La cara de la mujer se desfiguro completamente, sus ojos se abrieron grandes y su color desapareció por completo, ella sabía que estaba en un gran problema y mi sonrisa delataba que serían peor de lo que ella imaginaba.
- Liam – mire a mi guardaespaldas que permanecía impasible en un rincón – Podrías buscar a Max y traerlo con los niños.
No contesto, solo me miro analizando mi ánimo, lo sabía por el detenimiento que sus ojos hicieron en mi cuerpo y postura, asique solo asentí y él salió sin emitir ningún tipo de comentario.
- Un momento – levante el dedo para que Catherine esperara y marque el número de Edel
>> Sam – respondió al segundo tono - ¿Todo bien?
>> Edel, si todo bien – respire – Necesito de tus servicios, ¿estas ocupado?
>> No… ¿pero paso algo?
>> Una pequeña situación, nada grave, pero podrías venir…. – me interrumpió.
>>Claro ahora mismo voy.
Me colgó el teléfono y me quede observando el aparato un momento, la mujer frente a mí, movió sus piernas nerviosas haciendo que prestara atención nuevamente a su figura.
- ¿A cuántos has estafado? – levante una ceja - ¿Dónde está la plata que te he mandado? – volví a rematar - ¿Desde hace cuánto tiempo me ves la cara de idiota?
Movió su melena rubia de una lado al otro mientras caminaba, por mi parte solo espere su respuesta mientras observaba la oficina.
Un enorme librero se hallaba en la pared de enfrente, el piso de madera parecía nuevo y recién lustrado, las paredes estaban pintadas de un color crema que combinaba perfectamente con la alfombra que cubría el suelo debajo de los sillones de color gris oscuro.
Los sillones de tela, tenían patas de madera, el juego era moderno y bastante nuevo de cuatro piezas, dos individuales y uno más grade para tres personas. En el centro una mesa ratonera.
El escritorio de madera laqueada poseía una laptop moderna encima, sus patas de metal y tres cajones en su parte baja, dos a mi derecha y uno a la izquierda. Una lampara reposaba sobre una de las esquinas. Trate de buscar algún detalle personal o al menos fotos de los chicos, pero no había nada, solo lo que mis ojos captaron y un archivero a mi espalda que supongo tenía todos los papeles de los chicos, pero considerando su manejo, podría no ser así.
- Yo…. – balbuceo un poco, pero calló cuando la puerta se abrió.
- Sam… ¿Qué haces aquí? – Edel me miro desconcentrado y luego observo a la mujer frente a mí.
- Este orfanato es mío – sus ojos se abrieron grande – Aunque la mujer aquí presente dice ser la dueña – me levanté – Catherina, él es mi hermano Edel, es abogado – sonreí de lado - ¿Quieres llamar al tuyo?
- Sí… - tomo su iPhone y marco, yo volví la vista a mi hermano.
- Aquí la mujer me ha robado, ha realizado malversación de fondos, me ha estafado y ha timado a las personas que acuden al lugar, supongo que los empleados están al tanto – mire a mi hermano – Necesito que tomes cartas en el asunto, puedo darte datos de todas las transacciones de dinero que he realizado a la cuenta del hogar para mantenimiento, pero como veras, salvo esta sala, las otras no tienen ningún tipo de arreglo. – cruce mis brazos.
- Llamare a la policía y me pondré con ello – miro a la mujer – Espero que su abogado sea bueno, por lo pronto, necesitamos el dinero que se le ha pasado.
Ella no respondió solo siguió hablando con el que parecía su abogado mientras mi hermano hacía lo propio con su celular, por mi parte solo observe todo tranquila.
No paso mucho hasta que su abogado llego al igual que la policía, la mujer ya no poseía color en su rostro y yo había logrado calmar mi temperamento en el transcurso del tiempo. No hable en ningún momento, mi hermano por su parte, le mostro al abogado todas las transferencias bancarias que había realizado y volvió a pedir los comprobantes de arreglos o el uso de la plata, los números no daban por ningún lado y la mujer no tuvo más que aceptar que se los había gastado.
