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1578 Words
Nicole Cuando el vehículo se detuvo frente al restaurante francés, abrí la puerta y descendí del lado contrario de mis padres, creí haberme librado de las reprimendas de mi padre pero entonces tomó mi brazo cuando pasé frente a él. —¿Cuándo será el día en que dejes de comportarte de forma tan inmadura, Nicole? ¿Inmadura? Pensé. Había cumplido los veinte hacia algunas semanas y mi adolescencia prácticamente casi no la había disfrutado porque tenía diecisiete cuando me avisaron que estaba comprometida con el heredero del mejor amigo de mi padre. En ese momento era lo suficientemente sumisa como para solo aceptarlo, las cosas avanzaron y ya no tuve la oportunidad de decirles que era una locura y que no era lo que quería, ahora estaba a solo un año de ser la esposa de alguien a quien no amaba en lo absoluto y que solo había visto dos veces. —El día en que dejes de poner hombres a vigilarme —. Como si de cualquier forma pudiera huir. —No colmes mi paciencia, Nicole —advirtió en un tono lento, con voz clara, una amenaza que me hizo tensar la mandíbula. ¿O qué? Quise enfrentarlo, ¿qué se iba a atrever a hacerme? —Basta —entonces mamá intervino— los dos. El señor Van Hessen ya está aquí —disimuló una mirada hacia algún punto detrás de mí y papá me soltó. Me crucé de brazos y me volví en la dirección en la que se encontraba su atención. Mis cejas se arquearon con cierta sorpresa ante el pedazo de auto que había estacionado detrás de nuestro Bentley, se trataba nada más ni nada menos que de un Bugatti Voiture Noire. Pero mi fascinación fué rápidamente precedida por la maldita sorpresa de ver quién descendía del lujoso vehículo. Aunque sorpresa suele utilizarse para cosas buena, yo solo quería que la tierra me tragara en ese mismo instante. Su esbelta figura enfundada en un traje completamente n***o arrebatandome el aliento mientras lo veía avanzar en nuestra dirección irradiando seguridad y poder. Eso jodidamente no podía estar pasandome. Los flashes de lo que había ocurrido la noche anterior no dudaron en golpearme la mente en un acto traidor de mi subconsciente Por la luz pude notar que sus ojos eran marrones, igual que su cabello chocolate, ambos de un tono oscuro que perfilaban aún más sus facciones maduras. Su mirada se posó brevemente en mí y pude sentir como algo se sacudía en mi interior, haciendo apartar mi atención de su rostro. Por algún motivo no pude notar sorpresa en su mirada, ni nerviosismo en sus gestos o algo que me indicara que estaba igual de sorprendido que yo. Y no supe si era muy bueno ocultandolo o... si ya lo sabía. —Buenas noches, señor Van Hessen —lo saludó papá. ¿Señor? Ni siquiera debía tener más de treinta. —Rafael, dime Madden, porfavor —le contestó él con aquella voz profunda y ese acento tan condenadamente sensual. —Madden, ella es mi esposa Elena —presentó a mamá quien le tendió su mano. —Un placer —le dijo ella cuando él le correspondió el gesto y asintió con la cabeza. —Y ella es mi querida hija Nicole —me nombró, obligandome a poner en mi rostro esa sonrisa que había aprendido a fingir, pero estaba más que segura que se podía notar lo tensa que me encontraba. Ambos nos miramos y le tendí la mano como un gesto de educación solo porque no podía emitir palabra, pero cuando su mano apretó la mía por mi mente cruzaron las imagenes del momento en que sus dedos se aferraban a mi cadera para embestirme con más profundidad. Dios, de pronto me sentí acalorada... asfixiada. Para mi suerte papá volvió a hablar y desvié mi atención a él, —Entremos. Mamá lo tomó del brazo para ingresar al restaurante, dejandome detrás con el desconocído que ahora sabía se llamaba Madden, por el rabillo del ojo distinguí la sonrisa que tiraba de sus labios. Malditamente no podía estar divertido con la situación. Entonces sentí una mano posarse suavemente en mi espalda y apuré el paso, alejandola, sintiendo como si mis piernas fueran a fallar en cualquier instante. ¿Acaso estaba malditamente loco? En mi cabeza solo me pregunté qué tan malo podía ser el haberme follado al socio de mi padre. ━━━━━━━━━━━━━━━━━ Madden Para mí los negocios eran solo negocios, no buscaba que mis socios fueran mis amigos, no me interesaba conocer su vida personal, si tenían amantes o un hijo bastardo. Solo me interesaba buscar a alguien altamente capacitado y con una inteligencia fría y calculadora para los negocios. Con Rafael Ferrari no tuve que pensarlo mucho, conocía perfectamente