Te amo Sophie.

1071 Words
Comenzaron a trabajar juntos, Kassandra se mantenía a lado de Richard y muy cerca de Alexander el cual apenas y le dirigía algunas palabras cortas todo en base al trabajo. Los días del Duque, se volvieron bastante ocupados, sólo podía hablar con Sophie por teléfono en los tiempos libres y verla por las noches al salir de la cafetería. Richard y Kassandra habían llegado al edificio Norvig, llevando la invitación a una cena benéfica y unos documentos que necesitaban la firma del Duque, al hacerlos entrar a la oficina, observaron a Alexander sonreír al teléfono mientras escribía, eso era bastante extraño pues él jamás sonreía. —¡Señor Norvig! —¡Si! —Necesita firmar éstos documentos y también le traemos esto. Alexander tomó los documentos, les dió una rápida leída firmando de inmediato. Después de hacerlo volvió a escribir en su teléfono. —Señor Norvig, le dejaré la invitación es importante su presencia. —¡Mmm! —Alexander, ¿estás escuchando? Debemos asistir a una cena para recaudar fondos. —¿Cuándo? —En tres días y no puedes faltar. Todo el mundo espera conocerte en persona. Bajando el teléfono en el escritorio, tomó la invitación y con un rápido vistazo sonrió. —¡Perfecto! Ahí estaré. Pueden retirarse tengo algo importante que hacer. Se levantó de su silla y tomó su abrigo del perchero, salió detrás de las personas, Kassandra sintió un regocijo imaginando que los acompañaría afuera. *—¿Sera qué viene detrás de mí para pedirme que vayamos juntos? Después de todo tiene que llevar una pareja y hemos estado demasiado cercanos estos últimos días. —¡Peter, vamos! Kassandra sólo pudo ver como Alexander subía al elevador privado y desaparecía. *—¿A dónde irá? ¿Por qué no viene conmigo? Apretaba los puños sosteniendo su bolso. —¡Oh, Kassandra! Quería preguntarte algo. —Dime, Richard, te escucho. —¿Quieres asistir a la cena conmigo? —¡Oh! No lo sé Richard, yo... —¡Por favor, no te precipites! Puedes responder otro día, no quiero sentir que te estoy presionando. Asintiendo con una sonrisa fingida, Kassandra caminó al automóvil. En el automóvil del Duque, Alexander enviaba un mensaje a su novia. *— Mi bella Sophie, sé que hoy no estás en el despacho así que voy en camino a recogerte, tiene mucho tiempo que no tenemos una cita. *— Estoy en la biblioteca de la universidad, me avisas cuando llegues y saldré a buscarte. *— ¡Perfecto! Alexander sonreía a su teléfono cada vez que leía a su amada, se dió cuenta que no sólo era un gusto pasajero, estaba realmente enamorado. Sophie sonreía con ternura, ese sentimiento de seguridad y cariño no lo había sentido. —¡Sophie! ¿Estás ahí? —¡Oh! Pido disculpas Eleazar, me perdí un momento. —¿Algo importante? —Tendré una cita con mi novio. —¡Entiendo! Entonces seguimos estudiando más tarde. —¡Ok, gracias Eleazar! Los ojos de Eleazar se llenaron de tristeza, ahora menos que nunca daría a conocer sus sentimientos, entendía que a pesar de no decirlo, Sophie se estaba enamorando de ese hombre. —Ten cuidado Sophie, si me necesitas llámame. —¡Ok, pero! ¿Que me puede pasar? —Nunca sabemos que nos depara la vida, sólo recuerda si estás en problemas llámame. —¡Gracias! Eres un gran amigo. El teléfono de Sophie sonó, al tomarlo vió quién era y sin dudarlo respondió. *—¡Hola! *—Estoy afuera. *—Salgo enseguida . —¡Nos vemos mañana Eleazar! —¡Nos vemos Sophie! Alexander frunció el ceño con los ojos confundidos y con un poco de celos en su voz. —Peter, investiga quien es Eleazar. —Si señor. Al ver el rostro de su jefe por el retrovisor del auto, pudo ver las emociones dibujadas en su atractivo rostro, sonrió de manera burlona pensando que su jefe estaba siendo algo posesivo. Al ver a Sophie salir del campus universitario, Peter y Alexander bajaron enseguida. Abriendo sus musculosos brazos la envolvió en ellos cubriéndola como una manta. —¡Mi bella Sophie! —¿A dónde me llevarás? —¿A dónde quieres ir? —¡Mmmm! Al zoológico. —¿Al zoológico? —Si. —¡Ok! Iremos al zoológico. Peter se sorprendió, era algo que su jefe no haría usualmente. En el zoológico tomados de la mano, Sophie jalaba a Alexander en cada jaula para observar los animales, le hablaba de cada especie como si fuera una experta zoologa. Sorprendido por la reacción natural e inocente de su novia, Alexander sonreía con calidez. Después de caminar por más de dos horas y escuchar a su querida Sophie, por fin se sentaron en la pequeña cafetería del zoológico. —¿Que desean? —Un helado de chocolate. —Un café americano. —Enseguida les sirvo. Alexander tomó las manos de su novia y le habló con mucha ternura. —¿Te divertiste? —Si, bastante. Gracias por traerme, nunca vine al zoológico. —¿Qué? —Cuando era niña, mis padres decían que cada cosa la debía ganar, que eso me formaría el carácter. Si yo deseaba algo debía hacer méritos para obtenerlo, si desobedecía o molestaba a mi hermano perdía la oportunidad de alguna recompensa. Alexander sintió como su corazón se apretaba dentro de su pecho, siguió escuchando con atención y tristeza dentro de él. —Recuerdo que al cumplir diez años este sería mi regalo de cumpleaños, pero ese día mi hermano se molestó conmigo por no darle el regalo que me envió la abuela, mi madre se enojó y dijo que era muy egoísta, se canceló la ida. *—¿Cómo pueden hacerle algo así a una niña? Esa gente no merece ni un poco de mi compasión. —Señorita Sophie, sin importar que tan ocupado esté siempre que quieres venir vendremos. Terminaron de comer y siguieron caminando un poco más, Alexander quería que su amada pudiera ver hasta el último rincon de ese zoológico. Una ligera lluvia comenzó a caer cuando la pareja iba de regreso, resguardandose bajo un pequeño tejado quedaron tan juntos que podían sentir la respiración uno del otro. Con una sonrisa dulce y los ojos llenos de amor, Alexander tomó a Sophie del rostro. —¡Te amo Sophie! Esas palabras se sellaron con un delicado beso.
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