5. Un sueño candente

2162 Words
Artemisa Domingo 30 de diciembre de 2018 ____ Mojada y caliente. La lluvia fría me hacía temblar pero su calor corporal llenaba todo mi ser. Tragué saliva al ver los músculos de su abdomen mostrarse al mundo a medida que subía su camisa, sus cuadritos definidos más esa exquisita V me llamaban incitando a tocarlo. Ethan solo me miraba con una sonrisa pícara, me acerqué lentamente sintiendo mi corazón latir desbocado mientras subía mi mano hasta su pectoral, su fría y tersa piel me volvían loca, baje lentamente acercando mi otra mano e inspeccionando cada músculo, estaba a punto de llegar a al cinturón de su pantalón cuando Ethan tomó mi barbilla levantando mi mirada, sus ojos viajaban de mis ojos a mis labios y se fue aproximando lentamente, entre abrí mis labios ansiosa por sentir los suyos, su aliento mezclándose con el mío y las gotas de lluvia golpeando nuestra piel. Solo un poco y más y tocaría el cielo con mis labios. De fondo se escuchó These days de Rudimental, lo que hizo que me levantara de golpe. Joder, era un jodido sueño. La Tablet seguía sonando y esa canción solo podía significar una cosa, mi familia me estaba llamando. Miré el reloj y noté que era casi medio día, carajo que tarde era y se supone que aprovecharía el día. Me levanté rápidamente notando un poco de humedad en mi zona íntima, me llevé la mano a la frente, estar cuatro días seguidos con Señor trajes oscuros me estaba volviendo loca, ¿o necesitada? Lo que sí se es que parecía una empanada cada que me coqueteaba solo un poco, y más cuando el respeto por su parte era inigualable, salí de mi ensoñación y tomé rápidamente la Tablet descolgando la llamada. -- Joder Artemisa pero que lenta eres – hablo ese hombre que tanta falta me hacía. - Papá lo siento – empecé a arreglarme el cabello en una coleta alta – he tenido mucho curro y aproveché para dormir un poco más de la cuenta – procedí a limpiar mis lagañas. -- Le diré a Alexander que te de vacaciones, es el tercer año nuevo que pasamos sin ti – no pude evitar sentir melancolía. - Lo sé pero – no me dejó terminar. -- Tu madre y yo te extrañamos y ni hablar de Leo – es inevitable sonreírle a la mínima mención de mi pequeña pulga – tu hermano se la pasa contándole a sus amigos del jardín que su hermana es una heroína de la policía – solté una carcajada. - ¿Dónde están? – observé la pantalla pensando que los vería detrás. -- Salieron por un chocolate caliente – asentí – prométeme que vendrás para el cumpleaños de tu hermano – abrí mi boca para protestar pero no pude hacerlo – está muy entusiasmado por su fiesta de super héroes – volví a abrir mi boca sin saber que decir y le di gracias a Dios de la interrupción de mi móvil. - Papá tengo que contestar, no prometo nada pero lo intentaré. -- Artemisa – lo interrumpí. - Adiós – y colgué soltando un suspiro. No había nada que quisiera más que estar con mi familia y volver a recorrer las calles españolas, pero ahora mismo tenía que contestarle a Ethan, literalmente. - Buenas tardes señor Blake. - Artemisa – pum, de la nada vino el recuerdo del sueño poniéndome bastante nerviosa - espero no interrumpir tu domingo de descanso – tragué saliva moviéndome un poco en mi asiento y apretando mis piernas. - Para nada señor Blake ¿me llama por el informe? – intenté sonar lo más tranquila posible. - Así es ¿podrías entregármelo hoy? De verdad disculpa pero quiero acelerar el proceso. - No hay ningún problema señor, ya mismo se lo envío – me apresuré a abrir mi portátil – deme unos segundos – inspeccioné las carpetas y le di enviar – listo. - Estupendo, espero no se haya trasnochado haciéndolo. - Para nada, de hecho tuve un muy buen sueño – hice morisquetas arrepintiéndome de lo que dije. - ¿De verdad? ¿Puedo saber qué soñó señorita