Asique ahora todo se resumía a eso, los chicos en pésimas condiciones, yo perdiendo millones y la mujer solo podía devolver el cinco por ciento de todo lo que le había pasado, en fin… nada, prácticamente.
La policía se la llevo luego de que mi hermano hablara con ellos, no entendía cómo es que sucedía aquello, no sabía porque ocurría tan rápido, pero mi hermano no me dejo lugar a preguntas. Cuando todo termino, la mujer había declarado sus cómplices y el porcentaje que se llevaba cada uno, asique ahora no solo no había más directora, tampoco tenía personal en el lugar.
- Me va a dar algo – exclame mientras caminaba de un lado al otro – Tengo diez niños a los cuales alimentar hoy mismo, estoy segura que no hay comida en esta casa, ni elementos de limpieza, no tienen camas decentes para dormir, no hay personal para ayudarme, no…
- Por favor Sam… solo cálmate – Edel me coloco las manos en el hombro – Te ayudare con lo inmediato, llama a alguna agencia y pide personal, yo por mi parte llamare a unos amigos.
Edel se alejó y comenzó a llamar, recién ahora me percataba de su aspecto, mi hermano se había cambiado la ropa, ahora llevaba un saco n***o y un pantalón de vestir del mismo color, su camisa era de un rosa claro y un caro reloj brillaba en su muñeca. Lo escuche balbucear durante horas, por mi parte llame a una imprenta y solicite unos panfletos para repartir por toda la ciudad y alrededores, tendría que solicitar personal, pero no lo haría por una agencia.
Estaba segura que muchas personas necesitaban el empleo, había visto mucha gente pedir en la calle, no sabía las posibilidades que habían tenido, ni porque se encontraban en esa situación, pero yo les daría una, mi únicas condiciones eran, querer trabajar y ser honesto. Lo demás se iría viendo, por supuesto estaría al tanto del trato con los chicos.
- Listo – los dientes blancos de Edel asomaron por su boca – He solucionado varias cosas – levante la ceja.
- ¿De qué hablas?
- Conozco muchas personas, algunos socios de papá, amigos… esas cosas, he logrado algunos canjes, ya sabes donativos para bajar impuestos – movió la mano con desdén – Te traerán las camas para los chicos, colchones, sabanas y cubre camas. – mis ojos se abrieron con asombro – Un supermercado de la zona traerá una dotación grande de mercadería para llenar las alacenas.
- Pero como… qué… - no entendía nada.
- Solo tienes que firmar los papeles del donativo con los datos de la institución – se sentó – Tambien vendrán a ver las instalaciones unos arquitectos, dirás que hay que arreglar y se hará por sectores – cruzo una de sus piernas – Le pedí a nana que te preparara algo de ropa y te ayudara con la cena de esta noche, todos sabemos que ella es la mejor en eso de la comida, por mi parte saldré un momento y volveré con el almuerzo.
- No es necesario, lo sabes…. – sonreí de lado – Se que tienes que trabajar y esto… aún tengo que juntar donativos, no se puede mantener todo de canje… la escuela.
- Hagamos una gala benéfica, podemos usar uno de los hoteles, papá quiere hacer una gala para presentarte en la sociedad, quizás podemos incluir a la institución, aquellos viejos dan donativos como si fueran dulces, les conviene.
- ¿Por qué les conviene? – rasco su nuca y miro hacia la ventana.
- Eh… disminuir impuestos – balbuceo – Bueno, tengo que ver unos trabajos, vuelvo en unas horas, tu solo ve a conocer a los chicos, dejare algunos hombres.
Beso mi frente y salió del despacho sin mirar atrás y dejándome con millones de preguntas no formuladas, porque eso era lo que me ocurría en algunas ocasiones, mi mente esperaba que las personas se fueran para formular una gran serie de preguntas que ahora nadie podría responderme en este momento. Por ejemplo ¿Por qué llego tan rápido?
