Roberto El desayuno que preparó la señora Marta era digno de un hotel de lujo. La mayoría preferimos sentarnos en la gran mesa dispuesta en el salón principal, mientras que yo me limité a servirme un café fuerte y puro. Junto a las escaleras que conducían a la terraza estaba Leonora, sola. Estaba claro que algo le preocupaba y me entraron ganas de ir a hablar con ella, pero antes de que pudiera acercarme, la mujer subió las escaleras. No tardé ni dos minutos y vi que el senador Ferraz se dirigía en la misma dirección. Se me heló la sangre, ya que el viejo era conocido por no tener la menor noción del decoro o la moralidad, increíble que un tipo así formara parte del círculo de amigos de mi padre y no tenía sentido que estuviera en la fiesta de Cristian. Después de que mi padre nos pill

