Capítulo 4. Violación

1627 Words
—Gracias por acompañarme— bese la mejilla de mi amiga cuando llegamos a la colonia. — Sabes que estoy para ti always — reí y volví a abrazarla en forma de despido, subí a mi casa y al entrar a mi habitación me dio un dolor de cabeza de sólo ver el tiradero que había. Prendí el radio de la sala a todo volumen y limpié toda la casa, soy muy ordenada y me gusta siempre ver la casa reluciente. Un poco cansada me tiré en la cama de mi habitación, miré la hora en el reloj y marcaba las 6:40 de la tarde. Revisé mi teléfono con esperanza de que encendiera, pero no tuve éxito, extraño a mi hermano. — Abby— me senté en la cama al escuchar mi nombre —¿Qué diablos te hiciste? — preguntó un Carlos enojado por mi corte de pelo. — Cambio de look— dije sin importancia. — ¿A caso te volviste loca? — dijo acercándose lo suficiente a mí para tomarme del brazo y hacerme parar a la fuerza — ¿Por qué diablos hiciste eso? — preguntó tambaleándome, su expresión era de enojo y su tono de voz era áspero. — Es mi problema— dije zafándome de su agarre. — ¿Es tu problema? Maldita sea— estaba más que cabreado, tanto que hasta me estaba asustando su enojo. Maldijo unas 3 veces dando pasos cortos en forma de círculo y salió de la habitación. Suspiré aliviada y aproveché para encerrarme en el baño y darme una ducha. El agua caliente caía por mi cuerpo relajando mis músculos, duré unos minutos ahí debajo del agua. De pronto recordé la persona que estaba en mi casa y salí rápidamente del baño. Me cambié por una ropa cómoda de dormir, y salí de mi habitación encontrándome con Carlos justo saliendo de la habitación en donde estaba durmiendo, miró mi facha de arriba abajo y él estaba muy bien cambiado; Un pantalón jogger, tenis Jordán y un suéter que combinaba perfecto con su estilo. Seguí mi camino con el detrás y me tumbé en el mueble a ver una película o serie en Netflix. — Ve a cambiarte no pienso dejarte sola después de lo que hiciste— dijo parado a mi lado. — No pienso ir contigo a ningún lado— hablé sin mirarle. — No te estoy dando opciones Abigail, para ese puto t*****o del sofá y vete a cambiar. No me hagas perder la paciencia — lo mire furiosa, quería tener control de mí y lo estaba consiguiendo, me odiaba por ser tan débil. Me puse de pie y fui hasta mi habitación a cambiarme de ropa, no sabía a donde íbamos, pero a juzgar por su ropa sport deduzco que no será muy lejos. Opte por ponerme un vestido corto color n***o que se ajustaba perfectamente a mi cuerpo, unos tenis blancos y un camisón por encima del vestido, me puse algo de maquillaje que he consistía en polvo y pinta labios, arregle un poco mi cabello y listo. — Mucho mejor— no hizo caso a su comentario y tome las llaves de mi casa. — Abigail, tu hermano te ha estado llamando ¿Por qué no cogiste la llamada?, quieres dejar de comportarte como una niñata— dijo el rompiendo el silencio en el coche, llevábamos unos 8 minutos en la carretera. — Mi teléfono se rompió en mil pedazos— no dijo nada solo se concentró en la carretera. — Quiero Que me digas la corriente en todo momento ¿De acuerdo? — llegamos a un local que parecía un almacén, había hombres armados y mi corazón se aceleró. —¿Dónde estamos? — pregunté asustada. — Tú sólo te mantienes detrás de mí siguiéndome la corriente— asentí no muy segura. Nos estacionamos y uno de los hombres rápidamente se acercó a mí. Carlos entrelazó nuestras manos y el hombre nos seguía todo el camino dentro del local, abrió una puerta y había un largo pasillo, pude deducir que era un bar por la fuerte música que se escuchaba cada paso que dábamos hacia dentro. Bajamos unos escalones y había pocas personas en el local. Había muchas mujeres desnudas, semi desnudas y otras con piezas que apenas cubren sus partes íntimas. — Llegó el jefe de los jefes — un hombre que estaba rodeado de 3 mujeres se puso de pie cuando nos acercamos a unas de las tantas mesas y saludó muy amablemente a Carlos. Seguimos caminando y llegamos a una oficina en donde al parecer había una reunión. — Carlos, no te esperaba con visita— un hombre mayor de unos 65 años se puso de pie, me estrechó su mano derecha y la acepté. — Ella es mi novia— el hombre abrió los ojos sorprendiendo. — Pero