Colegio de abogados Liberty.

1123 Words
—¿Que haces? —No me siento bien, Alexander, llévame al hospital por favor. —Peter, llévala. Alexander cerró la puerta del vehículo y subió al de sus escoltas, cerrando los ojos por el fastidio que era Kassandra sólo pidió ir a casa. En Merio, Sophie y Tess salían del restaurante, tomaron un taxi y fueron a casa. Era bastante tarde, cuando llegaron la pequeña Felicia ya dormía en su cuna, después de una ducha rápida, Sophie entró en su cama para descansar. Desde que dejó la ciudad no había revisado internet, la curiosidad la mataba así que entró para dar un vistazo. Tras revisar por un rato, encontró las fotografías de Alexander, su rostro atractivo y serio la hacían suspirar, algunas lágrimas rodaron sus ojos por una tristeza que le invadía el alma. Tocando la pantalla iluminada de su teléfono con sus dedos temblorosos, suspiraba con dolor. *—Yo si te amaba Alex, eras mi vida entera. Seguía revisando las fotografías, aparecieron aquellas dónde estaba en compañía de Kassandra, los vio en el mismo auto y al leer lo que escribían de ellos, cerró la página respirando con dificultad. *—Asi que ella es tu prometida, Alexander Norvig yo siempre te dí el beneficio de la duda, nunca hice caso a nada de lo que veía en internet, ¿pero tú? ¡Tú no me dejaste explicar! Y me alejaste para comprometerte con ella. Ya no es parte de mi vida Duque de Pearl. Sophie lloraba en su cama, el ver las fotografías de Alexander fueron la gota que derramó el vaso, el dolor de lo sucedido, el perder su vida y su carrera que amaba, todo su sufrimiento comenzó a salir durante la noche, lloró hasta quedarse dormida esa era la única vez que lloraría. *—No volverás a soltar una lágrima Sophie Cleiton, tendrás que ser fuerte y fría, algún día todos pagarán mi sufrimiento. Durante el desayuno, la tía Marie entró corriendo con un papel en la mano, sus gritos de alegría resonaban por el lugar. —¡Sophie, Sophie! Encontré algo para ti. —¡Tranquila tía! —Espera Lenin, es importante. Sophie se mantenía en silencio haciendo muecas, tratando de entender a Marie. —Fui a comprar pan y el colegio de abogados abrió una vacante para estudiar con ellos. —¡Qué! ¿El colegio de abogados Liberty? —Si niña, mira esto. Aquel papel lo decía bastante claro. *El prestigioso colegio de abogados Liberty abrirá una vacante para que un joven prometedor sea m*****o de sus filas. El único requisito es obtener un mínimo de 88 en su examen único. —Es una gran oportunidad Sophie. —Lo es, lo es. Una sonrisa de esperanza se mostraba en el bello rostro de Sophie. —¿Pero... Y, Felicia? —Yo te ayudaré con ella, no desperdicies la oportunidad, puedes estudiar por las mañanas y trabajar por las tardes. —¡Lo haré, tía Marie! Asintió con una sonrisa en su rostro, una luz se iluminaba en su vida. *—¡Saldremos adelante mi pequeña Felicia! La vida me está dando una segunda oportunidad y no pienso dejarla ir. Ese mismo día, Sophie fue directo al colegio de abogados, llevando consigo sus documentos se inscribió para realizar el exámen. Salió de la oficina con el papel en mano, en tan sólo cinco días presentaría la evaluación junto a los estudiantes que buscaban ese codiciado lugar. Los días pasaban, Sophie trabajaba y cuidaba de Felicia, había olvidado por completo a Kassandra y Alexander. El Día del examen llegó, se vistió con lo más formal que tenía hasta ese momento y con una actitud triunfante llegó al lugar. En la sala de conferencias había casi cincuenta jóvenes buscando entrar, pero solo había lugar para uno. Sophie respiraba para tranquilizarse, unos pasos firmes se escuchaban al frente del auditorio, al levantar la cabeza lo vió, era el director del colegio de abogados, el doctor Will Clyfort, el mejor abogado del país, un hombre de mediana edad pero bastante atractivo. —Tienen exactamente 120 minutos para responder el examen, con un valor de cien puntos, sólo quién logre obtener el mayor puntaje será aceptado. Pasaré a sus lugares dejando el examen hacia abajo, en cuanto el reloj en la pared marque las diez en punto comenzarán a responder. Todos tragaron saliva, Clyfort era conocido por hacer sus exámenes casi imposibles, sólo las personas mejor preparadas lograban obtener ochenta. Un par de chicos se levantaron y salieron sin más, al saber quién era tenían claro que no lo lograrían. Al pasar a lado de Sophie, suspiró y de manera casi imperceptible observó a la chica sentada. Una vez entregó los exámenes, se paró al frente y dió la orden. —¡Comiencen! Los estudiantes comenzaron a escribir de manera instantánea, Sophie leía cada pregunta, había pasado más de cuarenta minutos y aún no respondía. Al terminar de leer se dió cuenta que las preguntas se resolvían casi por si solas pero debían responder la última en primer lugar. Sophie comenzó a escribir, siguió respondiendo, el lapicero en su mano se movía tan rápido que terminó el examen diez minutos antes de tiempo. Se levantó y fue directo a entregarlo. —¿Está seguro, señorita? —Si. —Bien, quedan diez minutos. El timbre sonó y con el, la esperanza de algunos jóvenes. —En media hora estarán los resultados. Pueden esperar fuera del aula. Sophie permanecía sentada en el césped, los nervios aparecían de manera inesperada, enviaba mensajes al grupo de la casa para mantenerlos informados. La asistente del doctor Will Clyfort, salió con una pequeña lista, la pegó fuera de la oficina y sonrió a los presentes. Todos se acercaron, revisaban sus nombres y posiciones, las calificaciones iban de 60 a 80 pero en el prime lugar estaba la mayor puntuación en color rojo, ( puntuación perfecta 100 ) el nombre era bastante claro, Sophie Cleiton. Todos se veían entre si, esperando una respuesta ¿cómo podría tener calificación perfecta? Will salió de la oficina tan sólo unos minutos más tarde. —¿Sophie Cleiton? —¡Soy yo! —Mis felicitaciones, aquí tienes tu ficha de ingreso te esperamos el día lunes. —¿Cómo pudo ser la única que tiene un cien perfecto. —La señorita Cleiton hizo lo que todos ustedes no, leyó y comprendió. Recuerden que, como estudiantes de derecho debemos utilizar el razonamiento y la intuición. Con una sonrisa cálida, se despidió y aconsejó prepararse para el siguiente año. *—¡Lo logré! Volveré a retomar mis estudios. Temblaba de la emoción imaginando un futuro digno para su hija, pero no esperaba que su vida alcanzaría el éxito.
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