Capítulo 5
Mierda, me siento cansado, apático, lo único que medio me alegra es que ya hemos terminado de grabar el disco y estamos en el proceso de masterización, pero no es por eso que me siento casado al punto de querer pegarme un tiro, sino porque ¡Hemos estado todo el maldito día tomando fotos para el álbum! ¡Todo el puto día parados en un maldito prado a varias horas de la ciudad! ¡Donde los bichos se han hecho un banquete con nosotros! ¡Para tomar unas malditas fotos! Las sesiones de fotos pueden tardar horas ¡Horas! Es horrible ¡Horrible! Y es aburrido, después de tres horas yo ya me quería largar de ahí. Por otro lado, lo bueno de hacer estas muy largas sesiones de fotos, es que acabamos todo en un solo día.
Pronto haremos la grabación de los videos, estamos pensando en contratar a Minnie de nuevo para el video de “Pequeña Niña”, que es nuestra canción principal del álbum, y el nombre del mismo. La razón por la que queremos contratarla se aleja mucho del hecho de que sea mi novia y sea muy buena actriz. La razón es porque no le pagamos, así de simple. Minnie lo utiliza en su currículum y como parte de una muy larga pila de documentos a presentar a Julliard como evidencia de su talento, además de que le encanta presumir en redes que es la protagonista del video musical de la banda de su novio, recalcando el “Su novio”, y defendiéndose de los haters con comentarios como “Si Liv pudo salir en el video de su padre y ser llamada sexy, ¿Yo por qué no puedo sentirme feliz de salir en el video de mi novio?” cerrándole el hocico a muchas personas ¡En serio amo a esa mujer! Tiene mucho carácter. En fin, ahora me siento demasiado cansado hasta para pensar, lo único que quiero es llegar a casa y dormir…
— Señor Knight…
El chofer se detiene, dejo caer la botella de whisky, menos mal que está cerrada.
— ¿Qué sucede…?
Pregunto, intentando enderezarme, sacudo la cabeza y me doy una palmada en el rostro.
— Ya llegamos a su casa…
— Mierda… — parpadeo varias veces, los guardias ya están alejando a los paparazis y fans que acampan fuera de mi casa — Mierda… — me quejo, es estresante no poder llegar a mi casa sin ser fotografiado, es decir, lo único que quiero es dormir y ver a mi familia, a los fans los puedo ver en cualquier otro momento, pero esta es mi casa – Mierda – veo mi aspecto en el espejo — Mi madre me va a matar… — bebo un poco de agua y tomo una menta — Puedo fingir que estoy cansado, gracias Steve
— Tenga buen fin de semana…
— ¡Ah! ¡Daniel!
Me coloco los lentes de sol, mis guardias me cubren. Solo hay unos cuantos pasos desde la calzada hasta la puerta, pero con la cantidad de alcohol que hay en mi sangre siento como si esa distancia se estuviese multiplicando. Me duelen las rodillas y las plantas de los pies, siento que la cabeza me da vueltas, las manos de uno de mis guardias me sostiene del brazo con fuerza. Logro divisar a mi madre en la puerta de la casa, sonrío apenas.
— ¡Daniel!
— ¡Ah!
— ¡Te amo!
— ¡Dame tu autógrafo!
Saludo a todos lados.
— ¡Daniel!
— ¡Daniel!
Me acerco a una de ellas y la complazco, el camino a casa nunca lo había sentido tan largo como ahora, la foto es tomada y por fin puedo seguir.
— ¡Ah!
— ¡Te amo!
Firmo otro autógrafo y me tomo otra foto.
— ¡Daniel!
Vuelvo a saludar a las cámaras y por fin logro entrar en mi casa.
— Hijito… — mi mamá me abraza con fuerza — ¿Estás bien…? — no respondo, aunque sé que ella puede oler el alcohol — Debes de tener hambre, pasan de las diez de la noche y dudo mucho que te hayan dado algo decente de comer… — me dejo caer en el sofá, no me quito los lentes, no quiero que vea mi mirada perdida — Por cierto, la abuela Aurora está en casa de Laura y Minnie se quedará aquí unos días — mamá se ríe — Como si eso fuese sorpresa, ella vive aquí desde hace una década — sonrío — También vino su tío José desde Hidalgo, te trajo unos regalos, Minnie los puso en tu habitación, yo te llevo la cena…
— Gracias…
Es lo único que digo, levantándome con lentitud y subiendo las escaleras con aún más lentitud.
