Capìtulo 3

2234 Words
Capítulo 3 El Capitán solo le quedó ir a platicar con las demás damas que estaban en el lugar. Al término de la tertulia la nana de Katy, iba por ella a la casa de los Mildred la cual era llamada por la misma señora Mildred. ― Vamos niña, ya vinieron por ti. ―Gael al ver que Katy, ya era llamada solo le dio un beso en los nudillos para despedirse.― Señorita Rhodes, fue un honor el haber estado en su dulce compañía. ―El gusto fue mío ―despidiéndose. ―Vamos mi niña, porque sus padres me pidieron que viniera por usted, ya que es tarde y no quiere que esté sola lejos de la casa. ―contesto, la nana muy apurada. ―Sí nana, ya voy solo deja y me despido de Alondra. ―Pero la realidad, es que Katy no quería dejar de mirar aquel joven que la había alejado del repulsivo capitán Oxford ―Cuando Katy y su nana de toda la vida Sandra Castro, que la cuido desde que nació hasta la fecha y que siempre estaba pendiente de ella, se había convertido hasta en su alcahueta en algunas cosas. Como en la noche cuando le daba hambre y su mamá le había restringido el postre, ella siempre le llevaba una rebanada extra de su pay favorito, inclusive si ella no se bañaba como Catalina le indicaba, ella le decía que si se había bañado, aunque para esto la tenía que bañar de perfume, para que Catalina no se diera cuenta. Cosa que jamás sucedía, ya que Catalina sabía todo esto, ya que siempre estaba muy al pendiente de Katy, pero Sandra se convertiría en su más fiel confidente en su próxima aventura, en la aventura del amor. Katy iba entre nubes de algodón en el auto, que ni notaba que solo sonreía sin ser necesario. ―Hmm, como que veo que usted está muy sonriente, eso a mí no se me escapa lo que veo es que ni siquiera hay motivos para su sonrisa y la trae de oreja a oreja, ¿Hubo un joven que la dejó así o qué? ―pregunto, al ver a su niña, como le decía en ese estado. ―Ay nana, a ti no te puedo engañar, siiii, se llama Gael, la verdad estoy que me muero de solo pensar en él, aunque no me insinuó nada, mi mamá me dijo que así se siente el amor, que cuando lo sintiera lo sabría, pero de verdad que me quede fascinada con él.―contesto suspirando. ―Me imagino que él también quedó igual con usted, ¿Es acaso el joven con el que platicaba?―pregunto, casi segura de lo poco que vio. ―Sí, nana es él, ¿Cómo supiste?―pregunto, muy sorprendida. ―Porque cuando llegué te busqué y vi que estabas como boba viéndolo sin parpadear ―dijo Sandra sonriendo, solo mirando a su niña como se ponía muy sonrojada. ―¡Ay nana, fui muy obvia! ―exclamo, tomando su cara con ambas manos. ―Bueno un poquito, pero si debe dejar que sea él quien dé el primer paso, no es de una dama ser usted quien lo dé.―comento aconsejando lo mejor para ella. ―Sí, lo sé nana, mamá siempre me dice lo mismo, que siempre me debo de comportar como una dama. ―Bueno y ese muchacho no es casado, comprometido, no se alguna novia, digo porque guapo si es, como para que no tenga a nadie. ―comento Sandra un poco desconfiada. ―Bueno hablamos de trivialidades, me dio pena preguntar, pero bueno espero algún día volverlo a ver.―comento, Katy mirando por la ventana del auto que pasaban el paisaje del camino para regresar a la mansión de los Rhodes. ―Sí, verá que sí fue invitado por la mamá de la señorita Alondra, lo más seguro es que es un joven de muy buena familia, ya ves que desea casar a su hija en un buen matrimonio.―hablo Sandra muy segura de lo que decía. ―Sí, es verdad ¡Ay nana no, quizás ella quiere a Gael Rybak para Alondra! ―comento, un tanto preocupada por lo que su nana casi le estaba asegurando. ―Ay mi niña, deja de hacerte cosas en esa cabecita, mejor deja de ruborizarse que su apà y su ama se van a dar cuenta y me van a preguntar y yo, no les podrè ocultar nada. Además hay algo que quiero comentarte y que de seguro no sabes. ―¿Que es nana? Por favor dime no me dejes con la duda ―dijo mirando a su nana muy atenta. ―Bueno el capitán Oxford, fue hace unos días a su casa a hablar con su apà y por lo que escuche el viejo fue a pedir su mano.