03

1647 Words
Nicole —Ferrari, sales en dos minutos. Asentí en dirección a uno de los organizadores que se encargaba del órden en que las modelos debíamos salir a la pasarela, y me quité la bata de seda dejandola sobre mi asiento frente al tocador donde se habían cargado de maquillarme y peinarme, dirigiendome al punto de salida detrás de las espesas y largas cortinas negras, iluminadas por luces verticales azul oscuro. Tomé una profunda inhalación para calmar esos nervios que se anudan en mi estómago justo antes de cada salida, y puse mi mejor sonrisa cuando me dieron la señal y salí a la pasarela, siendo recibida por los aplausos y el buen ánimo del público. Los flahes me impactaron cuando llegué al final de la pasarela y posé luciendo el conjunto de lencería que consistía en un corsét n***o que apretaba mis pechos y unas bragas de encaje con liguero. Por un instante, entre los flashes cegadores, se me hizo ver a la última persona en el universo que querría volver a ver. Mi sonrisa titubeó mientras mi mirada no se apartaba de aquél hombre entre el público, e interiormente le recé a Dios para que solo fuera una alucinación, pero aunque pestañée varias veces él no desapareció. ¿Qué rayos estaba haciendo allí? Me recompuse tan rápidamente que podía jurar que no se había notado el momento exacto en que cada fibra de mi cuerpo se tensó y todo lo que quería era salir corriendo en la dirección contraria. Por suerte mi caminata de regreso estuvo libre de tropiezos a pesar de sentir mis piernas débiles de solo pensar en que él se encontraba allí, observandome entre el público. En cuanto regresé al backstage comenzaron a rodearme para prepararme para el conjunto que cerraría la noche, y mientras estaba en mi camerino, cambiandome, sentía mis dedos hormiguear mientras trataba de abrochar el estúpido brasier. Me tomé unos minutos, caminando con nerviosismo por el pequeño cuarto, inhalando y exhalando profundamente mientras trataba de calmar todas las emociones que me atacaron en ese momento. Una mezcla de ansiedad y temor, pero también un hormigueo en el vientre al pensar... que él estaba allí por mí, lo había notado en su mirada, él esperaba que yo lo viera. Y malditamente lo hice. Aquello hizo que la adrenalina corriera por mis venas con la fuerza de un tsunami. Entonces unos golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos, ya era mi turno de cerrar el desfile, asi que saqué a Madden de mi mente y me esforcé en controlarme a mí misma, no iba a dejar que jodiera mi momento con aquella enorme, enorme estupidez que había hecho al ir allí. Y salí a la pasarela con las manos en mi cintura, avanzando con seguridad mientras movía mis caderas con sensualidad, luciendo como debía ser un conjunto como aquél, en un tono púrpura oscuro con detalles de diamantes puestos manualmente valuado en miles de dólares, la pieza más exclusiva de la marca de lujo. Ni siquiera miré en la dirección en la que sabía que él estaba mirandome, solo sonreí y le lancé un beso al público, regresando sintiendome orgullosa de lo bien que lo había hecho, y aún más cuando las demás modelos me felicitaron y elogiaron al regresar detrás de las cortinas. Tomé mi bata y regresé a mi camerino, dejandome caer frente al tocador para comenzar a desmaquillarme, sin poder borrar la pequeña sonrisa que había quedado en mi rostro por el increíble momento. Pero claro, el destino y la buena suerte núnca estaban de mi lado y la puerta de mi camerino tuvo que ser abierta, dándole paso al que sería mi final materializado en un alemán rico y atractivo como el Infierno. Salté de mi asiento casi al instante, cruzandome de brazos en una posición muy a la defensiva, —¿Qué crees que estás haciendo? —No pareces muy felíz de verme —dijo con suma calma, metiendo sus manos en los bolsillos delanteros de sus pantalones de vestir. Difícil se me hizo ignorar lo bien que se veía con aquél traje de dos piezas. —¿Sabes lo que puede pasar si alguien te llegara a encontrar aquí? No estaba del todo segura de si los hombres de papá aún seguían vigilandome como si fueran mi maldita sombra y en ese caso estaría perdida. —Nadie me ha visto entrar, Nicole —pronunció mi nombre de aquella forma que me erizó la piel. Controlate, Nicole, por amor a Dios. —Escucha, lo que ocurrió entre nosotros no tendría que haber pasado, núnca —enfaticé— y es algo que no volverá a pasar, ¿entiendes? Asi que, por favor... —hice un gesto con la cabeza en dirección a la puerta, dejando todo más que claro. La inquietud comenzaba a carcomerme por dentro mientras los segundos se