Nicole
Estaba durmiendo tan plácidamente cuando una luz impactó tan de lleno en mi rostro que me arrancó de mis dulces sueños de un jalón. Me giré en la cama, dispuesta a seguir durmiendo, pero entonces la voz de mamá me hizo saber que muy desgraciadamente eso no sería posible.
—Arriba, Nicole.
Me volví hacia mamá con una expresión entre molesta y somnolienta, —Mamá cierra eso, por amor a Dios —me quejé refiriendome a las cortinas de las ventanas que tenían una vista espectacular de la ciudad pero que en ese momento detesté por que era el punto justo en el que daba el Sol de la mañana.
Cubrí mi rostro con la almohada.
—Llegarás tarde a tu sesión de fotos —ignoró totalmente como me molestaba su presencia—. ¿Qué estuviste haciendo anoche para que estés tan cansada hoy?
Quité la almohada de mi rostro para verla, tenía sus manos en su cadera. ¿Por qué me miraba? ¿acaso esperaba escuchar de mi propia boca algo que ella ya sabía? Claro que no.
Me levanté de la cama, pasandole por al lado directo a mi clóset mientras decía, —¿Para qué preguntas? ¿quieres saber los detalles que no te dieron los perros falderos de papá?
—Es el colmo, Nicole —dejó relucir su tono molesto, claro, no le tomaría tanto ponerse en ese papel, no porque fuera una madre que se preocupara por su hija, y lo dejó más en claro al agregar; —no podré cubrirte de nuevo si vuelves a hacer una tontería como esa.
Se ponía así porque una de sus tareas era controlarme para que no hiciera algo que enfadara a papá.
Puse mis ojos en blanco con hastío ante sus palabras, mientras me quitaba la remera del pijama y la cambiaba por una blusa negra e hice lo mismo con los pantalones, eligiendo unos leggins.
—¿Qué harás? ¿vas a quitarme el móvil como a una niña pequeña? Tengo veinte años, mamá, puedo salir cuando quiera.
Mientras guardaba mi ropa en el clóset ella tomó mi brazo pero rápidamente me safé, enfrentandola con la mirada pero ella estaba igual de molesta que yo. Como verán, no teníamos la relación más amorosa del mundo.
—Sabes todo lo que está en juego, Nicole, deja de actuar como una niña y madura de una vez —advitió en un tono severo y le dí la espalda, cerrando el clóset y yendo al baño a cepillar mis dientes.
Para mi buena suerte no tuvo más nada que decir y se marchó, el sonido de sus tacones en pasos rápidos y fuertes mientras se dirigía a la puerta.
Me enjuagué la boca y exhalé profundamente, repitiendo en mi mente Respira, Nicole, respira. Un mantra que se había vuelto mi aliado en momentos como ese, pero poco a poco perdía efecto y comenzaba a temer que en cualquier momento mandara todo al Diablo como había querido hacer desde hacia tres años.
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Estaban terminando de maquillarme para la portada de una reconocida revista de moda, el punto a resaltar fueron mis ojos verdes con sombra negra y mis labios llevaron solo gloss que combinaba con el efecto húmedo que habían logrado en mi cabello, igual que con la tela del vestido de diseñador.
Ser modelo siempre había sido mi sueño, y mentiría si dijera que en parte mi éxito siendo tan jóven no se debía a mi apellido, pero yo jamás había querido usarlo a mi favor. A pesar de haber nacido en cuna de oro, siempre me esforcé en merecerme lo que recibía. Pero venir de una familia como la mía tampoco era algo que se pudiera ignorar.
Mis padres y yo somos de Italia, pero por sus negocios vivía viajando con mamá del brazo, y de vez en cuando yo iba con ellos porque tenía trabajo en otras ciudades. Y siempre me veía forzada a acompañarlo a las cenas con sus socios, donde le encantaba presumir a su familia perfecta, aunque todo no era más que una ridícula mentira.
Cuando el maquillador terminó le sonreí amablemente y me bajé de mi sitio frente al tocador, encontrandome a Viviane, mi representante en Los Ángeles, caminando hacia mí con una expresion de fascinación mientras me recorría con la mirada de pies a cabeza.
