Sophie Cleiton era estudiante de leyes, toda su vida había soñado con entrar a estudiar en la universidad Rive, su mejor amiga y compañera de habitación era Felicia Galin quien ahora pasaba un momento difícil sin contar con apoyo de su familia.
Sophie era la hija menor de la familia Cleiton, sus padres preferían a su hijo mayor ya que era hombre, a él le dieron todo su cariño, tiempo y dinero mientras que Sophie tuvo que conseguir una beca universitaria para continuar con sus estudios, en cambio su hermano Bastian obtenía todo con tan sólo pedirlo.
Dos días después del abandono de Arturo, Felicia decidió hablar con sus padres, estaba preparada para sus reclamos pero salió peor de lo que imaginaba.
—¿Por qué estás aquí Felicia? Debes trabajar durante las vacaciones.
—¡Papá, mamá! Debo decirles algo importante.
—No salgas con una tontería niña ¿,escuchaste?
—¡Estoy embarazada!
—¿QUEEE?
La madre de Felicia, se acercó y le dió una fuerte bofetada que la hizo perder el equilibrio por un segundo y estuvo a punto de caer.
—¡Eres una cualquiera! ¿Cómo fue que saliste embarazada? Nosotros no te dimos esa educación.
—¡Mamá, perdoname!
—Eres una vergüenza para nosotros, largo de aquí y no vuelvas.
—¡Papá, no por favor! Yo...
—Tu, tú quisiste olvidarte de los valores que te enseñé y ahí están las consecuencias, ahora largo de aquí.
—¡No papá, por favor! Los necesito.
—Soy pastor de la iglesia ¿cómo esperas que de lecciones de moral cuando mi propia hija no los toma? Eres una vergüenza para la familia.
Tomándola del brazo la sacó de casa, arrojandola a la calle cerró la puerta con fuerza, no sin antes hablar con ella por última vez.
—¡Jamás vuelvas aquí! Se terminó la ayuda económica, para nosotros ya no existes.
Felicia lloró todo el camino al campus, ahora estaba sola y sin dinero ¿que haría con su vida? Caminaba a su dormitorio con la mirada baja y llena de incertidumbre.
*—¿Que debo hacer contigo?
Hablaba consigo misma mientras acariciaba su vientre. Al llegar al dormitorio, Sophie preparaba sus documentos para asistir al bufete.
—¿Que pasó con tus padres?
—Ya no tengo padres, me corrieron como si fuera una basura.
—Me tienes a mi, eres como una hermana yo estoy aquí contigo y siempre lo estaré.
—¡Gracias, Sophie! ¿Que haría son ti? Estamos solos en el mundo, eres mi única familia.
—¡Así es mi querida Felicia, somos familia!
Felicia lloraba desconsolada mientras acariciaba su vientre, Sophie la abrazaba tratando de reconfortar y hacerla sentir segura.
—¿Pero que haré cuando nazca? Perderé clases, mis calificaciones bajarán y me quitarán la beca.
—Nos preocuparemos de eso después.
Felicia sonrió y secó sus lágrimas, asintiendo a las palabras de su amiga.
Días después, Sophie entró al programa de entrenamiento del mejor bufete de abogados, comenzó a trabajar en la cafetería cerca de la universidad durante el turno nocturno y fines de semana para ayudarle a Felicia. Estaba exhausta pero no se tendría, estaba dispuesta a ayudar a la única persona que estaba a su lado. Felicia trabajaba como cajera en el centro comercial cerca de la universidad y por las noches hacía traducciones en línea para ganar algo extra.
Las dos chicas hacían todo por salir adelante juntas, trabajaban duro durante las vacaciones.
El mes de vacaciones terminó, en dos días comenzarían el nuevo año escolar, la una de la madrugada estaba marcaba en el reloj de pared en la cafetería, los últimos clientes habían salido apenas diez minutos antes, Sophie se mostraba visiblemente cansada mientras limpiaba la barra y acomodaba los condimentos, pero siempre llevaba una sonrisa en su bello y angelical rostro. La campanilla de la puerta sonó al abrirse, un hombre joven y apuesto entraba con paso firme pero en su rostro se mostraba un poco de disgusto al ver el pequeño lugar, acomodaba su corbata mostrando el fino reloj en su mano.
—¡Bienvenido a..! ¡Oh! ¿Que haces aquí?
—¿No me saludaras hermanita?
—¿Quieres tomar algo?
—No querida, yo no tomo nada que no sea servido en un buen restaurante, ésto es ofensivo.
—Entonces dime ¿a qué has venido?
—Mamá supo que estás trabajando en el bufete y no hemos recibido ninguna aportación económica por ese trabajo.
—¿Aportación?
Bastian se sentó en una de las mesas, mostrando un poco de desprecio al hacerlo. Cruzaba sus largas piernas mientras descansaba con pereza el brazo sobre la mesa.
—Querida Sophie, es tu deber como hija ayudar en casa.
—No tengo dinero, es solo entrenamiento.
—A mi no me engañas niña, se muy bien que ese bufete paga muy bien a sus nuevos reclutas aún estén en entrenamiento. Así que estoy aquí por el cheque, no tardes que no quiero estar aquí mucho tiempo.
—No Bastian, no tengo dinero, yo pago mis gastos, mis libros y no he pedido nada a mis padres, apenas me alcanza con lo que me pagan.
—Ese es tu deber, tienes dos empleos lo que ganas en ésta pocilga es suficiente para tus gastos. A nosotros nos toca lo que ganas en el bufete.
—¿A nosotros? Estás equivocado Bastian, si quieres dinero trabaja como lo hago yo. No eres más que un parásito que vive de nuestros padres, abandonaste la universidad y tus trabajos son temporales, no haces nada por ayudarlos y esperan que yo los mantenga.
Bastian le soltó una bofetada que la hizo caer al piso, Sophie se sostenía la mejilla enrojecida tratando de sostener las lágrimas que estaban apunto de salir por sus hermosos ojos color miel.
—No vuelvas a insultarme, tú no sabes nada niña estúpida. Soy demasiado para trabajar en algo que no está a mi nivel, tu jamás lo entenderías porque eres tan poca cosa.
—¿Que pasa aquí?
El dueño de la cafetería salió de la pequeña oficina, vió a Sophie en el piso y se acercó para ayudarla a levantar.
—¿Estás bien Sophie?
—Estoy bien señor Charles.
El señor Charles no era muy mayor, tenía apenas treinta años, había estudiado literatura en la universidad Rive y después de varios años decidió invertir sus ahorros en una cafetería que no excediera los costos, para ayudar a los estudiantes.
—¿Quién es usted y que hace aquí?
—Mi nombre es Bastian Cleiton y sólo vine a recoger algo que por derecho me corresponde.
—No te daré nada Bastian, es mejor que te vayas por dónde llegaste.
—Escucha bien Sophie, no conduje desde tan lejos para irme con las manos vacías, mañana iré a la universidad por el dinero y si no quieres un escándalo me lo darás.
—¡Basta! No eres bienvenido en mi cafetería ¡Largo de aquí ahora mismo!
Sophie apretaba sus puños, cuando Bastian salió de la cafetería las primeras lágrimas corrieron por su mejilla.
—¿Quieres hablar de lo sucedido?
Durante un mes había trabajado duro, el verse atacada por su hermano la hizo colapsar y asintió, pensaba que era mejor hablarlo con Charles y Felicia no la viera en ese estado al volver.