Las dos niñas crecieron a la par, viviendo dos vidas completamente diferentes. Mientras que Lina fue criada por su abuela, con las carencias económicas que el sustento del retiro de una anciana, y las remeses de un padre ausente le proporcionaban, su hermana, a quien sus padres adoptivos llamaron Emma, creció llena de lujos y amor.
Los Collins, apellido de los padres de Emma, eran conocidos en la ciudad por la ferocidad con la que hacían negocios, y por el inmenso amor que sentían por su hija. Habían preparado a Emma en todos los sentidos y aspectos relevantes de la vida burguesa, ballet, artes, defensa personal y ciencias. La chica, de apenas 13 años indudablemente lo tenía todo.
Por otro lado, su hermana, creció escuchando las historias sobre el gran amor que sentían sus padres de boca de su abuela. Ignorando que tenía una hermana perdida por el mundo, y deseando, en secreto, que su padre apareciera un día de repente, y la abrazara.
Pero, el mundo es pequeño, y por más que los padres de Emma intentaron separarla de su pasado, y ocultar su verdadera identidad, el destino es caprichoso, y, con solo 13 años las chicas se encontraron por casualidad, en una excursión a las cuevas de Redwood organizada por todas las escuelas del condado, para celebrar el cuatro de julio.
Al ver a Lina, Emma quedo completamente descolocada. Sus padres siempre le decían que ella era única, y especial, por lo que no entendía como podría existir una persona que se pareciese tanto a ella.
Después de pensarlo por un rato, decidió dar el primer paso, y acercarse a la chica, que tanta curiosidad despertaba en ella.
–¡Hola! – exclamó tímidamente.
–¡Hola! – respondió Lina sorprendida al ver a la chica que tanto se parecía a ella.
–Disculpa que te moleste. – dijo rápidamente Emma, tras darse cuenta de que no había planeado su conversación más allá del saludo.
–No es molestia. – respondió Lina sonriendo.
–Es solo que, te vi de lejos y no pude evitar acercarme a hablarte. – continuó Emma. – ¡Es que nos parecemos tanto!
–¡Lo sé! – exclamó Lina. – Es sorprendente, cuanto nos parecemos.
–¿De dónde eres? – preguntó Emma intrigada.
–Vivo en Dale, con mi abuela, ¿y tú? – dijo Lina.
–Yo vivo aquí, en Redwood, con mis padres. – contestó Emma. – Es una pena que vivamos tan lejos, me gustaría volver a verte, no todos los días encuentras a alguien que luce exactamente como tú.
–Es cierto. – respondió Lina. – Es como si fuésemos hermanas gemelas.
–Seria grandioso. – dijo Emma riendo. – Siempre estoy sola, encerrada en casa sin nadie con quien jugar.
–A mí me pasa algo parecido. – agregó Lina. – La abuela vive pendiente a mí. No me deja salir a jugar a la calle, y siempre me está vigilando, como si tuviese miedo a perderme.
–Definitivamente una hermana resolvería todos nuestros problemas. – dijo Emma riendo.
Justo en ese momento, la maestra de Emma, que se había vuelto loca buscándola, encontró a la chica, y la tomó del brazo, sin darle chance a despedirse de su nueva amiga.
Al volver a casa, Emma les contó a sus padres sobre su particular encuentro, pero no recibió ninguna sorpresa por su parte, ya que ambos sabían de lo que se trataban.
–No deberías hablar con extraños. – le dijo su madre.
–No es una extraña si luce exactamente como yo, mama. – respondió Emma.
Su madre decidió no responderle para no darle mayor importancia al acontecimiento, ya que creía muy poco probable que se volviesen a encontrar.
Mientras tanto, al llegar a Dale, Lina corrió a contarle a su abuela lo que había pasado. Al escucharla la señora Smith la tomó por el brazo, y le exigió que le contara más sobre la niña. Lina se puso nerviosa, ya que nunca había visto a su abuela en ese estado de desesperación, y le dijo con voz temblorosa el nombre de su nueva amiga.
–¿Dónde vive? – preguntó la abuela.
–En Redwood. – respondió ella.
–¿En qué parte? – insistió la señora Smith.
–No lo sé. Su maestra apareció de la nada y se la llevó en medio de nuestra conversación. – exclamó Lina sintiéndose incómoda tras la reacción de su abuela, y luego le preguntó:
–¿Por qué pones tanto empeño en saber sobre esa chica?
–Me causa curiosidad, solo eso. – respondió después de una pequeña pausa, pues no quería alarmar a su nieta con la existencia de una hermana, que quizás no volvería a ver jamás.
Después de este encuentro, la señora Smith decidió vender su casa y mudarse a un apartamento en la ciudad de Redwood, con la esperanza de algún día cruzarse con su bisnieta en la calle. Su nuevo hogar estaba solo a unas calles del apartamento de Edward, pero, aun así, el cobarde joven, ahora convertido en todo un hombre, continuó manteniendo las distancias y el muro que había creado con su hija.
Por su parte, Lina, se había convertido en una hermosa e inteligente joven. Era de las primeras de su clase, y sus profesores le auguraban un gran futuro. Cada día al volver de la escuela, pasaba cerca del apartamento de su padre, y permanecía de pie frente a la entrada por unas horas. Tenía la intención de acercarse a él, y confrontarlo. Decirle que no lo culpaba por la muerte de su madre, y que lo amaba y lo necesitaba en su vida; pero nunca lo hacía, era tan cobarde como él.
Regresaba cada día a su casa con la decepción de no lograr su objetivo, y la esperanza de reunir el coraje que necesitaba durante la noche.
Por su parte, tras el encuentro de las niñas, los Collins decidieron mandar a Emma a estudiar al extranjero. La chica estudio en un colegio privado en Inglaterra hasta los 18 años, y luego matriculó en la universidad de Cambridge. Allí estudió negocios y tras graduarse regresó a su hogar. Pero ni la distancia ni su nueva vida, lograron que olvidara aquel encuentro con quien, sin saberlo, era una parte de sí.