— ¡Danny!
Abro la puerta de mi habitación, Minnie está en el suelo rodeada de fotos y sobre mi cama hay un enorme árbol decorado con miles de flores rosadas y más adornos rosados en el “Pasto”.
— Hola… — contesto, dejando mis cosas en el suelo y sentándome en una silla, mi habitación no es muy grande y es difícil de moverse con todo el desorden de Minnie — ¿Qué haces…?
— Ufff… — Minnie agita su mano delante de su rostro — ¿Has bebido? — muevo la cabeza de un lado al otro — Bueno… — se encoge de hombros, me quito los lentes de sol — En clase de literatura hemos terminado de leer “Cien Años de Soledad”, más que nada a pedido del público, porque es nuestro último año y queríamos un libro que a todos nos gustase, así que lo pedimos, y como evaluación final, también a pedido del público, todos pedimos hacer un árbol genealógico, ya sabes… como los “Buendía”
— Sí… — me inclino a ver su árbol — ¿Hasta dónde te has ido?
— Pues solo he llegado a mis abuelos — me mira — Mis tíos… — señala las fotos — Mis primos, mi hermana y yo
— Mmmm…
— Mira — me señala lo que va avanzando en el árbol — Primero está mi abuela Aurora y mi abuelo Emilio, ambos se conocieron en México cuando eran pequeños, en una fiesta de su pueblo — sonríe — Al principio la familia de mi abuela se opuso porque mi abuelo solo tenía un terreno que no le generaban muchos ingresos a comparación a otros pretendientes, pero mi abuela de todos modos aceptó y se casaron — sonrío — Y con lo poco que tenían emigraron a América donde ella empezó a trabajar de mucama y él de sastre, trayendo a la vida a mi tío José, mi tío Raúl y mi mamá Laura, quienes nacieron con nacionalidad americana, los tres fueron a la universidad, uno a la escuela de contabilidad, el otro a Arquitectura y mi madre Leyes — sonríe — Y pues… todo iba bien hasta que en un altercado con un cliente que no estaba conforme con el trabajo de mi abuelo, y pese a que mi abuelo le ofreció un reembolso, el desgraciado lo deportó y se tuvo que regresar a México — Minnie hace un puchero — Lo cual hizo que mi abuela tuviera mucha depresión. Mi abuelo en México comenzó a trabajar y trabajar en ese terreno donde mis bisabuelos seguían viviendo y hoy en día es el “Rancho Suarez”, un lugar bonito al que ir en vacaciones y donde toda la familia se reúne, donde se cultiva y vende muchas cosas — me muestra muchas fotos — Y mi abuela logró tener todos sus papeles en regla, pero ella prefiere estar la mitad del año aquí y la otra mitad del año en México, normalmente pasadas varias fiestas importantes allá…
— Interesante
— Lo es… — toma una foto de su padre — Mi tío José se casó con una mexicana americana, mi tía Andrea, y ellos son los padres de Catalina, Thalía y Soraya
— ¿La loca que me contaste que empujó a la lisiada?