—Wow, te ves hermosa, como siempre —tomó mi mano dándome una vueltecita y le sonreí—, pareces una muñeca. ¿Estás lista?
Asentí y me dirigí a ponerme los zapatos, luego de eso nos dedicamos durante varias horas a tomar cientos de fotografias de las cuales fuí diciendole cuales me parecían mejores y hablamos con el fotógrafo para ver mis mejores ángulos, aunque la desición final no estaba en mis manos me encontraba bastante conforme con el trabajo que estaba haciendo.
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Cuando la sesión finalizó me desmaquillé mientras el equipo comenzaba a guardar todo y Viviane contestaba unos llamados. Una vez que estuve lista me despedí de todos, luego de cerrar unos detalles con Viviane sobre la pasarela para una colección de lencería del día siguiente.
No tenía muchas ganas de regresar al hotel aún así que decidí caminar un rato escuchando música con mis airpods, inclúso pasé por una cafetería y me llevé un café helado. Sinceramente, trataba de tomarme todo el tiempo del mundo.
No quería ver a mis padres, aunque de seguro papá estaba en alguna llamada del trabajo y mamá de compras para esa noche, preparandose para lucir como la más hermosa esposa trofeo. Ella sabía perfectamente que lo era y era el estilo de vida que había escogido, y no la criticaba, pero odiaba el hecho de que fuera la vida que estuvieran escogiendo para mí, como si no fuera un maldito ser humano con libre albedrío para decidir lo que quería hacer con mi vida que obviamente no era lo que ellos me imponían.
Pero no tenía escapatoria, no cuando me utilizaban como una pieza importante en un juego que involucraba a personas tan poderosas y peligrosas, en un negocio donde habían millones en juego.
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Para la cena de esa noche había escogido un vestido n***o clásico con el detalle de que las tiras se unían detrás de la nuca, formando una V invertida, con escote recto y sutilmente ajustado. Me arreglé el cabello en un moño perfecto con una onda cayendo en uno de los lados de mi rostro y pinté mis labios de un rojo mucho más sobrio que el de la sesión.
Me dí una última mirada antes de recoger mi bolso y mi abrigo, para tomar el escensor antes de que mamá subiera por mí y colmara la poca paciencia que había conseguido en la tarde, era algo que venía haciendo hacia ya tiempo, guardarme todas las cosas que quería escupir y encapsulandolas en mi interior. Y estaba segura que algun día estallaría, y no terminaba de decidir si eso sería bueno y liberador o realmente malo.
No habían muchos huéspedes en el lobby del hotel por lo que dar con mis padres no fué difícil. Bufé al notar unos cuantos fotógrafos en la entrada, como se trataba de un hotel de lujo varias figuras importantes se hospedaban allí, mucho más con los desfiles de moda que se llevaban a cabo esa semana.
Avancé hacia mis padres y la primera en notar mi presencia fué mi madre, pero fué papá quien se acercó a mí con aquella sonrísa tan genuinamente falsa que tan fácilmente podía lograr. Quizás mamá no le había dicho de mi escapada nocturna.
Sus manos rodearon mis brazos en un gesto gentil mientras dejaba un beso en mi frente, pero era solo el movimiento perfecto para poder decir algo y que solo yo lo escuchara.
—Si vas a escapar por lo menos cubre bien tu rastro —Mamá sí le había contado. O de alguna forma se había enterado. No me sorprendería descubrir que me había puesto un chip rastreador mientras dormía.
Con una de sus manos en mi hombro me empujó a caminar mientras mamá le rodeaba el brazo con el suyo, era como si aquél fuera su lugar predeterminado. Papá estaba orgulloso de la postal de familia perfecta que le mostraba al mundo.
Le dió un apretón a mi hombro para que sonriera mientras avanzabamos hacia la salida y nos montabamos en el Bentley.
Pero ese gesto se desvaneció en cuando subí al vehículo y esté arrancó, me crucé de brazos mientras observaba a través de la ventana, esperando que aquella frase que me dijo fuera la única que recibiera respecto a la noche anterior, no estaba de humor para soportar otra reprimenda ese día.