—¿Sabes lo que haces? —dijo Linda al entrar a la habitación de Gwen. —Si, ¿Casarme con el señor Eros, ¿no?—respondió Gwen. —¡El es mío y lo sabes! —gruñó Linda. —¿No has venido a desearme un feliz matrimonio? —¡Por supuesto no! —respondió Linda, quien no pudo ser mas sincera con Gwen. —Pues solo te diré esto, nadie es dueño de nadie, así es que confórmate con saber que él es mi esposo ahora. —Todavia en el altar se puede llegar a cambiar a la novia —dijo Linda mofando con cara de pocos amigos. —Concrétalo, no solo digas que harás, Gwen se había enojado. —¿Sabes que? —dijo Linda —Siempre quisiste lo que yo tengo, por eso no quieres soltar a Eros, pero te advierto Gwen, él volverá a mi y pedirá que sea su esposa. —Suerte con eso —dijo Gwen, terminando de arreglarse, caminó fuera de