— Sí, esa — Minnie ríe — Mi tío Raúl se casó con una americana, la tía Jean, y sus hijos son Nicolás y Armando, y pues mi mamá me tuvo a mí y a Esmeralda
— Sí, y Armando y Nicolás son los únicos normales de tu generación — me río — Una vez le pregunté a Armando, cómo sobrevivía a la familia y él me contó que el secreto estaba en mojar algodón y taponearse las orejas cuando había reuniones familiares
— ¡Ey! — Minnie me lanza un almohadón — Eso no lo sabía…
— Creo que la locura Suarez es heredada solo por las mujeres…
Me burlo, Minnie solo se cruza de brazos e infla las mejillas, ese gesto no se lo veía desde años…
— Bueno… luego vienen los Sánchez, la familia de mi papá — levanta la foto de su abuelo — Sé que mis bisabuelos eran inmigrantes mexicanos que vinieron a trabajar en la construcción de las vías del tren junto con los chinos — se encoge de nombres — Pero después de eso no sé nada más, ellos tuvieron a mi abuelo Fernando y a sus hermanos Manuel y Enrique — asiento — Cuando la construcción de tren terminó, ellos se quedaron en América, donde mi bisabuelo se unió al ejercito para combatir en la Guerra mientras mi abuelo y tíos se dedicaban a hacer de todo un poco por un par de dólares — levanta otra foto — Es así como una tarde, mi abuelo, hambriento y al borde de la inanición, entró a una panadería dirigida por una familia de afrodescendientes — sonríe — Y conoció a una mujer que con su sonrisa lo dejó embobado, mi abuela Margaret — me muestra la foto de una guapa mujer muy parecida a Esmeralda — Sus abuelos habían sufrido los últimos golpes de la esclavitud y sus padres los aires de la libertad, y ahora ella y sus hermanas podían vivir medianamente felices en un país en guerra — ríe — Le ofreció una bolsa de pan y un poco de mantequilla — vuelve a reír — Y ya, él le dijo que se casaría con ella en agradecimiento por tan generoso gesto, porque no le cobró ni un céntimo — me levanto de la silla y me arrodillo en el suelo, Minnie recuesta la cabeza en mi hombro — La guerra terminó, mi bisabuelo regresó vivo, mi abuelo y sus hermanos se unieron a la policía, comenzaron a ganar dinero, él comenzó a ganar dinero, ascendió con rapidez en sus rangos…
— Si lo recuerdo, tu abuelo solía contarme que llevaba a tu abuela al cine y a bailar a los clubes de jazz — Minnie ríe — Me decía “Muchacho, si quieres que mi nieta te haga caso, llévala a un club de jazz, recítale poesía, llévale flores, cómprale perlas, confecciónale un vestido de seda rosa y arrodíllate ante ella con un anillo de diamantes”
— ¿Eso te dijo? — asiento — ¿Y por qué nunca lo hiciste?
— Conejo… — me mira — Tenía ocho cuando me lo dijo, ni si quiera sabía que me gustabas, y en cuyo caso ¿De dónde iba a sacar dinero para perlas y seda?
— Buen punto…
— Prosigue con tu historia…
— Bueno… hizo todo eso y se casaron y tuvieron a mi padre, a mi tío Braulio, a mi tío Federico y a mi tío Ignacio — hace una mueca — Todos se casaron y solo mi padre se ha divorciado, mi abuelo lo llamó su más grande decepción y la razón por la que la abuela se murió — rueda los ojos — Mis tíos son policías y solo mi padre es marino
— Bueno…
— Pero no importa, soy feliz…
Sonrío, Minnie me besa.
— Ey…
— ¿Qué…?
Susurra.
— Le falta algo a tu árbol
— ¿A sí?
— Sí
— No encuentro las fotos perfectas de Esmeralda o mías — me mira — Esme dice que me enviará unas para que las imprima porque se niega a salir fea en mi tarea
— No me refería a eso… — la abrazo, me besa — Me refería a mí
— ¡Por Ponilandia! — me empuja, ruedo hacia atrás golpeándome la espalda contra el estante de libros provocando que los peluches de Minnie me caigan en la cabeza — ¡Es cierto!
— Au…
Intento levantarme.
— ¿Dónde rayos estaban…? — Minnie comienza a rebuscar en mi ropero — Daniel, no estorbes, estoy buscando los viejos álbumes de fotos
— No estoy estorbando… — me arrastro hacia mi cama — Au… ¿Por qué siempre me maltratas…?
— ¡Aquí están! ¡Wiii! — Minnie sacude uno de mis álbumes, desparramando en el suelo varias fotos antiguas — A ver… creo que usaré esta, esta, esta… y… ¡Esta! Owww… te ves bonito en esta…
— A ver… — extiendo el brazo y Minnie me entrega la foto — Oh… hasta de bebé me veía guapo, siempre lo he sido… — Minnie se estira y me besa — Creo que me tomaré una foto con esto…
— Yo también
Ambos alzamos nuestros teléfonos y nos tomamos fotos. Abro mi i********:, subo la foto de nuestros rostros juntos con mi foto de bebé en medio y escribo “Yo de bebé #TareaDeBunny”. Veo el teléfono de Minnie, ella ha tomado la misma foto en un ángulo distinto, y ha escrito “Haciendo mi tarea… <3”. Suelto una carcajada, Minnie se gira a verme, me vuelve a besar ¡Repito! ¡En serio amo a esta mujer!
