Quería espiarlo, pero no quería meterme en problemas con él, entre más lejos mejor es para mí. Seguí comiendo mi chatarra y viendo la película. Quería ver otra película, pero varios bostezos me indicaron que debía dormir, vi la hora y marcaba las
2 de la mañana. Por suerte Carlos no volvió a la sala Al parecer esa llamada era súper importante.
Lavé mis dientes y me acosté no sin antes cerrar la puerta con seguro. Me acomodé en mi posición favorita para dormir, boca abajo. Estaba a punto de dormir cuando de repente sentí como mi cama se hundía me giré y ahí estaba él al lado mío.
—¿Qué haces, ¿cómo entraste? — la puerta estaba con seguro pensé y rápidamente me puse de pie.
— Tengo mis trucos— dijo acomodándose en la cama.
— Claro! Se me olvidaba que eres un ratero pandillero — se rio de mi mirando al techo.
— Ven acuéstate, quiero dormir— dijo y reí incrédula.
— Sin duda eres un psicópata, Carlos sal de mi habitación por favor — no dijo nada se quedó ahí sin hacer ningún movimiento —Carlos vete de mi habitación — volví a insistir y hablé alzando la voz.
— Deja tus rabietas y ven— dijo esta vez dando golpecitos en la cama indicando que me acueste a su lado.
Quería gritarle, ya me estaba enfureciendo sentía mi corazón acelerado y quería llorar del coraje. Suspiré un par de veces, cogí un abrigo que estaba colgado en el perchero y salí de mi habitación con intención de irme al apartamento de Rous. Tomé las llaves y cuando estaba a punto de abrir la puerta Carlos me tomo del antebrazo girando mi cuerpo y golpeándome en la puerta principal acorralándome.
—Suéltame — le grité.
—¿A dónde crees que vas? — preguntó.
—Lejos de ti— Carlos me intimidaba, estaba semi d*****o y podía ver su pecho fornido con varios tatuajes en este. Estaba muy cerca de mí y por mi estatura sus brazos quedaban al lado de mi cabeza.
— Veo que contigo las cosas funcionan a la fuerza— me tomo del antebrazo con fuerza y me jalo llevándome a mi habitación, me hizo quitar el abrigo que tenía medio puesto y me tiro a la cama y ahí fue cuando reaccioné. Iba a gritar, pero él me detuvo tapando mi boca, me hizo seña con su mano libre que hiciera silencio y poco a poco fue quitando su mano de mi cara. Se acomodó a mi lado y me abrazó, sentía como mi corazón iba a estallar por los nervios y lo incomoda que me sentía. Carlos tenía su mano derecha en mi abdomen y hacía dibujos artificiales sobre este. Poco a poco entre lo asustada que estaba el sueño pudo más conmigo y me quede dormida.
— Despierta— oí a lo lejos — Despierta Abby vamos arriba — sentía una mano suave en mi cabello quería seguir durmiendo pensaba que era un sueño así que, me acomodé aún más debajo de las sábanas y sobre el cuerpo caliente que yacía debajo de mí. Abrí los ojos como platos al recordar la persona que estaba durmiendo en mi cama y me senté como rayo en la cama.
— Al fin— dijo con una estúpida sonrisa en su rostro.
—¿Qué quieres? ¿Por qué me despiertas? No ves que es sábado y es mi día de descanso. — dije furiosa mirándole.
— No me importa. Quiero desayuno así que levántate como una buena niña y hazme de comer— lo miré alzando una ceja.
— ¿Por qué no vas con tu madre y le dices a ella que te haga de comer? Estúpido— hablé.
— Por qué mi madre está muerta.
—Oh yo... lo siento... no quería — no sabía ni cómo disculparme.
— Sólo ve a la cocina— demandó y no tuve otra opción. Con pereza me puse de pie hasta el baño a hacer mis necesidades, lavé mi cara y dientes y fui a hacerle de comer al ogro que está en mi cama. Hice pan tostados con huevo revuelto, panqueques rellenos de chocolate y estaba sacando el jugo de la nevera, al girarme me llevé un susto de m****a.
— Te vez sexy cocinando — dijo muy cerca de mí. Me tenía acorralada, mi espalda estaba pegada de la puerta del electrodoméstico.
— Quieres quitarte? — pregunté.
—Sí, pero antes— me tomó del mentón y me besó, con mi mano libre intentaba quitarlo de mi paso, me estaba besando muy rápido con mucha presión, ni siquiera podía respirar, el jugo que tenía en mi mano derecha lo tuve que soltar para intentar con ambas manos separarlo de mi cuerpo, mis ojos picaban por las lágrimas que amenazaban con salir.
— Para— logré decir y él se separó de mí, llevé una mano al pecho y trataba de respirar con regularidad.