Steele? – santa mierda. - Bueno – carraspeé – yo – imagen tras imagen pasaron por mi mente, de verdad tenía una mente muy cochina – soñé con un auto – que pendeja soy – de hecho le quería preguntar dónde puedo comprar un buen auto en la ciudad, hoy me compraré uno – negué con mi cabeza. Aunque ni modo en decirle “Oh, solo soñé que estaba a punto de comer un caramelo y ese caramelo es usted señor Blake”. Definitivamente o necesitaba ayuda psicológica o quien me quitara las ganas, porque yo sola no puedo. - Bueno … soy socio del mejor concesionario de Berlín, si usted desea la recojo y la llevo allí. - Claro. - Bien, en una hora paso por usted. - Esta bien, hasta luego señor Blake – colgó. Bote el aire que tenía atorado en mis pulmones sin que me diera cuenta, me quedé estática durante unos segundos hasta que algo en mi cerebro conectó haciendo que me parara y empezara a caminar por toda la habitación mientras por mi mente pasaba nuestra conversación. Pero que gilipollas soy ¿Cómo voy a salir con mi jefe a comprar un auto por fuera del horario laboral? Nunca en mi vida me había sentido tan tarada y vulnerable ante la voz de un hombre, más importante aún, nunca me había preocupado mi imagen y ahora estoy a punto de echar humo por mis oído con saber que saldré un día de descanso con Señor trajes oscuros. Tomé el baño más rápido del mundo y salí para empezar a tirar prendas por todos lados, ninguna me gustaba … ¿será que irá de traje o de forma casual? … es domingo así que no creo que se ponga traje … ¿o sí? … Agh, llevé mis manos a mi cabeza y comprobé la hora y tenía solo treinta minutos para intentar arreglar un poco el desastre que se reflejaba en el espejo, el desastre con nombre de diosa y que de esta no tenía nada. Decidí algo básico pero que resaltaba mi cabello y mis ojos celestes, botas de tacón negras más un jean y camisa oscuras, un gabán vino tinto y una clásica bufanda gris. Miré mi reflejo en el espejo y me prometí que la próxima compraría maquillaje y pagaría clases para aprender a usar todos y cada uno de esos artefactos malignos. No me dio tiempo de organizar todas las prendas que había sacado del armario, el mensaje de Ethan informándome que ya estaba esperándome no demoró en llegar, tomé un pequeño bolso con mis cosas necesarias y bajé rápidamente. Al llegar a la planta baja no pude disimular mi emoción, un lujoso Audi A3 n***o con ventanas polarizadas estaba estacionado fuera de mi edificio, pero mi emoción creció en mi pecho cuando del asiento del conductor salió un hombre perfecto, que sin bien no vestía un traje elegante, seguía estando de ropa oscura que solo mostraba sus manos y del cuello para arriba. Creo que a ningún hombre de casi 30 años se le podría ver tan bien una cazadora negra y anillos en sus manos, parecía un adolescente, y era tanta la belleza que desprendía que hasta las viejitas lo miraban, sus pasos eran decididos y se muy bien que disfrutaba ser admirado. - Le traje un latte caliente – me entregó un vaso que soltaba un delicioso olor – está hermosa señorita Steele – subí mi mirada y la clave en sus hermosos ojos color caramelo. - Usted no está nada mal señor Blake – no disimule en repararlo una vez más mientras él hacía lo mismo conmigo. - ¿Nos vamos? – asentí mientras él se apresuraba y abría la puerta del auto por mí. El Audi olía a cuero nuevo, si por fuera se ve lujoso por dentro lo es más, y ni hablar del ruido electrizante de su motor. - ¿Qué modelo es? – pregunté mientras tomaba de mi latte e Ethan comenzaba a manejar. - 2019 – casi me atraganto al escuchar su respuesta, Ethan me miró por una fracción de segundo con un poco de diversión - ¿le gustan los autos Artemisa? - Me encantan – respondí eufórica – además este auto se supone que se empezará a vender a mitad del