—La señorita Antón se marchó señor.
—Vamos a casa, no estoy de humor para seguir trabajando. Kassandra siempre logra sacarme de mis límites.
Alexander se levantó de su enorme silla, caminando por su oficina con paso firme, el rostro con el semblante frío y el ceño fruncido.
—Señor, debemos confirmar asistencia par la cena de mañana.
—No iré, no quiero ser el centro de atención para la familia real, que se consigan otro bufón.
—¡Señor! ¿Pero?
—¡Pero qué! ¿Que harán en mi contra? ¿Quitarme el título nobiliario? Que lo intenten.
Alexander era un hombre imponente, su atractivo lo complementaba con su dureza y frialdad.
Una vez dentro del automóvil, Alexander se dejó caer en el respaldo del sillón, recibió un mensaje en su teléfono el cual lo hizo perder la calma unos instantes.
*Alexander, te envié la ropa que espero uses mañana durante la cena, debemos estar a juego para nuestro gran anuncio. Te extraño demasiado cariño, nos vemos mañana.
Arrojó su teléfono al otro lado del asiento sin responder el mensaje, pasando sus manos por su rostro lleno de frustración dió un fuerte suspiro, cerró sus ojos y se olvidó de todo.
Su mente comenzó a jugarle una mala broma, en su tenue sueño veía a la hermosa mujer de figura delgada y largas piernas caminar frente al automóvil, con una sonrisa angelical que iluminaba su rostro haciéndolo resplandecer.
Alexander comenzó a relajar su cuerpo tenso una leve sonrisa se dibujaba en su rostro mientras sus sueños mostraban a esa misteriosa chica.
—¡Llegamos señor!
Abriendo sus ojos lentamente, volvió a fruncir el ceño al ver qué solo había sido un sueño.
*—¿Quién eres niña?
—Peter, organiza el nuevo vuelo. Compraré las acciones de la empresa escocesa.
—¡Enseguida señor!
Peter sólo podía suspirar, su jefe no era una persona sencilla de tratar, entraron a la enorme mansión y fue directo a realizar el pedido de su jefe.
—Prepárense para cualquier eventualidad, la decisión del señor traerá grandes afectaciones.
—¡Señor Peter! ¿Por qué no se quiere casar el Duque?
—No es nuestro asunto, sólo debemos obedecer.
En la habitación principal, Alexander observó un smoking en la cama acompañado de una nota.
*Mi querido Alex, este smoking hecho a medida está confeccionado para que luzca armonioso con el vestido que usaré en la cena. Espero te guste lucirás más atractivo de lo que ya eres.
Con amor tú princesa.
*—¿Mi princesa? ¿Quién se cree ésta niña caprichosa?
Arrojando todo al cubo de basura comenzó a quitarse el elegante traje de negocios y fue directo a la ducha.
Con una toalla enredada en la cintura secaba su cabello mientras el agua corría por su pecho perfecto, revisaba su teléfono leyendo un mensaje de su primo.
*Alexander, mis padres quieren saber si aceptarás casarte con la princesa, no quieren viajar más de cuatro horas para saber que no lo harás.
Sin dudarlo marcó el número.
*—¡Hola primo! Tanto tiempo sin saber de ti.
*—¡Jan, no vengan!
*—Sabía no te casarías con la princesa, les dije a mis padres y no querían escucharme. Otra cosa, si sabes todo lo que se viene con esa negación ¿cierto?
*—¿Y tengo que tener?
*—Eres tan predecible para los que te conocemos.
*— Ya se lo dije a Peter, no pueden hacer nada en mi contra.
*— De todas maneras iré mañana, quiero ver qué es lo que dices.
*—¡No iré! Si quieres perder tu tiempo asistiendo, adelante no lo impediré.
*—Alexander, eres mi único primo y te quiero mucho y siento que es mi obligación decirte que pienses bien las cosas. Espero y tengas razón y tus decisiones no causen problemas a la familia.
*— Jan ¿tienes miedo?
*— No es miedo, es una extraña sensación de que algo malo ocurrirá.
*—¡Nada! La familia Norvig tiene un extenso linaje dentro de la familia real, el título de Duque viene de generación en generación y dependemos de otra corona no de ellos. Esa familia real de pacotilla no sabe el significado de realeza, fueron impuestos después de que sus antecesores fallecieron. Su familia real es un chiste mal contado, ¿por qué crees que quieren unirme en matrimonio a la detestable de su hija Isel? Me necesitan para ayudarles a sacar el reino a flote, están más hundidos que un antíguo barco pirata en el océano.
*—Confío en ti primo, siempre lo he hecho.
*— Si llega haber problemas yo los afrontare, ustedes no se involucren. Dile a mis tíos que no se preocupen por nada, mañana mismo saldré de viaje a casa.
*—¿A qué vienes?
*— Negocios.
*— Genial iremos a tomar whisky hasta perdernos como en los viejos tiempos.
Terminando la llamada, Alexander comenzó a empacar su equipaje al terminar durmió como si nada le quitara la paz.
Volviendo a tener a esa hermosa chica en sus sueños durante toda la noche, al despertar se sentía más inquieto y con bastante curiosidad.
*— Volveré en un par de meses y te buscaré niña, no sé quién eres pero lo voy a averiguar.
En punto del medio día salieron rumbo al aeropuerto privado, al llegar, el teléfono de Alexander comenzó a sonar, en la pantalla aparecía el número de Isel. Después de dudar un poco, decidió responder la llamada.
*—¿Que necesitas?
*—¿Estás molesto Alexander?
*—¿Por qué debería estarlo?
*—Tu tono es frío y...
*—Isel, no quiero ser grosero pero debo colgar, mi vuelo está por salir.
*— ¿Que dices, que vuelo?
*— Tengo negocios pendientes y estoy por salir del país.
*— ¡Alexander Norvig! No me puedes hacer esto, no puedes irte nuestra fiesta de compromiso es hoy.
*—¿Que fiesta?
*— ¡Debes volver ahora mismo! ¡,Lo ordeno!
*—¡No me puedes ordenar nada! Hazme un favor y no me llames.
*—Alexander si no vuelves, no dejaré ir a tu familia te haré pagar por el agravio recibido.
*—¿Estás amenazando me? Deberías saber que no tienes lo necesario para asustarme.
*—¡No, no te estoy amenazando! Pero debes asistir Alexander, no me hagas pasar una humillación pública. Te lo pido.
*— Debes tener una cosa en claro, ¡no me casaré contigo! ¿Entendido?
Alexander terminó la llamada y abordó el avión privado, tomando su lugar con una copa de vino en la mano, observaba como la ciudad quedaba debajo de ellos.