— Debí hacerte mía anoche— dijo y rápidamente lo miré —Pero, no era el momento Abby, no sabes lo mucho que tuve que contenerme cuando te estaba tocando mientras dormías. ¿Sabías que tienes el sueño muy pesado? — dijo esto último riéndose.
— Eres un enfermo — dije con lágrimas en los ojos.
—Me encantó tocarte por encima y por debajo de tu ropa interior— lo miraba horrorizada—Sabes hasta creo que te gusto porque después de un rato empezaste a mojar y no sabes el puto d***o que tenía te meterte mi m*****o.
— Eres un desgraciado— me abalancé sobre el para golpearlo, pero fue un error. Carlos volvió a pegarme del refrigerador sosteniendo mis manos.
— Agradece que no me aproveche de ti. Ahora vamos a desayunar — dijo el muy desgraciado soltándome y haciéndome seña que me sentara en el comedor.
— Púdrete — solo logré en dar dos pasos, me sostuvo del pelo y me hizo sentar a su lado.
— Tendré que domarte un poco— me dijo aun con mi cabello entre sus manos.
— Basta— mi voz a penas salía entendible y me soltó. Pegó mi silla aún más a su lado y puso su mano izquierda en mi muslo derecho, me hizo seña para que comiera, pero, no quería comer, lo único que quería era irme y estar lejos de él. Tampoco quería enojarlo, así que, sorbí mi nariz limpie las lágrimas y con la mano temblorosa tome el tenedor.
— Ahora si nos estamos entendiendo — otra vez las lágrimas se hicieron presente, no entendía por qué el hacía esto, se estaba apoderando de mí y sentía que tenía que pararlo, pero no sabía cómo, le tenía miedo Carlos es un hombre muy peligroso, los rumores por el barrio no han sido solo uno, se rumorea que hasta ha matado a personas bajo el mando de su patrón. ¿Y si es cierto? ¿Y si digo algo y mata a mi hermano o me mata a mí? Yo no quiero morir.
— Me tengo que ir cielo — salí de mis pensamientos al escuchar esas palabras. Por fin. —Volveré más tarde, Daniel no vendrá hoy, así que, estaré aquí en la noche para cuidar de ti, mucho cuidado Abby con lo que hagas o digas porque no quieres conocerme. — se puso de pie y dejó un beso en mi cabello y se fue.
— Dios mío — pensé en voz alta, ¿En qué estoy metida? Me puse de pie en busca de mi teléfono para llamar a mi hermano y tenía dos mensajes de él.
Mensaje: Daniel♥️
Abby espero que todo esté bien, tendré que quedarme hoy también así que nos veremos mañana. Es trabajo y tengo que cumplir. Te llamaré más tarde. T amo ??
— m****a, m****a m****a— avente el puto celular del coraje y luego luego me arrepentí, la pantalla del celular se había destrozado y maldecí unas mil veces.
Tiré todas mis cosas al suelo del coraje que sentía, entre todas mis cosas vi una tijera y las tomé en mis manos. Sin pensarlo fui hasta el tocador y tomé mi cabello hice una cola baja y lo corté por encima del hombro, un largo pedazo quedó entre mis manos y las lágrimas no dejaban de salir de mis ojos. Mi hermosa cabellera estaba súper corta, pero prefiero eso a que Carlos vuelva a sostenerme como lo hace de mi cabello.
El timbre de la casa sonó, lavé mi cara y fui hasta la puerta para abrirla.
—Wow! ¿Qué es esto? — Rous me miraba sorprendida.
— No digas nada. Ni preguntes— dije sin importancia.
— ¿Qué hiciste? Ósea tú cabello ¿Por qué? — eran muchas preguntas que no sabía cómo responderlas.
— Rous por favor, no quiero dar explicaciones ahora sólo acompáñame para donar mi cabello— asintió confundida, fui por mi cabello al cual le hice una trenza con ayuda de mi amiga y me di un baño de cuerpo completo.
Íbamos saliendo del centro donde se dona el cabello y pasando por un salón de belleza me dio la gran idea de entrar para que terminaran de arreglar el corte ya que no estaba prolijo.
— Quiero mechas rubias— pedí.
— Muy bien— Rous me veía confundida por mi cambio repentino de look, nunca me había cortado de tal manera mi cabello ni nunca había procesado con cosas químicas el mismo.
— Wow, hasta a mí me dieron ganas de cambiar mi look— me veía en el espejo y realmente estaba muy bien, la salonista hizo unas ondas naturales y se resaltaban las mechas rubias. Me veía muy hermosa la verdad.
Pagué y salimos de vuelta a casa. Íbamos todo el camino hablando de cosas triviales, la verdad es que la compañía de mi amiga me hace muy bien, en el tiempo que llevo con ella se me olvida los malos ratos que paso con Carlos.