Me quito toda la ropa, que pena está bastante estropeada y rota. Eran los únicos vaqueros que tenía. Ahora tendré que pedirle permiso para comprar unos. Ya que no me permito traer nada de mi ropa al considerarla vulgar. Pues tan vulgar como yo! Menos mal que tengo algo de dinero ahorrado en mi cuenta corriente, ese dinero estaba destinado para la entrada de la casa que me iba a comprar con ese traidor, por lo menos no tendré que pedirle dinero para comprar ropa, al menos por el momento.
Me doy una ducha no tan larga como me gustaría pero es lo que hay. Envuelvo mi cuerpo y mi pelo en una toalla. Miro mis piernas y están llenas de arañazos, al menos ya no están cubiertas de sangre seca.
Mi labio inferior está ligeramente hinchado y tengo un pequeño morado en el pómulo. Aún así ha valido la pena escapar un rato de esta prisión. Cepillo mi pelo y le doy un poco con el secador. Apenas si quedan cinco minutos para que se cumpla la media hora.
Paso a la habitación quito la toalla y me pongo la lencería, es muy bonita en un tono blanco y de encaje. Me siento sucia, soy como una mercancía, esto es humillante. No pienso salir así al pasillo, busco en el armario algo para taparme. Hay una bata de seda, el frío no me lo va a quitar pero al menos ya no voy semi desnuda.
Salgo al pasillo y busco con la mirada, cual es su habitación. Dos minutos y no se cuál es! Fui estúpida al no preguntar. Voy a llegar tarde y eso no va ser mejor que lo que va a ocurrir en un rato. No se qué hacer, así que hago lo único que se me ocurre comienzo a llamarlo.
— Señor no sé cuál es su dormitorio— Con eso espero que me escuche y abra la puerta.
El tiempo pasa y no sale nadie. Ya han pasado diez minutos. Vuelvo a mi habitación y me meto en la cama, ya se que estoy en problemas si al menos puedo dormir un rato, eso será lo que me he ganado estoy rendida después de mi escapada.
Despierto cuando a alguien descorrer las cortinas de mi habitación. Frotó mis ojos en busca de ver mejor a quién está aquí conmigo.
— Buenos días señoras, el desayuno estará listo en quince minutos.—
— Gracias — respondo bajito. Veo como ella se va de mi habitación. — Un momento el señor ya está en el comedor — pregunto.
— No el señor aún no ha bajado, hoy está de mal humor, se han oído golpes debe de haber roto la mitad del mobiliario— esas palabras me hacen estremecer seguro que está así por lo de anoche. Que hago ahora sí bajo será malo pero sino bajo será peor.
Lo mejor será bajar pero que más me puede prohibir si ya me lo ha quitado todo!
Cojo los vaqueros rotos y algo manchados de barro y una sudadera que pude traer, ya que me va a regañar por lo menos estaré cómoda. Recojo mi pelo en una coleta y bajo hacia el comedor. Ni siquiera he mirado la hora, igual hasta llegó tarde. Paso al comedor lo veo sentado con la mirada perdida. Se ve que no ha dormido bien por las manchas oscuras debajo de sus ojos. Su semblante, os lo podéis imaginar...
— Buenos días señor — digo bajito rodeando la mesa rápidamente, pero no soy tan rápida como creía. El me agarra de un brazo antes de poder llegar hasta mi sitio.
— María dejamos ya nos servimos nosotros — le dice a la señora. Al menos ya se su nombre. La sirvienta abandona el comedor, en ese preciso instante él se levanta la silla y me acorrala contra la pared. Mi cabeza está pegada a su pecho, no la quiero levantar pero él lo hace por mí.
— Mírame, o es que tampoco entiendes una orden sencilla?—
Levanto mi cabeza y clavo mi mirada en la suya, sus ojos destilan rabia esta vez le aguanto la mirada.
— No me gusta que me desafíen creí haber sido claro contigo. No solo me desobedeciste cuando te pedí que vinieras a mi habitación sino que también lo haces llegando tarde a desayunar y con esa ropa puesta. Te mereces un castigo ten por cuenta que lo vas a tener. Nadie juega conmigo.—
— Puedo explicarlo todo, pero para variar tu no me vas a dejar hacerlo, como quieres que sepa cuál es tu habitación si nadie me habla en esta maldita casa! así que mejor vuelvo a mi cuarto para que el señor no pierda más de su valioso tiempo — digo envalentonada y cargada de rabia.
— Vaya! valiente y temeraria, tendré que bajarte los humos y conseguir que seas una esposa sumisa.—
— Nunca — digo y suelto una bofetada sobre su rostro. Pero qué he hecho, ni siquiera lo he pensado. El saca un pañuelo y limpia el hilo de sangre que sale de su boca. De su mirada puedo ver como saltan chispas.
— Sube a tu habitación y no salgas de allí hasta que yo te lo ordene, acabas de terminar con mi paciencia—
Subo a la habitación a toda prisa, me encierro en mi baño y comienzo a llorar. Pero qué he hecho! No podía mantener la boca cerrada y obedecer, no yo tenía que revelarme! consiguiendo que su enfado sea todavía mayor.
No se el tiempo que llevo allí dentro encerrada, mi estómago ruge por el hambre. Aquí no tengo nada que comer pero no puedo salir. Así que tendré que aguantar al menos tengo agua.
Salgo a la habitación, despues de meterme durante largo rato en el baño, miró el reloj y veo que son las tres de la tarde, con razón tengo hambre, no he desayunado ni he comido. Estoy un rato en el balcón veo como hay una cuadra con caballos, un pequeño lago y muchas hectáreas de cultivos. Es la primera vez que me fijo en todo lo que me rodea, me pasó dentro cuando la tarde comienza a caer, la verdad es que no me siento muy bien me duele mucho el estómago y me estoy un poquito mareada. Me meto en la cama hasta que consigo dormirme.
Escucho voces fuera de la habitación, estoy tan débil que ni siquiera puedo levantarme. No se qué es lo que ocurre pero tampoco puedo hacer mucho.
La puerta se abre, María pasa acelerada, se acerca a mi y me habla.
— Perdone señora olvide que usted estaba aquí y durante tres días nadie le ha dado nada. Lo siento de verdad. Por favor levántese y baje a comer—
Tres días!... Tanto tiempo he pasado así... creía que solo había pasado un día y resulta que han sido tres. María abandona la habitación, intento moverme pero es inútil. No tengo fuerzas solo quiero dormir.