía en dos pequeñas habitaciones y un baño, la primera era el recibidor, un pequeño sofá, una mesa de centro, la pequeña nevera a lado de la ventana. Una de las puertas llevaba a la habitación, una recámara sencilla pero acogedora y la otra puerta era el baño. Al escuchar la lluvia caer con fuerza, Sophie sintió alivio de tener un techo sobre ellas esa noche, el cielo les sonreía con buena fortuna.