Un automóvil de lujo se estacionaba fuera de la cafetería justo a la una cincuenta de la madrugada, a través de las enormes ventanas de cristal se podía ver solo una pareja recogiendo una bolsa con comida.
La nieve ligera comenzaba a caer, Sophie se veía visiblemente cansada al salir de la cafetería, tocando la parte trasera del cuello movía la cabeza de lado a lado.
Alexander bajó de inmediato y se acercó a ella con un paraguas para cubrirla de la nieve.
—¿Que tal el trabajo?
—Tranquilo.
—¡Vamos, debes descansar!
Abriendo la puerta como todo un caballero ayudó a que subiera impidiendo que se golpeara la cabeza.
—Sophie, debo salir de la ciudad volveré en tres días.
—¡Ok!
—Peter vendrá a recogerte los días que yo no esté.
—No es necesario yo puedo volver sola.
—¡Claro que es necesario! El vendrá y no está a discusión.
No solo el rostro de Sophie sonreía por la acción protectora de Alexander, también sonreía su corazón.
Asintiendo delicadamente aceptó sin decir una palabra más.
Llegaron a las habitaciones para estudiantes, al bajar Alexander tomó las manos de Sophie sus ojos brillaban como luceros con tan sólo contemplarla.
—Sophie, te extrañaré estos días. Te enviaré mensajes cada noche para sentirme cerca de ti.
—Tambien te extrañaré.
El corazón de Alexander latía con fuerza, era la primera vez en toda su vida que sentía esa sensación de enamoramiento, besó su frente para despedirse.
—¡Descansa princesa! Nos veremos a mi regreso.
Sophie sonrió y no supo que decir, quería decir que lo amaba pero esas palabras aún no salían de sus labios con naturalidad. Sólo sabía que sentía en su corazón algo hermoso, cálido y único.
Alexander esperó a que entrara al edificio, después subió a su automóvil para regresar a su casa.
—Peter, todos los días recoges a Sophie sin ningún error.
—No lo habrá señor, estaré puntual por ella.
—Pasas por ella al despacho y la llevas a la cafetería, después la vuelves a recoger y la llevas al campus.
—¡Entendido señor!
Fueron directo al aeropuerto, al subir al avión privado, Alexander se recostó y comenzó a pensar en la hermosa Sophie.
Durante los siguientes días Sophie asistía a sus empleos como de costumbre solo que ahora un automóvil de lujo la llevaba.
Kassandra había estado trabajando con éxito para aprender y fuera asignada para trabajar a lado de Alexander.
Richard observaba a Kassandra desde su escritorio pensando en ella de una manera diferente después de trabajar con ella varios días.
*—Eres muy linda Kassandra y una mujer muy capaz, en pocos días has aprendido muchas cosas sobre el proyecto.
—Kassandra, debo ir a recoger algunas cosas ¿puedes acompañarme?
—¡¿Yo acompañarte?! ¡Si, claro!
Para la chica era la mejor manera de aprender más rápido.
—Salimos en diez minutos, después de ahí puedes retirarte.
—¡Ok! Prepararé mis cosas.
Caminaban cerca del edificio de abogados Benson, cuando vió el automóvil de Alexander estacionado justo fuera del edificio.
*—¿Que hace Alexander aquí? Pensé estaba en Escocia.
Pensaba si acercarse a preguntar cuando una mujer delgada con ropa de oficina, cabello suelto que volaba ligeramente con el viento se acercaba al vehículo, Peter bajó y abrió la puerta mostrando respeto.
*—¿Qué? No puede ser ¿Quién es esa mujer?
—¿Sucede algo Kassandra?
—¿Qué? ¡Oh nada! Es que ese automóvil es de Alexander Norvig, pensé el estaba en Escocia.
—Si está allá, por eso hemos retrasado la reunión con el. Podría ser que te equivocas y no es su auto.
—No me equivoco, los autos de la raleza tienen la insignia y ese la tiene.
—Entonces lo más seguro es que algún subordinado lo esté usando.
—¡Tienes razón! Puede ser eso.
*—¡Claro que es eso! ¿Cómo podría una mujer utilizar el automóvil de Alexander?
Viendo como el auto se alejaba, Kassandra siguió a Richard.
—Es todo por hoy Kassandra, puedes ir a casa, O si quieres.
—¿Si quiero, que?
—Podemos ir a cenar, me gustaría tratarte un poco más fuera de la oficina.
—¡Ok, acepto tu invitación!
De mala gana aceptó, sabía que si se ganaba el favor de Richard lograría que el hiciera su voluntad. Siempre que lo tuviera comiendo de su mano tendría un perro fiel detrás de ella.
*—¡Tendrás que hacer mi voluntad si quieres obtener una sola mirada mia! Serás mi juguete y me ayudarás siempre, ya lo verás.
—Dime algo Kassandra ¿tienes novio?
—Tenía un prometido, hace algún tiempo.
—Es cierto, el Duque Norvig estaba comprometido contigo y después cambiaron el compromiso.
Kassandra apretó la servilleta en sus piernas.
—Querian que la princesa se casara primero.
—Pero la princesa ya no está, ¿seguirás siendo su prometida?
—Lo dudo mucho, ¿Por que haces esa pregunta?
—Solo curiosidad.
—Richard ¿crees que pueda trabajar a tu lado en el proyecto? Sé que es muy importante, tanto que trabajaras muy cerca de Alexander.
—¿Entonces quieres estar cerca del Duque?
—No, nada de eso. Lo que quiero es aprender y la única manera de hacerlo de la mejora manera es a tu lado.
Una sonrisa apareció en el rostro de Richard, creía estaba despertando un interés en la mujer frente a él.
—De acuerdo, trabajarás a mi lado. Tenía la orden que trabajaras desde la oficina pero estás demostrando mucha capacidad y tú desempeño es genial.
—¡Gracias, Richard! ¿Puedo pedirte algo?
—¿Que deseas?
—Tengo una amiga y necesita empleo ¿Podrías intervenir para conseguirle algo?
—No prometo conseguirlo pero haré lo que esté en mis manos.
—¡Gracias nuevamente, Richard! Eres grandioso.
Moviendo sus hilos a su conveniencia, Kassandra lo tomó de manera coqueta de las manos, acariciando su dorso con sus delgados dedos. La respiración del hombre comenzó a elevarse sintiendo que sus latidos desbordar.
Richard no lo sabía pero se convertiría en el objeto de la mujer para lograr sus propósitos.