Capítulo 4

1808 Words
Leonora El sábado por la noche llegué a casa tan cansada que prácticamente me desplomé en la cama. Al día siguiente me desperté igual: boca abajo, con el cuello de lado y la manta en el suelo. Me levanté sintiendo que me dolía el cuello y me dirigí al baño como un zombi. Al pasar por el pasillo (en mi casa hay un baño sólo para todos) me di cuenta de que estaba sola. Mis padres y mi hermana debían de haberse ido ido al servicio evangélico del domingo Me miré en el espejo y vi que mis pestañas postizas seguían en su sitio y que mi pelo alisado seguía siendo precioso. - “No me lavaré el cabello hasta mañana", decidí. Mientras me duchaba, me vino a la mente la imagen de Roberto Cerviantes: ¿cómo podía ser un hombre tan atractivo? Su hermano Cristian era más guapo, pero Roberto tenía un aura tentadora, una sonrisa pícara y contenida. No sé, parecía demasiado tentador. - ¿De verdad dijo que se sentía atraído por mí? - me pregunto en voz alta. Su mano firme en mi cintura, su cálido aliento cerca de mi oído mientras hablaba, la forma en que me miraba... todo aquello me volvía loca. El sentido común impidió que me desmayara en sus brazos mientras bailábamos. ¿De verdad bailábamos? Estaba tan absorta en él que no recuerdo que nos moviéramos directamente, quizá sólo nos abrazábamos mientras fingíamos ir de un lado a otro. - En cualquier caso, tuve mi noche de Cenicienta -me reí. Sí, esa noche estaba fingiendo ser alguien que no era y llamé la atención de un hombre que seguramente no me vería si nos cruzáramos por la calle. Corrí del baño a mi dormitorio envuelta en una toalla. Había elegido un conjunto bonito y cómodo para ponerme en casa el domingo. Mientras me arreglaba antes de bajar a desayunar, volví a pensar en Roberto. Me preguntaba qué tipo de interés tendría en mí. Seguramente estaba acostumbrado a tener mujeres a su disposición, ¡pero al fin y al cabo debía de tener novia o incluso esposa! ¿Sería aquella dulce muchacha que había llegado con él? Le agarraba del brazo como si dijera al mundo: "¡Basta ya, este hombre es mío! No soy buena como amante, no realmente. Eso es algo que no podría compartir: ¡un hombre! Es probable que Roberto y yo no volvamos a cruzarnos. Estoy segura de que vamos a diferentes lugares en diferentes niveles, así que es un buen recordatorio de que un día me gané la atención de un hombre rico, guapo y sexy. Entré en la cocina de buen humor y encendí la radio. Sonaba música alegre mientras me servía un café e intentaba cantar. Pronto llegó mi familia. Estaban alegres y charlaban sin parar. - Hija, estás despierta - Me dijo mi padre besándome la frente-. - Mira a quién hemos conocido en el servicio y quién ha accedido a tomar un café con nosotros, ¡Ector! Vi a mi ex novio entrar en casa con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Qué demonios estaría haciendo aquí? - ¡Pasa, cariño! - Dijo mi madre con voz dulce, mientras mi hermana la seguía por detrás, dándome a entender que ella no tenía nada que ver. - Hola, Ector, estás aquí... - Léo, él también estaba en el servicio. - Era evidente que mi madre seguía apreciando mucho a su antiguo yerno. - ¿Y tu novia? - pregunté con inquietud. - Rompimos, era una chica con valores muy diferentes a los míos, no funcionaría. Por eso estaba en la iglesia, rezando para que Dios me mostrara un camino mejor - Dijo y me miró fijamente-. - Y encontré a tus padres. - Estoy segura de que una joven de buena familia te vendrá bien - Declaró mi madre, llena de esperanza. - Sé que este encuentro nuestro, señora Esmeralda, no es casual. Mi hermana Lisa puso los ojos en blanco y yo me contuve de salir corriendo. Era todo lo que necesitaba después de una noche de princesa para lidiar con el fantasma de las navidades pasadas. Ector tomó café con nosotros, nos preguntó cómo iban las reparaciones de la casa después de la inundación, nos contó un poco sobre su vida trabajando como guardia de seguridad en un banco y nos habló de la iglesia. Pude ver cómo mis padres me miraban con los ojos entrecerrados, intentando evaluar si me alegraba de esta oportunidad divina. No les había contado a mis padres la verdadera razón de nuestra ruptura, era un tema un poco incómodo. - Tengo que irme", dijo, levantándose. - ¡Tan temprano! ¿No quieres quedarte a comer? He sacado pollo a descongelar y voy a asarlo. - Su pollo assado es divino - Alabó mi padre. - Lo siento, señor Reginaldo, de verdad que tengo que irme, pero sin duda aceptaré si me vuelve a invitar. - Hija, acompaña al chico hasta la puerta - Dijo mi madre, prácticamente empujándome hacia él. Iba a sugerirle a mi mamá que lo acompañara, pues nadie se alegraba más que ella de la presencia de mi ex en la casa, pero la mirada represiva de mi padre no me permitió objetar y lo acompañé, disimulando mi disgusto. - Pues eso, que paséis un buen domingo. - Me despedí tan pronto como llegamos a la puerta. - Espera, Léo. - Me cogió de la mano, impidiéndome seguir- Me alegro de verte, hacía