Elizabeth: Las manos de Mateo aferrando el volante del automóvil llaman mi atención, la forma en como sus venas se marcan y como sus nudillos quedan blancos ante la fuerza ejercida, mientras su boca no deja de lanzar groserías. — Siempre supe que algo así sucedería, lo sabía por un demonio. — soy consciente de la violencia contenida, pero aun así no le temo, no a él. — Teo… — tengo miedo de preguntar, ¿Qué le sucedió a mi hija? ¿Qué paso con su hijo? — Estarán bien, lo prometo Eli, ellos estarán bien. — parece que quisiera convencerse más a él que a mí, pero aun así quiero creer que es verdad. — ¿Qué sucedió? — mi corazón se estruja, de solo pensar mil cosas que le pudo pasar a mi niña y también a Baltazar. — Los atacaron… — por medio segundo despega sus ojos de la carretera, me ve c

