Una mano que se posó sobre mi trasero lo que me detuvo de seguir atacando a Joshua. Una mano que pertenecía a la señorita Rodríguez, que me dedicó una sonrisa encantadora bajo una intensa mirada pestañeante. —Estuviste brillante —me dijo sin apartar la mano. —Gracias —respondí, incómoda por ese tocamiento tan atrevido. —Muy ocurrente. —Rio cantarina, mientras su mano se movía candente por mi trasero en círculos. Antes de apartarla, me dio un buen apretón, calibrando su dureza. —Gracias —respondí con una sonrisa falsa a más no poder. —¿Quieres que te enseñe mi despacho? —Creo que prefiero de momento tomarme algo fresquito. Tengo la garganta seca tras la presentación. —Carraspeé un poco—. Necesito hidratarla. Ella rio y yo miré ceñuda a Joshua, que parecía divertirse con lo que estaba

