—Por favor, quiero ser de ti lo que es el sol para la naturaleza —la voz de Gwen al fin fue escuchada pidiendo cacao. —Entonces, serás mía, porque una vez mía, siempre serás mía —dijo él. —A mi no me gusta que lo que es mío alguien más lo use — dijo con cara seria. —Esta bien don Eros, soy tuya, soy solo tuya —al fin ella pudo ver su sonrisa amplia. —Si te rieras mas seguido, mi esposo sería mucho mas guapo. A Eros casi le entra un patatús, pues esta mujer lo ponía en una posición de vulnerabilidad, haciendo referencia a que cada día que pasaba, él sentía menos probable de poder llevar una vida sin ella, y eso no había sido así en el pasado. Antes, pudo soportar el rechazo de su primer amor, el de Mady, ahora en tan solo unas semanas, Gwen se había adueñado todo con respecto a él. S