lo hubieras dicho antes hijo, bienvenida a la familia Abby— ahora la que estaba sorprendida era yo ¿cómo sabía mi nombre? Y que es eso de hijo? Había escuchado que Carlos era huérfano de padre. —¡Muchas gracias! — le dedique una sonrisa. Carlos me condujo hasta una silla y me senté a su lado, en la mesa había un total de 4 hombres incluyendo al hombre mayor y me observaban de forma rara. — Bien ya estamos todos, la joven aquí es de la familia así que podemos hablar en confianza. La producción de la semana ha sido un éxito, tenemos otra entrega para semana entrante y duplica la cantidad— dijo el hombre mayor. — Tuvimos un problema en el barrio con la policía— dijo uno de los hombres. — De eso le encargo yo— habló Carlos. — Tengo unos contactos para choferes para la entrega que se ejecutará en la semana próxima, son de confianza y saben a lo que van— dijo otro. —¿Qué pasará con el soplón? — Preguntó el último. — Háganlo hablar, y después lo matan— mi corazón se detuvo al escuchar dichas palabras por el hombre que antes me parecía amable, me acomodé en la silla disimulando lo nerviosa, incómoda y asustada que estaba. —Todo estará listo, necesito que todos cumplan con su papel no puede a ver el más mínimo error, quien cometa uno sabe que terminará con una bala en la cabeza... si no hay más nada que hablar se pueden retirar— todos obedecieron la orden de Carlos y se marcharon quedando solo el hombre mayor, Carlos y yo. — Entonces Abby cuéntame de ti, ¿cómo te trata mi hijo? — pensé muy detalladamente lo que iba a responder. — Muy Bien señor, es un caballero— sonreí. — Bueno excelente! A por cierto cariño llámame David, eres de la familia nada de decirme señor. ¿Y cómo has llevado todo lo que ha pasado con tu hermano? Debe ser duro para ti... — Padre— Carlos interrumpió a su dichoso padre. —¿Conoce a Daniel? ¿Qué le pasó a mi hermano? — pregunté rápidamente. — No sabía que no sabía —. Hablo David sin importancia. — Es hora de irnos— Carlos se puso de pie y yo también lo hice. — Quiero respuestas, ¿Qué le pasó a mi hermano? — grité mirando a ambos. El viejo rabo verde alzó una ceja y su hijo me tomó del brazo para sacarme del lugar. Me zafé de su agarre y volví a preguntar. — ¿Dónde está mi hermano? RESPONDAN CARAJO— las lágrimas amenazaban con salir, pero debía ser fuerte si necesitaba respuestas. — Deberías de educar a tu mujer— ese comentario machista del viejo me subió el coraje. — A mí nadie me tiene que educar m*****o viejo— caí al suelo por la cachetada que Carlos me proporcionó en mi cara, mi mejilla picaba del dolor y esta vez no pude contener las lágrimas, él me tomó de los hombros y me puso de pie. Con lágrimas en los ojos lo miré sorprendida por su golpe, nadie nunca me había golpeado y viene él y lo hace como si nada. Salí casi corriendo de ahí, llegué entre la m******d de personas y no sabía por dónde estaba la puerta de salida, angustiada buscaba con la mirada alguna salida, pero no encontraba nada. Me tomaron del brazo y mire al hombre que acababa de golpearme, me sacó del local y me empujó dentro del coche. — Que m****a te pasa? — preguntó enojado luego de subir al coche. Baje la mirada y lloraba en silencio. — Llévame a casa— pedí en un susurro. Lo único que quiero es estar en mi casa, es hablar con Daniel y saber que está bien. — Daniel está bien, estará ausente unos días, mañana lo llamaré para que hables con él — no dije nada. Íbamos de vuelta a la colonia o eso pensaba yo, Carlos dobló en una esquina lejos de casa, quería preguntarle a donde íbamos, pero no me atrevía, iba observando todo el camino detalladamente y nos detuvimos en una casa. Carlos se estacionó y ambos salimos del coche, entramos a la casa, la cuál era sencilla pero acogedora estaba muy ordenada y la decoración era hermosa. — Era de mi madre— dijo acariciando mi cara golpeada, me sentí más que incómoda y giré mi cara hacia otro lado. Volvió a sostener mi cara, pero esta vez con ambas manos, se acercó a mí y besó mis labios, no quería ni podía besarlo me daba asco su toque, alejé de mí y se enojó, volvió a pegarme esta vez la otra mejilla. Me tomo del brazo y me llevo a una de las habitaciones tumbándome en la cama.
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