IV. Nadie es quien dice ser (parte 2)

3240 Words
Después de un rato mi hermano se fue y yo salí por las cosas que tenía en el maletero, no era gran cosa, pero al menos les serviría a las niñas por ahora, luego conseguiríamos mejores cosas y algo más de ropa para ellas. Los chicos también necesitaban, pero para ellos necesitaría ayuda o llevarlos, porque no era muy buena en esa parte, con Julián nunca nos regalamos ropa, éramos pésimo en eso y puedo asegurar que no he cambiado, al menos yo, porque él ya no estaba.       Las chicas ya se habían peleado y repartido la ropa y los zapatos, estaban demasiado contentas con cada una de las prendas, muchas de ellas permanecían con etiquetas y apenas habían sido usadas, seguramente me las compraron antes de exiliarme en otro continente, no lo sabía, al menos no por ahora.       Tal y como dijo mi hermano, Teresa apareció por la puerta a eso de las seis, la mercadería había llegado hacia una hora y entre todos guardamos cada cosa en los lugares que había, aunque no fue suficiente, asique algunas cosas todavía permanecían en las bolsas, pues no había una despensa para guardar, sino un solo mueble que resulto pequeño, ya que el super nos había traído comida para seis meses.     Nana observo el lugar atenta, los niños la saludaron de forma muy cariñosa para luego irse a sus actividades, la cocina tenía una mesada vieja y llena de roturas, la heladera era casi tan antigua como mi querida madre sustituta, el piso de cerámica roja tenía varios agujeros por todas partes.     Las paredes estaban pintadas de un verde agua todo manchado y algunas mancha de humedad permanecían en las esquinas. El comedor tenía una larga mesa de madera con sillas de paja de distinto colores.   -          ¿Por qué no me dijiste que eras dueña de un orfanato? – la mire – Dijiste que ayudabas, no que eras la dueña. -          No es la gran cosa – me apoye a su lado y la mire atarse el pelo para cocinar. -          Tu padre casi tiene un infarto cuando se ha enterado, tus hermanos hablaron con él durante horas – suspiro – Al final acepto esto y colaborara para que tengas donaciones – levante la ceja. -          ¿Qué hay en el fondo de todo esto? – me miro – Vamos, el detesta la caridad, detesta los niños y sobre todo me detesta a mí, asique no me digas que… -          Tu papá te ama Samantha, es solo que es más complicado de lo que parece – negó mientras pelaba verduras – Solo no tires de la cuerda hija, mantente calma y haz lo que te dicen, odiaría ver que te pase algo. -          ¿Qué me pase algo? ¿Qué me podría pasar? – sus ojos se abrieron grandes. -          Es un decir hija… no le hagas caso a esta anciana. -          No, no, nada de es… -          Ajam – el carraspeo en la puerta nos hizo dar vuelta – Perdón que las interrumpa, pero podría hablar con usted – Reed me miraba desde la puerta de la cocina. -          Claro – sonreí tranquila y caminé - ¿Dónde prefieres? -          Aquí en el living está bien.       Nos sentamos en los sillones, él permanecía alejado de mí, sus manos estaban juntas y las piernas se movían inquietas, una clara señal de nerviosismo o abstinencia, no sabía bien cuál de las dos era la correcta, pero si sabía que no podía ser bueno. -          ¿Qué ocurre? -          Mire, yo no sé cuáles son sus intenciones, pero estos chicos han sufrido mucho y vivido mucho maltrato, no la estoy juzgando, pero quiero que sepa que a pesar que me quede poco tiempo aquí, no dejare que los vuelvan a lastimar. – tomo aire – Llega aquí con ropa, comida, arreglos y luego qué, nos desecha como todos los demás, somos huérfanos, no idiotas, asique le voy a pedir que no nos tome como tal. -          Vaya… - fue lo único que pude decir – Mi intención no es esa, no pretendo que confíes en mí, de hecho, yo confió en muy poca gente, pero quiero que sepas que en realidad los quiero ayudar, lo que hago, lo hago porque lo siento, se lo que es no tener padres – mire el suelo – Créeme que los entiendo y puede que no tenga sus necesidades, pero comprendo lo que son las carencias y no creo que nadie merezca eso. – me levante y me acerque a su lado – Tú no tienes un tiempo limitado aquí, puedes quedarte hasta que te adopten o termines tus estudios y si después de eso todavía no encuentras trabajo, podrás seguir aquí, yo no te voy a sacar, jamás lo haría – tome su mano – Con respecto a quedarme o irme, no es algo que les pueda prometer, solo puedo decirte que estaré aquí tanto como me sea posible, puede que en algún momento me vaya o ya no este, pero para cuando eso pase tendré un plan para ustedes y no estarán solos, eso lo prometo.         