La cena fue muy agradable tanto, que hasta empecé a sentir cierta simpatía por Joshua. Aquello que me había contado su tía en la cocina me había dejado impactada, y durante las dos horas que estuvimos degustando aquellos deliciosos platos tradicionales, vi a Joshua relajado y muy familiar con los niños. Parecía otro e incluso se puede decir que disfruté de aquella velada junto a él. —Muchas gracias por invitarme, estaba todo delicioso —le dije a Rosi. —Ha sido un gusto teneros en casa, los niños se lo han pasado bomba con su primo y tenía ganas de abrir esta botella de vino para celebrar algo. —Rosi suspiró y nos sirvió otra copa. —¿Va todo bien, tía? —Sí, sí, no te preocupes. Es solo que Jeffrey no pasa demasiado tiempo en casa. A veces me siento sola. —Te entiendo, sé a qué t