Suspiré frustrada y salí hacia el gran living. Un sillón marrón lleno de agujeros se encontraba en el centro de la sala, enfrente otro de mejor aspecto, pero igual de viejo lleno de rayas. La tele en la pared era lo más nuevo de la sala, pero aun así era pequeña para el lugar.
Observe el piano antiguo que se encontraba en un rincón, y la enorme lampara de pie al lado de la gran chimenea. Mis oídos captaron el sonido de los pasos en el piso de madera. Gire mi cuerpo para toparme con varios niños que me miraban desde una esquina.
- Hola – sonreí – Mi nombre es Samantha.
Visualicé a Liam detrás de ellos, sus ojos me observaban con detenimiento, lo seguí observando, sus brazos ya no estaban cubiertos por el saco, sino que dejaban a la vista su camisa blanca. Sobre su mano derecha se encontraba entrelazada otra manito más chica.
- ¡Sam! – grito el pequeño que luego reconocí como Max – Mira… los nenes me prestaron ropa de mi talla. – sonreí y bajé a su altura para sonreírle.
- Vaya… eso es buenísimo – acaricie su cabello – Te dije que habría gente linda aquí.
- ¿Ustedes no venían a adoptar?
La chica más alta del grupo hablo, sus ojos marrones me miraban con recelo, llevaba un jean gastado que en algún momento seguramente fue n***o, su buzo gris estaba arremangado en las mangas y cubría hasta la mitad de su muslo, toda la ropa era más grande que su delgado cuerpo.
- No – la mire – Como les dije, mi nombre es Samantha, soy la dueña de este lugar… - suspire – He vivido en Europa por diez años, es la primera vez que vengo al país, ayer llegue y quise pasar a ver como estaban, pero… - deje las palabras acabarse.
- Pero… - la muchacha cruzo sus brazos enojada y yo solo mire su pelo lleno de rulos.
- Pero llegue y vi las instalaciones – me acerque – Yo he mandado plata para ustedes, plata para su útiles, ropa, comida – la pequeña que nos habló cuando llegamos me miro – Catherina no uso esa plata en ustedes, la uso en ella, asique ella y todos los demás ya no estarán más por aquí, se cambiara el personal y a partir de mañana se remodelara toda la casa.
- ¿Cómo sabemos que no mientes? – un muchacho de cabello rojo y grandes ojos grises hablo.
- Mi intención no es hacerles daño, no soy así, solo quiero ayudarlos mientras consiguen familia, no les pido que confíen en mí, no puedo pedirles eso – los mire a todo – La confianza es algo que se gana y lo sé, solo les pido que me permitan conocerlos y que me conozcan, tal vez así descubramos más del otro y quien sabe, ser amigos.
Los chicos se miraron entre ellos, yo me imaginaba lo que habían sufrido, se notaba en sus ojos. Me sentía pésimo, yo no era consciente de su estado y solo yo era responsable de lo que había pasado, era mi culpa que aquellos pequeños sufrieran tanto, yo debí estar más presente, pedir llamadas con los chicos, revisar las instalaciones.
Pero estuve tan metida en mi infierno personal que lo ignore, ignore aquella responsabilidad que adquirí para hacer el bien, para cambiar un poco mis demonios, mejorar mi mente, para sentir que, hacia la diferencia en el sistema, para darles lo que yo no tuve. Pero falle, no fui buena en mi accionar, por más buenas que hayan sido mis intenciones y ahora debía cargar con la culpa.
- Está bien – dijeron a coro.
- Le daremos una oportunidad, solo porque saco a la bruja – Liam soltó una carcajada y yo lo imite.