tiempo que no hablábamos. - Estabas saliendo, así que no tenía mucho sentido charlar con tu ex. - Es comprensible que estés celosa.... ¡Argh! ¡Qué engreído! ¿Creía que estaba celosa? ¿No era obvia nuestra falta de química? - Mi relación con Tamara me enseñó muchas cosas y creo que ahora soy un hombre más maduro y... - ¿Así que estabas haciendo prácticas con Tamara? - Intenté ser irónico. - Pero mi corazón siempre me recordaba a ti, Léo. Me alegro de que hayas venido. Te ves maravillosa. - Ah, ahora piensas que soy maravillosa -le pregunté con resentimiento-. Tantas veces me ha menospreciado... - Siempre decía que estabas más guapa con el pelo liso... - Me encanta mi pelo rizado. Esto no es más que una plancha que saldrá cuando se moje. - ¿Alguna ocasión especial? - Sí, anoche fui a una fiesta con mi novio -mentí. - Tu hermana me ha dicho que fuiste con Kaique y no engaña a nadie -se rió desdeñosamente-. - Me han dicho que después de romper no quedaste con nadie. Era cierto, ¿cómo iba a estar con nadie si tenía la autoestima tan destrozada? Miré a Ector y una película de nuestra historia pasó por mi mente: Mi compañera de trabajo había reunido a un grupo de personas para ver los últimos episodios de Game of Thrones en su casa y, como super fan, la invitación me pareció muy apropiada. La reunión se repitió para ver los últimos cinco capítulos de la serie y Ector estuvo en todos ellos. A diferencia de los otros chicos con los que estaba acostumbrada a socializar, él era muy animado y divertido, de los que gustan a todo el mundo. Además, cumplía un requisito que me parecía muy importante: era más alto que yo. Se acercó a mí rápidamente y un mes después ya estaba conociendo a mis padres. Sin embargo, a la hora del sexo, no sentía ninguna química. Mi corazón latía con fuerza cuando le veía, creía sentir algo muy fuerte por él, pero no permitía que nuestra relación fuera más allá de los besos y las caricias. Ector siempre se empeñaba en recordarme lo afortunada que era por tener un hombre como él. Y siempre repetía que, en general, no le gustaban las mujeres negras y que yo era una excepción porque era demasiado guapa. Lo que se suponía que era un cumplido en su mente sólo me hacía sentir aún más insegura de mí misma. Y cada vez señalaba más mis defectos y olvidaba mis cualidades. Eran críticas sutiles como: "Si tuviera dinero podría pagarte una inyección de silicona para que estuvieras aún más guapa" o el constante regaño sobre mi pelo, al que se refería como "despeinado". Y quizá porque me sentía tan disminuida que cuando por fin accedí a ceder a sus deseos, nuestra experiencia en la cama fue un desastre. Sencillamente, no funcionó. Intentó tres veces quitarme la virginidad, pero empezó a dolerme demasiado y le supliqué que parara. Y lo hizo, porque no podía penetrarme. Estaba tan aprensiva que tensé todo mi cuerpo, rígido como una roca. Incluso le sugerí que usáramos lubricante, pero me dijo algo así como "los hombres de verdad no necesitan subterfugios". Ector se frustró y me dijo que fuera al médico. Realmente me preguntaba si me pasaba algo. Este sentimiento me persiguió durante las siguientes semanas y para cuando Ector quiso intentarlo por cuarta vez, yo estaba demasiado asustada de que no volviera a funcionar, de que volviera a ver su frustración, yendo al baño para lidiar con su excitación por sí mismo. No quería lidiar con la mirada desaprobadora de mi novio acusándome de frígida porque no conseguía excitarme con sus torpes insinuaciones. Era porque me gustaba Ector que pensaba que lo correcto era dejarlo libre para que encontrara a alguien con quien pudiera tener una relación plena. Cuando le dije que lo mejor sería que rompiéramos, Ector aceptó de inmediato. En mi ingenuidad, pensé que seguiríamos en contacto durante un tiempo, después de todo, mis padres estaban muy unidos a Ector. Me equivoqué, porque un mes después ya estaba saliendo con una chica blanca como el papel, con el pelo liso como los fideos de la que colgaba fotos orgulloso en las r************* . Darme cuenta de que los sentimientos que albergábamos eran mucho mayores por mi parte que por la suya me hizo alegrarme de que nuestra historia hubiera terminado. Por desgracia, la cicatriz seguía incrustada en mí: no tenía valor para estar con otro hombre. Tenía miedo de volver a ser un desastre. Fui al ginecólogo y me dijo que mi himen estaba intacto, que seguía siendo virgen... pero yo no me sentía así. ¿Una mujer que ha estado desnuda en la cama con un hombre y se ha dejado tocar por él puede seguir siendo virgen? No sé si existe el término, pero desde entonces me considero casi virgen. Al final, sólo conté esta historia a mi hermana mayor Lisa y a Kaique. - Soy muy feliz sola, no te preocupes. - Bueno, ahora voy a entrar. - Muy bien, nos veremos más a menudo. Iba a decir que no hacía falta, pero Ector se fue silbando, sintiéndose como la última galleta del paquete.
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