al exitoso empresario italiano y como sus estrategias competitivas y buenas inversiones mantenían sus empresas en lo alto. Por lo que aceptar una cena que no fuera una excusa para hablar sobre negocios no estaba en mis planes. Pero entonces tuvo que mencionar la idea de conocer a su familia con la que se encontraba en la ciudad, y con familia se refería también a su querida hija. Que resultó ser la misma mujer con la que dieron mis hombres cuando les ordené buscarla. La hermosa italiana que me había follado la noche anterior, la que no había podido sacarme de la cabeza durante el resto de la madrugada, la que me hizo levantar con una erección, torturado por las imágenes de su cuerpo, el recuerdo de sus gemidos y la forma en que me apretaba tan jodidamente bien. Me había follado a la hija de mi futuro socio. Y por algun motivo, no me importaba en lo más mínimo, la había buscado para repetirlo, y ni haberme enterado de aquello iba a detenerme. Fingí interesarme en lo que Rafael contaba, pero mi cabeza solo estaba en la castaña que cenaba en silencio a mi lado, con su atención en cualquier punto del restaurante menos en nuestra mesa. En un acto inconsciente mis pulgares se movían con impaciencia mientras tenía mis manos enlazadas sobre mi regazo, ante la necesidad de acariciarla. En un momento durante la cena se excusó antes de levantarse diciendo que ya volvería, no pude evitar llevar mi atención a ella y a sus movimientos mientras se alejaba, y a regañadientes tuve que apartar la mirada de su cuerpo envuelto en aquél molesto vestido antes de que la sangre comenzara a bombear a los lados incorrectos. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Nicole Sentir como la mirada de Madden caía sobre mí mientras me levantaba me hizo tener que concentrarme el doble para no tropezar mientras me encaminaba en dirección al baño. Una mujer justo salía cuando entré, inhalé profundamente para calmar los nervios que me carcomían al estar allá afuera. Me ví en el espejo y tenía las mejillas sonrosadas porque, por más que tratara de enfocarme en cualquier otra cosa, era malditamente imposible ignorar al alemán de un metro noventa que emanaba masculinidad y sensualidad sentado justo a mi lado. Eso no podía estar ocurriendome, si a ese tipo se le ocurría abrir la boca estaba mucho más que perdida... aunque, si lo pensaba más fríamente, no existía chance en el mundo de que él le contara sobre nuestro encuentro, ¿por qué lo haría? Era ridículo y además perdería un gran negocio. Había sido solo una noche, millones de personas en Los Ángeles y había tenido que follar justamente con el socio de mi padre. Maldita vida. Me tranquilicé a mi misma, diciendome que solo había sido esa vez y que nadie sabía de eso, entonces estaba a salvo, todo debía seguir su curso con normalidad, terminando de hacer lo que originalmente había ido a hacer a Los Ángeles y luego de ese fin de semana regresaría a Italia, y entonces sí jamás lo volvería a ver. No me tardé mucho en el baño y cuando regresé la tranquilidad invadió mi cuerpo al ver como mis padres y Madden se levantaban de la mesa. ¡Si!, había terminado. —Fué una cena muy agradable, señor Van Hessen, un gusto haberlo conocido —escuché a mamá decirle mientras me acercaba a ellos en el recibidor, mientras tomaban sus abrigos. —Por favor, el gusto es mío, Elena. Cuando me tendieron mi abrigo ví como alguien lo tomaba antes que yo. —Dejame ayudarte. Muy a mi pesar no me pude negar y le dí la espalda, dejando que Madden me ayudara a ponerme mi abrigo, sintiendo su respiración calida acariciando mi nuca, erizandome la piel. —Gracias —le sonreí brevemente. —Un placer haberte conocido, Nicole —pronunció mi nombre con cierto énfasis, tendiendome la mano y yo la tomé, entonces sentí un leve apretón. —Lo mismo digo —pronuncié fingiendo una sonrisa mientras sentía la atención de mi padre sobre nosotros. Salimos del restaurante y papá terminó de despedirse de Madden, entonces él se encaminó hacia su vehículo cuando le dieron las llaves mientras que papá le abría la puerta a mamá. Esa vez sí caí ante el impulso de darle una última mirada, y él también dirigió su atención a mí antes de subirse a su vehículo. Mientras ambos nos dirigíamos en sentidos opuestos, solo podía pensar en cómo había sobrevivido a aquello, mientras papá pareció ni siquiera haber sospechado de nada mientras expresaba lo genuinamente contento que estaba por lo bien que había salido todo.
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