— Wow… i********: ya se volvió loco…
Le muestro mi teléfono.
— Sí, el mío también — Minnie ríe — ¡Ya! — me da un golpecito en la cabeza — Ayúdame en esto
— Está bien… — me río — A ver… — busco entre las fotografías — Este es mi abuelo Theodor Knight, vino desde Inglaterra, era científico, la razón por la que vino fue para una conferencia en la que iba a participar como uno de los exponentes — le entrego la foto — Esta es mi abuela Cosette, venía de Francia y trabajaba en un club como mesera, su sueño era ser modelo u actriz… como tú — Minnie sonríe — Y la primera noche del congreso de científicos, fueron a ese lugar, mi abuela tenía nula experiencia en servir comida y pues terminó derramando las bebidas sobre el hombre al lado de mi abuelo, quien le terminó dando su saco para que se lo limpie y se lo lleve al lugar de la conferencia o le costaría el sueldo… aunque creo que al final la tintorería le iba a costar casi igual que el sueldo
— Que cruel…
— Sí… — asiento — Al día siguiente mi abuela no logró encontrar al hombre, pero sí a mi abuelo, quien le devolvió parte del dinero gastado y ella le dio las gracias y se quedó a oír la conferencia pese a no tener ni idea de qué iba el asunto — nos reímos — Pero la abuela un día nos contó que tuvo una revelación en ese momento, que iba a hacer que sus hijos fueran así de inteligentes y así de importantes, para que lleguen a usar ropa así de cara y zapatos lustrosos — sonrío — Así que volvió a buscar a mi abuelo, quien según ella se quedó asombrado de que una mujer le esté hablando, y entonces le preguntó cómo llegó a ese lugar y sabiendo tanto, dejando bien en claro lo interesada que estaba sobre su investigación — Minnie se levanta del suelo y cierra la puerta con llave — Mi abuelo le invitó un café y conversaron toda la noche sobre las teorías que él tenía sobre la energía nuclear y no sé qué más — Minnie trepa a la cama con todas las fotos en la mano — Y pues… él regresó a Inglaterra, ella dejó el modelaje y decidió regresar a Francia con su familia, a estudiar en la universidad, convirtiéndose en profesora de química — me río — Y mágicamente se volvieron a encontrar en una conferencia de científicos, de nuevo en América, donde de nuevo mi abuelo era conferencista y mi abuela solo fue porque le interesó el tema, y pues… cuando se volvieron a ver, ya un poco más… mayores… pues… fue como… ¿Destino? — miro a Minnie, ella me sonríe — Y después de un par de citas en América, en Inglaterra y en Francia, decidieron casarse y mudarse definitivamente en América, donde mi abuelo pudo continuar con sus investigaciones, enseñó en la Universidad de California y escribió varios libros, mismos que han servido como bases para muchas investigaciones actuales y gracias a ello mi familia recibe regalías, que no serán la gran cosa, pero han ayudado – tomo la foto de mi abuela – Y mi abuela continuó como profesora de química hasta el día que se retiró, fue la primera profesora de química en la escuela pública en la que enseñó – abrazo a mi novia – Ayudó mucho a mi abuelo con sus investigaciones, por eso su nombre figura en varios de sus libros
— Por suerte no crearon al virus zombi
Ríe.
— Y bueno, tuvieron a mi padre y a mi tío Dominique, quien toca el violín como los ángeles
— Los ángeles tocan liras
Me corrige.
— Mi tío Dominique no tuvo hijos, solo se divorció, pero siendo lo suficientemente listo de hacer acuerdos prematrimoniales de conservar todos sus bienes y dinero, y limitarse a invertir lo mínimo posible de su patrimonio en el matrimonio
— Mmmm… tú no hagas eso
Minnie me mira con severidad.
— Jamás
— Lo tuyo será mío — sonríe — Y lo mío… lo mío seguirá siendo mío, porque lo tuyo es mío
— Muy chistosa…
Ruedo los ojos.