―comento Sandra con una mueca. ―No me digas, que mi papá accedió a eso nana ―dijo muy conmocionada, casi al grado del llanto. ―No, como crees, no, su apà dijo que su mano ya estaba concertada desde su nacimiento.―conto lo que escucho detrás de la puerta que de hecho, lo escucho ya que estaba pasando por el despacho por casualidad. Katy ponía una cara de horror. ―No nana, no mi mamà me prometió que cuando me casara lo haría por amor y no por un matrimonio concertado, mi papito no me haría esto, no me niego, cruzándose de brazos. ―Bueno si es así y nada podrá hacer, más que aceptar lo que su apà diga, usted no decide sola.―comento Sandra que sabía que ese era el destino de muchas muchachas de su estatus. ―¡No nana, antes de que me hagan eso me escapó! ―exclamo, muy segura de lo que decía. ―No, niña no, solo tiene que ver qué tal si su apà solo se lo dijo al viejo verde, para alejarlo de usted, no cree.―comento Sandra tratando de que se calmara. ―Bueno conociendo a papá, si puede ser, él jamás me haría hacer algo en contra de mi voluntad ―dijo, apretando su vestido con sus manos―. Sabes; me contó papà como enamoro a mamá en una hacienda en México, ay nana yo quiero ir y conocer ese lugar, solo que no han querido llevarme, porque ahora las cosas por allá están bien feas y es peligroso ir.―comento suspirando, haciendo a un lado la cortina del coche para ver el cielo. ―Bueno de eso, no sé, cuándo yo llegué a su casa usted estaba apenas de días, llegué a cuidarla ya que su ama, estaba muy débil, si viajamos a esa hacienda usted era una bebe y yo estaba más joven, pero si es muy bonita, ahí su apà le llevó una serenata a su ama, fue tan romántico. ―De verdad nana, yo quiero un amor como el de ellos, así de grande, que se note el amor porque papá, cada que puede abrazar a mamá y la llena de besos, eso yo con los papa de mis amigas no lo veo, me dicen que sus padres hasta duermen en cuartos separados, ¡puedes creer eso! ¡¡Cuartos separados!!―exclamo Katy muy asombrada de esas situaciones. ―Mi niña, eso es muy normal, los matrimonios llegan a un punto donde ya no se toleran y como no existe el divorcio, deciden mejor vivir separados aunque en la misma casa. ―No nana, en mis padres puedes ver el amor que ellos se tienen, no pueden vivir el uno sin el otro, creo que son pocas veces que los vi discutir y eso fue cuando era muy pequeña, apenas si recuerdo, pero casi no me acuerdo por qué peleaban.―dijo tratando de recordar alguna pelea que hayan tenido sus padres. ―Mmm bueno casi llegamos, así que bueno yo no dije nada ―dijo mirando que abrían el portón para que el auto entrara a la mansión. ―Sí, nana investigare que es lo que sucede, hablaré con mamá, si no me mires así, seré sutil; sabes que ella me apoya en todo y no podrè ocultarle nada, me conoce igual que tú. Al llegar a la mansión, ya los esperaba Damián y Catalina que la recibían con todo el amor que tenían para su hija… ―Hija, ya me estaba preocupando que no llegaban ―comento Catalina, al verla entrar ayudándola a quitarse el sombrero que era muy brumoso. ―No exageren, saben bien que voy muy bien cuidada ―dijo mirando a ambos padres que estaban a la expectativa de su llegada. ―Sí, pero sino fuera porque fui a ver, qué decía el doctor de tu abuelo, ya que si no voy mi madre no me dice nada, así que tenía que estar, yo hubiera ido contigo a esa tertulia.