Su mirada se clavó en mi un momento y luego en nuestras manos, podía ver su desconfianza y sentir su rigidez. -          ¿Por qué hace esto? – las palabras se acallaron en mi garganta y el nudo creció, no sabía cómo responder a aquello, va… si lo sabía, pero no podía decirlo. -          Lo prometí y cuando prometo algo cumplo mis promesas – me levante tranquila – En estos días los llevare por ropa. – gire para irme. -          Señorita Samantha - me frene y lo mire – Mañana tengo un viaje con la escuela, por lo general no voy por falta de plata y comida, pero me preguntaba… -          Claro, solo dime cuanto necesitas y te doy la plata.       Contesto algo apenado, pero me dijo el monto, por mi parte le entregue el dinero y salía al patio en busca de oxígeno, necesitaba desconectar un poco de todo esto. Se suponía que sería más sencillo, él me dijo que sería sencillo, solo era una colaboración, los demás lo manejarían y yo podría hacer algo bueno, pero acá estaba, a cargo de diez niños cuando mi vida era un completo caos, nada me salía como debía y todo lo que me rodeaba moría. -          No debería estar afuera tan tarde señorita – la voz provino desde mi espalda. -          Dudo que me pasé algo teniendo unos diez hombres merodeando – seguí balanceándome en el columpio oxidado.       Había venido aquí después de cenar con los chicos y los muchachos, porque obviamente les di de comer a todos en la misma sala a la misma vez. Falto espacio, pero no las ingeniamos. Lo único que me tenía extrañada era la actitud de Teresa.     La mujer se había mostrado distante y muy descortés en algunas ocasiones, algo raro siendo que también ella era empleada de la casa y que, poniéndose en ese plan, tampoco debía sentarse a comer con nosotros en ningún momento y bajo ninguna circunstancia.     -          Señorita – la voz de Liam sonó esta vez. -          Fui clara cuando dije que me llamaras por mi nombre – seguí con mi balanceo. -          Está bien Sam – suspiro - ¿Qué haces aquí? -          Pienso – seguí moviendo los pies. -          ¿Ocurre algo? – lo vi sentarse a mi lado.       Liam llevaba un pantalón ligero y un buzo, su cabello, aunque estaba bien corto se encontraba algo desalineado y rebelde. Sus ojos claros me analizaban con igual intensidad que esta mañana. Yo por mi parte tenía puesto un leggins gris y un buzo n***o largo hasta mi muslo. -          No – respondí después de un rato – Solo trato de entender a la gente – frene mis movimiento y lo mire.       Todo a nuestro alrededor estaba oscuro, había visto el patio de la casa cuando salí después de hablar con Reed, pero recién ahora en la noche decidí quedarme más tiempo en él, para respirar. El pasto estaba mal cortado, no solo por como rosaba por arriba de mi tobillo sino porque en algunos lugares les daba aspecto de colina.       Visualice un naranjo desde la ventana de la cocina mientras me preparaba un té después de almorzar, algunos de los chicos me dijeron que había un durazno y algunas fresas en un sector y en el medio del gran predio unos juegos oxidados y viejos. -          Creo que uno no puede entender a la gente – lo mire – Tú puedes entenderte a ti mismo, pero no a los demás, todos pensamos y sentimos distinto. -          Supongo que tiene lógica – mire la luna. -          ¿Por qué volviste? – giro su cuerpo hacia el mío – Es obvio que no te llevas con tu padre y no pareces feliz con estar aquí…       Me quedé en silencio pensando sus palabras, claramente para los demás no tenía mucha lógica mi accionar, quizás hasta a mí se me hacía raro, pero aun así lo hice. Estaba a punto de contestar sus preguntas cuando recordé lo sucedido esta mañana.     -          ¿Para quién trabajas? - solté aquella pregunta de prepo y el abrió sus ojos. -          ¿¿Cómo?? - su voz sonó alarmada. -          ¿Quién te contrato? ¿Mi padre o mi hermano? - volví a preguntar tranquila. -          Tu hermano Edel, pero creo que el mayor es quien me paga - respondió tranquilo. -          Ya veo… - seguí mirando el cielo n***o y sus estrellas - Tienes tu celular aquí contigo - asintió y extendí la mano para que me lo diera. -          ¿Que? - insistí mientras le hacía un gesto de silencio - Okey - puse mi mano en alto para que esperara y luego un gesto de mutismo.     