¿Es verdad que finges los orgasmos? —preguntó cuando terminé de llorar. —¿De todo lo que he dicho eso es lo único que has escuchado ? —le recriminé con los ojos lagrimosos aún. —Me ha impactado mucho, sí, y también lo de que reciclas los post-it. Pero ¿quién hace eso? —Puso los ojos en blanco. —Pues es cierto. —¿Cuál de las dos cosas? —¡Las dos! —grité. —Joder, lo siento. Pero… ¿los finges siempre o solo alguna vez? Lo miré superagobiada, a qué mala hora me había dado ese arranque de sinceridad, ahora me arrepentía un poco, pero Joshua me apretó la mano y sentí de nuevo esa electricidad traspasando mi piel y subiéndome por el brazo como una pitón capaz de hipnotizarme el corazón. —Nunca he tenido un orgasmo de verdad, Joshua —me sinceré agachando la mirada. —¿Es que hay orgasmos