transformaban en una eternidad con su mirada sobre mí, y sentí que volvía a respirar cuando se dirigió a la puerta. Pero él no se rendiría tan fácilmente. —He venido aquí por algo —. Mi corazón saltó violentamente en mi pecho al escuchar el sonido del seguro de la puerta —. Y puede sonarte muy presuntuoso, pero siempre consigo lo que quiero. Se volvió hacia mí y mis brazos cayeron a mis costados, pasé saliva con nerviosismo. Eso se trataba de un maldito capricho, uno que iba a salir muy caro, pensé. Pero no supe si iba dirigido a él... o a mí. —Pues lamento herir tu ego pero no vas a conseguir nada —aseguré, pero mi confianza comenzó a flaquear al verlo caminar hacia mí con seguridad, obligandome a retroceder hasta que mi cadera chocó contra un mueble y tuve que poner mi mano en su pecho para tratar de resguardar los últimos centímetros de distancia entre su cuerpo y el mío. Su presencia, su aroma, su cuerpo, todo él era una trampa muy tentadora que comenzaba a arrastrarme peligrosamente al borde del abismo, y no sabía cuánto más podría resistir. —Madden, porfavor... —murmuré con la mirada puesta en su pecho, sin tener la fuerza para enfrentarlo. —¿Porfavor qué? —Vete, nosotros no... —pasé saliva, sintiendo mi boca seca— no podemos, ¿entiendes? —¿Entender qué? ¿que tu boca dice algo... —pronunció acercando su boca a mi oreja, provocandome un escalofrío al sentir su cálido aliento acariciar mi piel—... pero tu cuerpo me demuestra todo lo contrario? Su tono tan profundo fué acompañado por su mano deslizandose por mi cintura hacia uno de mis pechos, acariciandome sobre la delgada tela y entonces la fricción contra mi pezón sensible me hizo cerrar los ojos un momento, entonces él tomó mi mentón con sus dedos, haciendo que lo enfrente. Grave error. Su rostro quedó a centímetros del mío. —Una última oportunidad, Nicole —su mirada oscurecida se deslizó de mi boca hacia mis ojos—. Dime qué quieres —sus dedos ágiles se deshicieron del nudo de mi bata y un calor estalló en mi entrepierna al sentir su palma deslizandose por mi abdomen desnudo hasta mi espalda baja, pegandome más a él, dejandome sentir lo duro que estaba. Por Dios, estaba perdida. — Y si no es esto, entonces me daré la vuelta y me iré. Solo una oportunidad, liebe. Su rostro se hundió en mi cuello y supe que, por más que intentara luchar, ya me encontraba danzando en la fina línea entre la razón y la locura, con mis sentidos embriagados por su aroma y su presencia. Mi cuerpo quería al suyo, lo necesitaba. Entonces pensé en que nadie se enteraría de aquello, pronto volvería a Italia y entonces no lo volvería a ver jamás, porque sería una mujer... casada —correción, atada— a alguien que no amaba ni conocía del todo. Quizás más tarde me arrepentiría, quizás no. Pero en ese momento no me importó, nada me importaba más que ceder ante el deseo que estaba conteniendo. ¿Por qué lo hacía? ¿por qué me contenía a hacer algo que realmente quería? Si otros ya habían decidido mi futuro utilizandome a su beneficio como si fuera la simple pieza de un tablero, encerrandome en una jaula de oro, ¿por qué yo no iba a tomar todo lo que quisiera hasta que ese momento llegara? Al demonio con ellos. El poco autocontrol que poseía se vino abajo y estampé mi boca contra la suya, disfrutando de aquellos labios que tanto ansiaba, en mi boca, en mi cuello, en cada parte de mi piel. De un momento a otro, estaba contra el mueble, había un espejo detrás y podía ver a Madden besando mi cuello antes de arrodillarse detrás de mí y un sonoro jadeo escapó de mis labios cuando lo sentí arrancarme las bragas. Joder. Traté de volverme hacia él pero me sostuvo contra el mueble, mirandome a través del espejo, —¿Estás loco? ¿acaso tienes idea de cuánto cuestan? Esas bragas valían miles de dólares. Maldición, alguien iba a matarme, ¿cómo ocultaría aquello? Me miró con una sonrisa, —¿Crees que soy la clase de hombre que mira los precios? Trataba de no preocuparme por aquello, mientras lo sentía acomodandose detrás de mí y todo se volvió humo en mi mente y a mi alrededor cuando se deslizó en mi interior, instintivamente cerré mis ojos, disfrutando de la sensación, y tuve que sostenerme de lo que fuera para no caer. —Mírame, liebe —ordenó en un tono profundo antes de besar mi hombro, su mano rodeando mi cuello y lo miré—, déjame ver cuánto te gusta eso —pronunció comenzando a embestirme contra aquél mueble, haciendome perder la razón mientras disfrutaba de lo prohibido, sin tener idea de que había sellado mi nuevo destino.
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