Esa noche, cuando los niños descansaban plácidamente en sus cunas, Abril y Alex se encontraron en su habitación, un refugio de amor y complicidad. El ambiente estaba cargado de una energía palpable, un deseo que había estado latente y que ahora brotaba con fuerza. Abril miró a Alex, su apuesto CEO, y sintió cómo su corazón latía con más fuerza. La tenue luz de la lámpara iluminaba su figura, revelando su cuerpo musculoso, cubierto de un pelaje suave que brillaba a la luz. Las cicatrices que adornaban su piel contaban historias de batallas pasadas, de luchas y sacrificios, pero en ese momento eran solo un recuerdo de su fortaleza. Sin pensarlo dos veces, Abril se acercó a él, sintiendo el calor que emanaba de su cuerpo. Alex la miró con una intensidad que la hizo estremecerse y, en un i

