Roberto Era el cumpleaños de Cristian, un evento que mi madre había organizado con poca antelación. Cristian nunca ha sido de celebrar su propio cumpleaños, pero como estaba de muy mal humor, la idea de una fiesta le pareció una buena idea. Y mi hermano no pudo negarse, ya que nuestros padres estaban muy emocionados, como si la fiesta fuera suya. Después de una semana agotadora en el trabajo, llena de reuniones ineludibles, lo único que quería era un fin de semana tranquilo. Aun así, me tocó recoger a Betina y luego la tarta de cumpleaños y los dulces, y ambas tareas me parecieron lentas. Betina tardó demasiado en prepararse y la tarta la encargaron desde muy lejos. Cuando llegamos a casa de mi padre, confieso que ya estaba cansado. Todo el mundo parecía haber llegado y pocos repararon