- Eso es bueno, ahora quiero que me cuenten como eran las cosas por acá…
Nos sentamos en el sillón todos juntos, descubrí que la muchacha alta se llamaba Agatha, once años, el chico, Malcolm, él tenía trece. La pequeña de ojos negros que nos habló cuando llegamos se llamaba Lourdes, seis años y le decían Lulú. Luego estaban dos hermanitos de cabellos rubios, Michael y Rebecca, sus ojos eran una mezcla de marrón y verde, eran gemelos, su padres murieron en un accidente y no tenía más familia por aquí, ellos tenían 9.
Luego estaba Rita de siete años de edad, una muchachita de cabellos rojos casi anaranjados, sus ojos eran de un color miel casi de fantasía. Ray, de tres, un pequeño de hoyuelos en sus mejillas, cabello castaño y grandes ojos marrones.
Faltaban dos chicos, Romy y Reed, eran los más grandes del grupo, Romy de dieciséis y Reed de diecisiete. Y por último Max, el nuevo integrante del grupo.
Escuche atenta cada una de sus anécdotas desde los maltratos recibidos a diario hasta el bullying que sufría en su colegio por la forma de vestir y la falta de material, la mayoría de ellos tenían excelentes notas, y por lo que me comentaron, los dos más grandes ganaron unas becas de estudio.
No sé cuánto tiempo estuvimos hablando, pero no me levante del sillón hasta que la puerta de la institución se abrió dejando ver a mi hermano y varios de los guardaespaldas con bolsas del famoso local de comida rápida, haciendo que los ojos de los niños brillaron. Los más pequeños corrieron hacia el comedor y los demás lo siguieron en silencio.
Edel saco cajitas feliz para Lulú y Ray, los demás teníamos dobles con papas y gaseosas grandes, Liam también recibió su combo y no pude evitar reír cuando sus ojos se desorbitaron un poco gracias a la acción de mi hermano.
- Chicos… - comencé a hablar
- ¿Quiénes son ustedes? – la voz de un muchacho en la puerta del comedor nos hizo callar a todos.
Sus ojos eran verdes como el pasto y su cabello marrón oscuro, no era tan delgado como los demás y tenía rasgos más varoniles. A su lado una chica bajita de pelo bien largo y ojos marrones nos miraba con desconfianza.
- Ustedes deben ser Reed y Romy – me acerque – Mi nombre es Samantha, soy la dueña de la casa hogar y por ahora su nueva directora – estire la mano, pero no me la recibieron – Emm… ellos son Edel, mi hermano – señale en su dirección – Liam, mi guardaespaldas e Ibra - señale al moreno – Y el resto no sé cómo se llaman, pero pueden decirles el clan de los pingüinos.
Los pequeños rieron un poco y los chicos se miraron, observe como ambos buscaban la mirada de Agatha y Malcolm que asintieron despacio, haciendo que ambos se relajaran un poco.
- Llegan justo para la comida, los había contado, pero no los veía – mi hermano estiro una bolsa hacia ellos – Espero les guste.
- Gracias – susurraron para luego sentarse.
- Sam… - gire para ver a mi hermano – Las camas nuevas llegan mañana en la mañana, la mercadería esta noche, un amigo te donara los muebles de cocina y algunos electrodomésticos, nana llegara en la tarde con Charlie – señalo a uno de los guardias que bajo su cabeza asintiendo – Mañana también vendrá el arquitecto con los trabajadores.
- Vaya… - estaba abrumada, la cabeza me daba vueltas.
- ¿Camas? – pregunto uno de los niños - ¿Muebles? – dijo otro – ¿Remodelaciones? – dijo el más grande.
- Sí, arreglaremos esto a nuevo, algo que se supone Catherina tendría que haber hecho, pero que no hizo – respire profundo – Pero no importa eso ahora, lo importante que vivirán en un lugar limpio y lindo como corresponde.
Todos comenzaron a charlar entre ellos, les parecía casi imposible que tuvieran camas nuevas y demás, por mi parte solo observaba el intercambio de miradas entre Liam e Ibra.