Recorrí el patio tranquila hasta la entrada de la cocina sintiendo las pisadas de Liam a mi espalda, abrí despacio la puerta que de la cocina y lo dejé sobre la mesa para luego salir al patio nuevamente.     -          ¿A qué se debe todo esto? - pregunto a penas me vio. -          Tú le dijiste a alguien donde estábamos - negó con su cabeza - Bueno… yo tampoco y aun así mi hermano llegó sin si quiera tener la dirección del lugar y sumamente rápido. -          Tú crees… -          No creo, estoy segura de que me espían, no solo tengo un GPS, también debe haber micrófonos en los dispositivos, no parecía muy sorprendido aun cuando intento parecerlo. No confío en nadie Liam, - lo miré - Asique la pregunta ahora sería ¿Puedo confiar en ti? -          Claro que puedes confiar en mí - afirmé con mi cabeza y seguí mirándolo. – Pero lo de los dispositivos me parece demasiado son nuestros teléfonos personales, creo que esos están a salvo. -          Puede que tengas razón – sopese las palabras un momento. -          ¿Por qué estás aquí Sam? -          Tengo muchas razones para estar aquí, una de las principales es recordar mi pasado y estoy segura que mi familia no quiere que eso ocurra - suspiré - Puede que este cometiendo un error y lo mejor sea no hacerlo, pero lo necesito, no quiero más lagunas en mi cabeza y si puedo confiar en que cuidaras mi espalda, estoy segura de que podré hacer esto. -          ¿Qué piensas? ¿Por qué crees que tu familia miente? - sus preguntas me dejaron en el limbo. -          No lo sé, supongo que lo siento - negué - No tengo una respuesta ahora. -          Claro que puedes confiar en mí, pero que haremos, es obvio que, el auto tiene un rastreador., sabrán siempre a dónde iremos - acepte sus palabras. -          Si, así es… y por ahora es mejor que así sea, porque pensaran que no sabemos nada y es lo mejor, pero solo será por ahora. - nos quedamos callados por un buen tiempo. -          ¿Por qué tienes un orfanato?  - dijo después de un momento. -          Una promesa, además se lo que es no tener familia, creo que quería hacerme sentir a esos niños que siempre podía haber alguien que los ayudará -          Tu si tienes familia Sam. – me puse frente a él. -          Tengo hermanos y un padre, sí. Pero no sé lo es que tener familia, no sé qué es festejar tu cumpleaños con tus seres queridos, que tu padre te cuide cuando estés enferma o te vea graduarte – se acercó – Crecí al cuidado de mi nana, una mujer que no es mi sangre, pero me cuido. -          Al menos ella estuvo – su mano acaricio mi brazo – Yo no tengo hermanos y mi padre murió hace mucho – relaje mis brazos y lo mire. -          Solo quiero evitar que sufran, intento ayudar… - susurre y me acerque nuevamente -          Creo que es un buen gesto - se acercó otro paso más - Pero todavía no me dices la verdad.     Sus ojos se clavaron en los míos, sentí un zumbido a mi alrededor mientras nuestras miradas permanecían conectadas. No sabía responder a sus palabras y mucho menos a su proximidad, por alguna extraña razón nuestros cuerpos cada vez se encontraban más cerca mientras nuestras miradas se mantenían.     Mis ojos bajaron a sus labios justo cuando se los lamió con una lentitud hipnotizante, su mano subió a mi rostro y sus ojos bajaron a mi boca cuando su cuerpo avanzo otro paso más.     -          Sam - la voz de mi nana nos hizo separar.     Teresa nos miraba con sus ojos marrones fríos y su rostro serio, permitió que su miraba viajará hasta el cuerpo de Liam y luego al mío mientras su frente se arrugaba en un claro descontento. Liam rasco su nuca y yo cruce mis brazos por su actitud.     -          Es hora de que vayan a dormir - dijo seca - Tengo que hablar con usted señor Smith. -          Claro señora Teresa. – entrecerré mis ojos. -          A solas - me adentre en la casa molesta.     Teresa siguió mi camino con su mirada y yo le hice creer que me había ido para luego quedarme escondida y escuchar la charla.     -          ¿En qué puedo ayudarla? - Liam sonaba tranquilo. -          Aléjate de ella - abrí mis ojos con su reclamo. -          Soy su custodio, no puedo alejarme.     -          No te hagas el desentendido conmigo, sabes a qué me refiero. Tú no puedes tener nada con ella. -          ¿Quién lo dice? - respondió mordaz. -          Yo lo digo y el señor, esto no le gustará nada, a sus hermanos tampoco… -          En ningún momento me dijeron que no puedo acercarme a ella. -          Entiende que morirás… por dios santo, si sigues involucrándose con ella morirás - sus palabras fueron casi como un grito. -          ¿¿De qué habla?? - pregunto el mientras yo ahogaba un grito - Es una asesina acaso. -          Mi Sam no mataría a una mosca, pero no entiendes, no puedes seguir con esto, pueden terminar muertos ambos - hablaba en tono de súplica. -          Ósea que ella también puede morir - hubo un silencio - Porque no es sincera de una vez por todas Teresa, sea clara y honesta. -          Solo aléjate de ella y cuídala.       Sentí sus pasos y camine rápido a mi alcoba, la habitación tenía dos pequeñas camas, en una dormiría yo y en la otra Teresa, la persona que acababa de decir palabras horribles y de cuál no quería saber nada en este momento.     La puerta que no estaba cerrada se abrió despacio dejando ver su cabello gris y sus ojos marrones, junte todas mis fuerzas para no explotar, respire profundo y retuve el aire un momento analizando todas las buenas razones por las cuales aquella mujer se merecía mi respeto y entendimiento.     -          Lo que pasó afuera no se puede volver a repetir - suspiro y la mire. -          No eres nadie para decidir sobre mi vida privada, ni tu ni mi padre ni mucho menos mis hermanos - solté en tono brusco - No creas que te dejare opinar sobre lo que no te corresponde. -          No me hables en ese tono - bromo furiosa - He dejado parte de mi vida en cuidarte, merezco más respeto.   -          Yo no te pedí que lo hicieras, no te obligue a hacerlo, ya soy grande, te puedes ir - me levanté - Puede hacer lo que se te plazca, pero no meterte en mis asuntos, no creas que no sé lo que has hecho durante todo este tiempo, tengo la cara Teresa, pero no lo soy - tome aire - Mañana mismo puedes volver a la casa a seguir trabajando para mí padre. -          Samantha… - la interrumpí. -          No, no más - lente un dedo - Al menos que seas cien por ciento sincera, no te permitiré opinar más en mi vida o mis decisiones.     Camine hasta la puerta furiosa.     -          No se te ocurra salir - gire para verla. -          Ya no me das órdenes Teresa, ya no más.       Tome la manija y azote la puerta, camine hasta la cocina, mis pisadas sonaban por todo el lugar, uno de los agentes me observo un momento y luego se alejó para dejarme pasar. Me dedique a caminar como una loca de un lado para el otro mientras contenía mi furia o hacia el intento.     -          Pareces un león enjaulado - Liam apareció en el marco y me miró - Necesitas calmarte Samantha, vamos respira – su mano toco mi hombro. -          Necesito golpear algo, eso es lo que necesito. - seguí mis paso. -          Bueno, hagámoslo - lo miré - Siempre he pensado que el sexo da mejores resultado, pero si lo que quieres es pelear, peleamos - adquirió una posición de lucha. -          ¿Qué haces?   -          Te espero, nada de golpes solo técnicas de defensa - levanté una ceja - No tengo guantes de boxeo, pero si quieres mañana te llevo a un lugar donde practicar.   -          Está bien.       Coloqué mi cuerpo frente al suyo y observé los demás guardias que se hallaban detrás de él. Todo parecían expectante con la situación, pero a mí me importaba poco, solo quería sacar el enojo de mi cuerpo. Y eso fue lo que pasó, pasé aproximadamente una hora practicando técnicas de defensa y tirando al piso a distintos guardias, porque sí, decidí hacer que todos participarán. Algunos me tiraron e inmovilizaron con facilidad, generalmente los más grandes a otros simplemente les di una paliza mientras sus compañeros reían.       Cada uno de ellos me corrigió alguna postura o explico algún tips nuevo para mejorar, cuando ya estuve calmada les asegure que nadie se enteraría de nuestra pequeñas luchas en el patio y podrían estar tranquilos que no tendrían problema.       Ahora era amiga de diez guardaespaldas, Ibra, Liam, Emme - morocho de cabello oscuro y ojos miel-, Ross -un chico de pelo n***o y ojos oscuro-, Bran - rubio de ojos verdes -, Charlie - castaño de ojos marrones-, Jonathan - el más delgado de todos, su piel era blanca y sus ojos negros como la noche al igual que su cabello -, y tres más que no pude aprender sus nombres. Creo que eran Aarón, Bastián y Rafael, si esos eran sus nombres.     En fin, fue una noche interesante, al menos para mí
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