— La familia de mi madre, por otro lado… — tomo otras dos fotos — Este es mi abuelo Hank Morrison y mi abuela Adelaida, ellos sí son americanos y no tienen nada interesante… — Minnie me da un golpe en el hombro — Mis abuelos vivían en el mismo vecindario, mi abuela hacía postres y él cocinaba en su casa cuando su madre no podía, porque ella estaba enferma. Mi abuela nos contaba que ella siempre le llevaba tarta de limón a mi abuelo para alegrarlo
— Amo la tarta de limón
— Lo sé…
Nos besamos.
— Y este le agradecía cocinándole espaguetis con albóndigas
— Entonces, cuando el dinero comenzó a escasear en casa de mi abuelo, ellos, siendo niños pusieron un letrero en el jardín junto con mis bisabuelos de “Se vende tarta de limón y espaguetis con albóndigas”, vendieron todo lo que habían preparado y se esparció por todos lados el rumor de que esos dos niños eran mini chefs
— Owww…
— Fueron creciendo y con eso el sueño de tener su propio restaurante, al que llamarían “Eleonor’s” en honor a la fallecida madre de mi abuelo y que sería conocido por ser el mejor restaurante que sirviera albóndigas caseras de toda California o por lo menos Los Ángeles — Minnie sonríe — En la escuela dejaron en la bancarrota a la cafetería de la escuela, comenzaron a vender postres a una panadería e incluso fueron aprendices en un verdadero restaurante, hasta que ahorraron lo suficiente para tener un lugar, justo en pleno centro de la ciudad — miro el techo — E inauguraron “Eleonor’s”, todo el mundo fue a verlos, y fue un éxito rotundo, y siguió así por décadas, luego nació mi madre, no tuvieron más hijos, ella trabajó ahí, luego nacimos nosotros, la abuela murió y pues… “Eleonor’s” sigue funcionando, pero mamá solo lo administra de lejos, y va un rato en las mañanas, mi abuelo está ahí todo el tiempo, supongo que cuando él muera tendrá que cerrar o se venderá a alguien porque… a ninguno le interesa el negocio de los restaurantes… o tiene tiempo para ello…
— Que triste…
Asiento.
— Sí… la verdad es que sí…
— Aunque tu mamá podría…
— Sí, tal vez ella y mi padre cuando decida retirarse, quién sabe…
— Incluso Harry cuando decida retirarse
— ¿Mi hermano apenas tiene veintiuno y ya lo estás jubilando?
Me río.
— Sí…
— Ay Conejo…
La atraigo hacia mí y la beso.
— Bueno… — nuestros rostros están muy cerca — Mis padres se conocieron en un bar, mamá acababa de terminar sus exámenes finales con éxito y estaba con unos amigos… — comienza a contar — Ella dijo que a él le pareció “Atractiva”, y a ella él le pareció “Guapo”, y conversaron y coquetearon, salieron un tiempo y mantuvieron correspondencia el tiempo que estuvieron separados porque él tenía que estar lejos — mira el techo — Y luego de un par de años, cuando cada uno comenzó a crecer en sus carreras, decidieron casarse, felices y enamorados… y al cabo de un tiempo llegó Esmeralda… y mucho tiempo después llegué yo… y luego ustedes… — sonrío — Y henos aquí
— Y henos aquí — nos volvemos a besar — La historia de mis padres parece sacada de Disney o de un libro de Mily Wu — Minnie ríe — Se conocieron en la escuela, mi padre era ese chico rubio, alto y guapo de ojos verdes, popular, inteligente y deportista — Minnie me golpea con la almohada — Y mi madre era aquella chica de ropa ancha y larga, de cabello esponjado y castaño, ojos cafés, que siempre andaba con una manzana en la mano y un libro, sentada en algún rincón, leyendo, ignorando que las clases ya habían empezado porque se abstraía tanto — río — Había un cincuenta por ciento de posibilidades de que salgamos igual de distraídos que ella, gracias al Cielo que los genes de mis abuelos paternos fueron más fuertes
— ¡Ey! — Minnie vuelve a golpearme — ¡Siempre dices que me parezco a tu madre!
— ¡Y te pareces! — intento cubrirme el rostro con los brazos — En realidad es un alago — la atrapo, presiono su cuerpo contra el mío — No hay persona más perfecta que aquella que elijamos para pasar el resto de nuestras vidas — acaricio mi rostro — Te amo…
— Owww… — es lo único que dice, besándome — Bueno, sigue que está interesante