Capítulo 18 ―No, ese no es su miedo, de hecho alguna vez amó mucho a alguien y después de ella, él solo bueno… Ya no dejo que nadie se acercara, quedó demasiado lastimado que desde ahí mi sobrino solo se ha dedicado a andar de libertino. ―dijo yendo hasta las cortinas para arreglar los pliegues, para después mirar a la condesa―. Pero me da miedo que me lo maten, que un día me digan que alguno de los esposos de estas mujeres, sepan de quién se trata y le pongan una bala en la cabeza. ―Es una preocupación para ti, ya que lo quieres como un hijo.―dijo la condesa, solo llegando hasta su amiga, para consolarla, sentía su dolor como si fuera de ella. Una de las mucamas interrumpió el momento en cuanto entro a la habitación. ―Señora acaban de llegar los perfumes de la señorita. ―Oh si, vamos