―comento Catalina, dándole el sombrero a Sandra, para que lo llevara a guardar en cuanto se desocupara. ―Mamá eres igual de exagerada que papá, solo fui a una reunión de la cual me fue muy bien._ comento rodando los ojos. ―Sí, hija pero no me gusta que vayas sola, sabes bien que cualquier cosa que hagas puedes perjudicar tu reputación, pero bueno vayamos a descansar que ya la hora de cenar ya tu padre me quiere llevar a la cama, anda te llevo a que te cambien.―dijo Catalina llevando del brazo a su hija. Sandrita muchas gracias por cuidar de mi hija, como siempre a nadie se la encargaría más que a ti, aparte de nosotros sus padres y sus abuelos.―comento Catalina mirando a su niñera que le tenía toda la confianza del mundo. ―Señora, usted sabe que yo adoro a la niña Katy, pero igual me iré a descansar, que pasen buena noches.―dijo, bostezando de lo cansada que había sido su día. ―Igualmente, anda hija subamos que quiero que me cuentes que paso en la tertulia, porque traes una cara que se te nota a leguas ese rubor.―comento Catalina, que no se le escapa nada ya que conocía muy bien a su hija. ―Ay mamá, tú también ―dijo muy sorprendida. ―Soy tu madre, sí yo te tuve en mi vientre, así que te conozco como la palma de mi mano, anda vamos para que te cambies.―dijo sonriendo. Ya en la habitación Catalina, ayudaba a Katy a cambiarse para que se acostara a dormir, anda mi niña, dime ¿Acaso conociste a un joven del cual quieras hablarme?―pregunto, casi segura que eso había pasado. ―Mamà, pareces bruja, siiiii se llama Gael Alejandro Rybak, viene de Inglaterra junto con su madre la señora Rybak. ―¿Rybak? No sé me hace un apellido conocido, la verdad no lo había escuchado.―comento Catalina, sacando la bata de Katy de su closet. ―Bueno llego a este país, porque tiene negocios que heredó de su padre, pero es guapísimo realmente apuesto, alto con los ojos más hermosos que he visto, inclusive más bonitos que los de papá.―dijo sonriendo, suspirando al recordar a Gael. ―Ah no, nadie tiene ojos más bonitos que los de mi Damián, hija esa mirada quería verla en tu rostro, quiero que cuando te cases lo hagas enamorada y feliz, muy feliz.―comento Catalina, con una sonrisa en su rostro. -Ay mamà pues espero volver a verlo, la verdad no quedamos en nada, pero espero que lo vuelva a ver y que lo aprueben, también estaba el capitán Oxford, lo detesto en verdad se acercó a querer intimidar a Gael, pero él, no se dejó y le dio pelea, no dejo que se me acercara ya con eso me derrite por él. ―dijo, mordiéndose un labio. ―Dios hija, que bueno, ya con eso que me cuentas, se ha ganado pase directo a que me caiga bien, solo espero y sea un buen muchacho.―comento Catalina, quitando el brumoso vestido, para que pudiera colocarse la bata de dormir. ―Creo que sí lo es, es todo un caballero ―sonrió al solo recordar a Rybak. ―Bueno vamos a dormir, que tu padre debe estar impaciente esperándome.―dijo Catalina, arropando a su hija, para después ir a su habitación. ―En la casa de los Rybak― La familia Rybak había viajado en un gran barco desde Inglaterra, hasta llegar a Nueva York donde desembarcaron para radicar una temporada en América, en Chicago donde pretendía llegar, ya que la madre de aquel joven tenía una casa que hace años atrás, compró y que mandó arreglar para su llegada. ―Bien hijo, el hecho que en contratamos a la chica en la casa de los Mildret fue más que perfecto, nos evitamos el pretexto para acercarnos a ella, estoy cerca de mi venganza a eso vine y la voy a obtener, no sabes cómo esa familia me hizo sufrir, llore tanto por lo que me hicieron que nunca lo he olvidado, ni lo hare.―dijo apretando un anillo que portaba en su collar. ―Lo sé madre, lo sé, por eso estoy dispuesto ayudarte en esto, para que ellos paguen lo que hicieron. ―comento Gael muy centrado en su venganza. Continuará…
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