siguiente año. - Así es, siempre he sido aficionado a los autos y carreras así que tengo contactos que me mandan pequeños detalles como este precioso de acá. - ¿Pequeños detalles? – recalqué de forma irónica haciendo que Ethan sonriera y riera un poco – no me quiero imaginar qué es para usted un detalle suntuoso. - Para mi el mejor regalo en este día es su grata compañía – ambos volteamos para mirarnos. - Ojos en la carretera señor Blake – volvió a sonreír. Desde que lo conocí me he dado cuenta de que le gusta sonreír, y no con todos lo hace de manera honesta, todas y cada una de las fotos colgadas en internet lo muestran con la típica cara de “soy un millonario”, en la empresa sonríe a boca cerrada y por pocos segundos, en cambio creo que ya tengo grabada su risa en mi mente. - Siento que nunca lograré que me llame por mi nombre, aunque no me molesta como suena mi apellido saliendo de sus labios – Virgen Santa, no me acostumbraré a su coqueteo disimulado. Aunque no tan disimulado. - Creo que es falta de confianza, pero por ser un día fuera de lo laboral me esforzaré en llamarlo como gusta … Ethan – noté como apretó el volante y tragó saliva. Sonreí en mi interior mientras terminaba mi café ¿a qué mujer no le gusta tener a un hombre de tal talente a sus pies? Tengo claro que no me voy a meter con él pero no hay nada de malo con jugar con poco. - Hemos llegado – aparcó y nos apresuramos en salir. Ahora me arrepiento de no haberle especificado la cantidad de dinero que tenía para el auto, al Señor trajes oscuros se le dio por traerme a nada más y nada menos que el concesionario de Mercedes Benz. - Mierda – exclamé sin atreverme a dar un paso. - ¿Pasa algo? – Ethan llegó a mi lado con un rostro de duda. ¿Y ahora como le decía que no tenía dinero para un Mercedes? Qué vergüenza. - Bueno … es que – levanté mi mirada hacia el logo que resaltaba de la lujosa marca – me voy a comprar un auto pero no tan caro – Ethan volvió a reír llevando sus manos a su chaqueta. - Te dije que soy socio del lugar, además no pensaba dejarla pagar. - ¿Cómo se le ocurre? Claro que pagaré. - Esta bien – alzó sus manos en son de paz – yo solo ayudaré un poco, vamos – y sin más dio la vuelta camino a la entrada. Miles de carros de la marca he incluso de otras se encontraban en el lugar, no pude evitar acercarme a una llamativa camioneta roja que resaltaba entre todas mientras Ethan hablaba con el que supongo es el encargado, estudié cada detalle del auto y simplemente me encantaba, ahora estaba la cuestión del precio. - Artemisa – giré en mis talones mientras Ethan se acercaba con el encargado – él es agente de autos que nos ayudará el día de hoy – sonreí y procedí a presentarme aunque no presté atención en su nombre, su calva ocupaba la atención de mis pensamientos - ¿te gustó este? – señaló el carro a nuestras espaldas. - Si, si se ve así por fuera no quiero imaginar su motor – Ethan procedió sin permiso a abrir la capó y silbó al hacerlo. - Tienes buen ojo para esto – sonreí – nos lo llevamos – mi risa se esfumó. - ¡Esperen! – levanté mis manos deteniendo la conversación - ¿Cuál es su precio? – le pregunté al calvito el cual sonrío. - Solo cuesta $13000 USD – arrugué mi entrecejo. - ¿De verdad? - Así es ¿desea llevarlo? – asentí. No podía creerlo, y mientras el calvito se fue a hacer quien sabe qué un foco se me iluminó. - ¿Qué modelo es? – le pregunté a Ethan el cual estaba bien recostado sobre el capo y sus brazos cruzados haciendo que sus músculos se tensaran. - Un GLE 450 – noté como su malicia creció. - Aja ¿de qué año? - Del próximo – negué. Es impresionante como al fin y al cabo siempre se sale con la suya y se incrusta en mi mente hasta el punto de hacerme tener sueños candentes.
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